Las Pruebas del Tarot Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

Hago que nos envuelvan las sombras, que esta vez responden a mi orden al instante.

Me cubren el vestido, ahogando el leve resplandor de la tela, y bañan la plata de la falsa armadura de Vesper en una perfecta oscuridad.

Ni siquiera yo lo veo del todo, y eso que estamos tan cerca que respiramos el mismo aire.

Al parecer, la Muerte estaba en lo cierto: cuanto más profundas sean las sombras, más invisible seré, y también Vesper por extensión.

—Shhhh —le pongo una mano en la boca y lo aplasto contra la pared, esforzándome por que se nos confunda con la nada. El Loco está cerquísima . No nos queda tiempo…

Lo que gira el recodo y entra en el pasadizo parece provenir de una pesadilla.

Mouse dijo que el último Loco era capaz de transmutar partes de su cuerpo, pero solo mencionó las garras.

Este Loco ha transformado su cabeza entera en una combinación de humano y…

algo más. Un largo hocico ha reemplazado su nariz y boca, por entre sus feroces morros asoman colmillos y olfatea el aire en busca de mi rastro.

Y lo que es peor es que, al hablar, suena como siempre:

—Sal de donde estés, Luna. Te haré el favor de acabar contigo enseguida.

El miedo me recorre la columna vertebral.

Mi sombras han de aguantar, tienen que hacerlo.

Me muerdo el labio inferior con tanta fuerza que saboreo un líquido cobrizo.

No tengo tiem po para prepararme, para pensar en un plan, para descubrir cómo tender una emboscada en un espacio tan reducido.

Ahora veo sus garras, casi tan largas como las dagas del Sol. Si el Loco nos encuentra, nos matará.

Aminora el paso al aproximarse a nuestro escondite.

Noto cómo le sube y baja el pecho a Vesper, presa del pánico, igual que el mío.

De todos modos, conseguimos contener la respiración, o quizá mis sombras impidan oír además de ver.

Si se tratara de cualquier otro campeón, no nos encontraría, pero está claro que el Loco me localiza por el olor.

Ahora está tan cerca que podría tocarlo si alargara una mano, si estuviese dispuesta a perderla. Mueve la cabeza adelante y atrás mientras olfatea.

Se oye un estruendo, que percibo en las suelas de las botas y en la mano que tengo apoyada sobre la pared del pasadizo cerca de la cabeza de Vesper, y cae polvo del techo, enrareciendo el aire. ¿Qué sucede?

El Loco se encoge , literalmente, y estornuda.

Otro estruendo, este mucho más fuerte, y más nubes de polvo.

El pasadizo parece estar a punto de derrumbarse sobre todos nosotros, pero sigo sin moverme.

Vesper aguanta la respiración y yo hago lo mismo.

No pienso bajar ahora mis sombras, independientemente de la dirección de la que provenga el peligro.

Si el pasadizo se viene abajo, tendremos una oportunidad de sobrevivir, pero si el Loco nos atrapa, nos enfrentamos a una muerte segura .

Es una elección sencilla, aunque mi cerebro zumbe de terror .

—Quizá la próxima vez —gruñe él. Se gira hacia el pasadizo por el que ha venido y echa a correr , desapareciendo a los pocos segundos.

Un tercer estruendo me obliga a cerrar los ojos y enterrar el rostro en la garganta de Vesper en un intento de reprimir la tos .

Creo que el Loco ha huido de verdad, pero no pienso darle ningún motivo para regresar aquí.

El techo se va a derrumbar en cualquier instante.

Quizá la suerte de Vesper nos salve, pero estoy segura de que sus poderes tienen un límite.

Si comprendiese cómo conseguí viajar por las sombras anoche…

En cualquier caso, no hay más temblores.

La tierra se mantiene estable bajo nuestros pies y el polvo acaba por aposentarse, aunque mi corazón no se calma.

No estoy segura de cuánto tiempo pasa hasta que me atrevo a alzar la ca beza.

—¿Qué ha sido eso?

—Creo que ha sido la Torre. —El tono susurrante de Vesper es idéntico al mío—. Quizá esté buscando al Loco junto con la Muerte.

Lo que es seguro es que no nos busca a Vesper y a mí; de lo contrario, la destrucción no habría cesado.

Carraspeo e intento dominar mi miedo. Apenas he asimilado la noticia de que tal vez la Muerte lamente haber matado a mi madre hasta el punto de detener su mano antes de acabar conmigo, y la de la Torre por extensión.

Me resulta del todo increíble que le esté dando caza al Loco para salvarme a mí.

—La Muerte se está comportando de un modo extraño.

Ayer interrumpió a la Torre antes de que me asesinase, justo al alba.

Probablemente solo significa que no quería que eliminasen a su nuevo aliado, pero…

—Pero sabe quién soy en realidad. No puedo contárselo a Vesper.

Aunque piense que ahora tenemos una alianza, no sé cómo reaccionará al saber que la última campeona de la Luna era mi madre.

Quizá le dé igual, pero no estoy dispuesta a descubrirlo.

—Sea como sea, nos hemos salvado de morir .

La tensión abandona su cuerpo. Me agarra de las caderas, casi como si estuviésemos bailando, excepto que no he estado tan cerca de ninguna de mis parejas de baile como de Vesper ahora mismo.

Es en este instante cuando me doy cuenta de que tenemos el cuerpo pegado el uno al otro, del pecho a las rodillas.

Vesper esboza una suave sonrisa y su expresión adopta una intensidad que no sabría definir. Trago saliva.

—¿Vesper?

—Muy buen truco ese de las sombras. —También habla entre susurros. Sus palabras son más la sugerencia de un sonido que un sonido en sí—. Nos será muy útil para seguir adelante.

—Quedan horas para el alba. —No veo el cielo, pero soy dolorosamente consciente de cómo avanzan los segundos a medida que la Luna lo atraviesa—. Y, después de lo que acaba de pasar, no quiero quedarme en estos pasadizos.

—Kestrel, presta atención. —Vesper se apoya en la pared con aire completamente relajado y gira la cabeza de un modo que empiezo a reconocer. ¿Está… flirteando conmigo ?—. Estoy elogiando tus sombras.

Frunzo el ceño.

—El Loco acaba de intentar matarnos.

—Y, si sobrevive a esta noche, lo volverá a intentar, pero no lo conseguirá. —Se inclina y su nariz está a punto de rozar la mía—. Mientras no me sueltes la mano, no podrá tocarte. No se lo permitiré.

Desde luego, está flirteando. En otro momento, en otro lugar, le seguiría la corriente enseguida.

Vesper tiene el atractivo de un objeto precioso, algo que robar, algo que meterme en el bolsillo y llevarme a casa escondido para maravillarme ante su belleza toda la noche.

Sin embargo, no se trata solo de su aspecto; las cosas serían más sencillas si se redujesen a lo físico.

Todo lo que hay en la colina es de una hermosura tan innaccesible como la suya.

Rechazar a Vesper debería resultarme tan sencillo como rechazar su lugar de origen.

—Esta vez no ha sido tu suerte lo que nos ha salvado. Ha sido la Torre. —Inexplicablemente.

—Los caminos de la Rueda son misteriosos.

Pongo los ojos en blanco y me echo hacia atrás.

—Eres Espada. Ni siquiera crees en la Rueda de la Fortuna.

—He entrado en las Pruebas del Tarot. Por supuesto que creo.

Vesper empieza a revelarse como un enigma de lo más interesante.

Es noble de la Corte Menor, ha nacido entre Espadas y ha llegado a ser paje a una edad bastante temprana.

Y, lo que es más, conoce el Distrito de Copas lo bastante bien como para saber dónde están los pasadizos de los sirvientes.

También parece respetar a los dioses antiguos, lo cual no es nada común en la Corte Menor.

Pero da igual. Aunque yo sea lo bastante imprudente y esté lo bastante desesperada como para intentar establecer una alianza con Vesper, no soy ninguna necia: no quiero verme atrapada en nada más complicado. Me juego demasiado. El precio es demasiado alto.

—Qué oportuno.

—Nadie puede negar que existen los dioses antiguos, es algo profundamente arraigado en los cimientos de Caelria. Se ve en nuestro calendario, en el hecho de que las Pruebas les proporcionen a los dioses voz en el Concilium, en la magia en sí misma.

—Suena muy bonito, pero tú y yo sabemos que la Corte Menor no aprecia en absoluto a los dioses menores. No son vuestros dioses.

Vesper se encoge de hombros.

—Eso son diferencias políticas y religiosas. Siempre hay tensión entre los dos grupos de adoradores.

«Tensión», supongo que podría denominarse así. Eso no cambia la decepción que supone esta respuesta.

—Si los dioses siguen presentes y usan a la Cinque para tener voz, están haciendo un trabajo de mierda a la hora de cuidar del resto de la población.

—Cuando ganemos, les daremos mejor voz.

Así, sin más.

—Eres Espada.

—Sí, lo cual significa que me han preparado para pensar.

Jamás me he encontrado con un misterio que no quisiera explorar, y los dioses antiguos suponen el mayor de todos.

A mi corte no le gusta ahondar mucho en su culto, pero hay cierta información que podría ayudar a toda la ciudad, no me cabe duda.

—Yo empiezo a apartarme, pero Vesper me agarra de la mano y entrelaza los dedos con los míos—. Recuerda, Kestrel, no me sueltes.

Aunque siento un latido extraño en el corazón , decido ignorarlo. Vesper suena casi tan idealista como Mara me acusa de ser a mí. No estoy segura de si ese fervor en su tono proviene del misterio o de la posibilidad de ayudar a otros, pero apostaría a que se trata de lo primero.

—Sigamos.

—Muy bien. —Salimos del recoveco y seguimos la misma dirección en la que íbamos antes de que el Loco nos obligase a escondernos.

Tras unos cuantos recodos más y un incómodo ascenso por una corta escalera de mano —durante el cual me veo obligada a agarrarle el tobillo a Vesper—, salimos al exterior en plena noche.