Las Pruebas del Tarot Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

La brecha entre lo que Mouse me enseñó y la realidad de lo que me estoy encontrando no deja de crecer cada segundo que pasa.

Ojalá pudiera hablar con él, desarrollar una estrategia teniendo en cuenta la magia y la información actualizada que ahora poseo.

Quiero presionarlo, cosa que nunca me he atrevido a hacer.

¿Sabía Mouse que la Muerte provenía de los Sedimentos?

Mi madre seguro que sí. Yo pensaba que Mouse estaba al tanto de todo lo que sabía ella, pero si no estaba al corriente de la procedencia de la Muerte…

¿Por qué iba mi madre a ocultarle algo así?

—Qué cautelosa. —La Muerte esboza lo que parece ser una sonrisa auténtica—.

Muy lista por tu parte . Espero que te vaya mejor que a ella.

—Me suelta y me hace girar, alejándome de él.

No me doy cuenta de que es parte del baile hasta que choco con un ancho pecho que no me resultaría familiar…

de no haberlo contemplado esta mañana, cuando despertaba el alba, salvándome de la Muerte. Aparto a la Torre de un empujón.

—Aléjate de mí.

Él me agarra sin problema , sujetándome por los codos para que no me zafe.

— Estás montando una escena.

Desde el momento en el que me convertí en la Luna, me he visto arrastrada de un lado a otro, pasando de mano en mano.

Estoy harta, joder. Cada vez que pienso que he encontrado un terreno estable, este se desmorona bajo mis pies.

La Muerte sabe que mi madre fue la última Luna.

Si él ha identificado nuestro parentesco, hay muchas posibilidades de que la Estrella y el Carro también lo hayan hecho.

Bien podría ser que los miembros que quedan de la Cinque intenten matarme esta noche.

Si algo así sucede, no sé cómo voy a sobrevivir. Las probabilidades son muy bajas.

Y ahora la Torre me está tocando, confundiéndome aún más.

—Yo lo que quiero es matarte —murmuro—, no bailar contigo.

Esboza otra vez esa condenada media sonrisa. Noto un nudo en el estómago a mi pesar. Da un paso a un lado, arrastrándome consigo, de modo que volvemos a entrar en la pista de baile.

—Tú no puedes matarme, Luna.

—Aún no —digo entre dientes—, pero la noche está al caer.

—Hasta entonces bailaremos, tal y como se espera de nosotros. —Baila bien, pero no tanto como la Muerte. Aun así, la Torre claramente tiene más experiencia que yo. Le piso el pie un par de veces por accidente. La tercera vez lo hago a propósito.

—Ay —dice en tono suave—. Pensaba que se te daba mejor bailar. A la Muerte no le has dado ningún pisotón.

—Ese hijo de puta . —S é que no debo permitir que me domine mi genio, pero he de esforzarme para no estirar el cuello y seguir con la mirada a la Muerte como un perro al percibir el olor de una presa.

Aunque no es ninguna presa, ese es el problema.

Si ni siquiera puedo vencer a la Torre, ¿cómo voy a matar a la Muerte?

—. No entiendo por qué quieres aliarte con él. Es horrible.

—Es uno de los campeones más poderosos.

—Ya lo sé. Todo el mundo lo sabe. —Clavo la mirada en el ancho pecho de la Torre.

Pensaba que llevaba armadura, al igual que la Muerte, pero no es el caso.

Su ropa está diseñada para parecerlo y la factura de su casaca enfatiza su fuerza y altura—.

Te envió a luchar a ti solo contra el Juicio.

Deberías estar muerto . Corriste un riesgo enorme a cambio de una recompensa bastante pequeña.

La Torre guarda silencio durante el tiempo que tardamos en dar una vuelta completa a la pista de baile. Suficiente para que piense que no tiene la menor intención de seguir hablando. Suficiente como para sorprenderme cuando dice:

—Una alianza con la Muerte no es una recompensa pequeña, Luna. — La callada reprimenda en su voz consigue que me ruborice—. La Muerte estableció los términos de nuestra alianza y yo accedí. Conozco bien mi fuerza, pero él necesitaba que se la demostrara. Es así de sencillo.

—Así de sencillo —repito—. Pero…

Esta vez oigo la variación en la música que indica que es hora de cambiar de pareja de baile.

Aun así, no estoy preparada para otro condenado giro como el de antes.

La Torre me suelta y me tambaleo hasta caer en otros brazos, unos mucho menos cómodos.

El Loco me aplasta contra su pecho con demasiada fuerza.

No tiene la misma elegancia que la Muerte y la Torre y me pisa los pies al girar.

—Déjame algo de espacio, joder —rujo.

—Pobrecita Luna. —Se echa a reír—. Mi aliado y yo iremos esta noche a por ti . Voy a disfrutar haciéndote pedazos.

Intento apartarme de él de un tirón, pero vuelvo a fallar.

El pánico aletea en mi garganta, aunque estemos en una pista de baile rodeados de gente.

No puedo hacer esto. Bastante malo ha sido tener que bailar con el responsable de la ejecución de mi madre, pero hacerlo con quien acaba de amenazarme directamente es pasarse de la raya.

Le meto un rodillazo en las pelotas al Loco, que cae sofocando un gemido.

Todos los Copas que están cerca de mí retroceden soltando una exclamación y la música se detiene de golpe .

Acabo de atacar a otro campeón mientras el sol sigue en el cielo. Mierda.

Me apresuro a dar un paso atrás y alzo las manos.

—Se encuentra bien. —Me tiembla la voz a pesar de mis esfuerzos por controlarla. No puedo creerme lo que acabo de hacer. He llegado tan lejos, estoy tan cerca de todo aquello por lo que me he pasado la vida entrenando…

As parece materializarse a mi lado.

—Campeona de la Luna, si eres tan amable , te pediría que evitases la violencia física antes de que caiga la noche.

—Ve que el Loco se pone como puede en pie y asiente, casi para sí mismo—.

Ya veo que no se ha ocasionado ningún daño permanente.

Por eso, que esto sea una advertencia en lugar de una eliminación.

No se te concederá una segunda oportunidad. ¿Lo comprendes ?

—Sí —susurro. No debería haber hecho eso. No debería haber permitido que me provocase y me hiciese perder los nervios. Si As hubiese declarado que estoy eliminada, yo no podría haber hecho absolutamente nada al respecto, aparte de morir —. Siento la interrupción.

—No hay ningún problema. —Les hace un gesto a los músicos—.

Continuad, por favor. —Estos retoman la canción justo donde la dejaron.

Tras una levísima vacilación, las demás parejas de la pista de baile hacen lo mismo .

Sin embargo, ahora todos me vigilan de cerca, recorriéndome la piel con la mirada. As sonríe, todo encanto y pose .

—Campeona de la Luna, ¿me harías el honor de bailar conmigo?

No tengo alternativa, y mucho menos después de mi violento error.

—Por supuesto.

As es el mejor bailarín de todos. Juntos nos deslizamos entre los demás con elegancia. Tras la segunda vuelta a la pista de baile, por fin habla:

—Eres algo parecido a una anomalía.

Yo inspiro hondo y vuelvo a inspirar. Intento controlar mis emociones, a flor de piel por culpa del Loco.

—Eso me dice todo el mundo.

Él se ríe un poco.

—Ya me imagino. —Se pone serio—. No soy nadie para darte consejos, así que no lo haré. Solo te voy a pedir que, si llegas a formar parte de la nueva Cinque, recuerdes el favor que te ha hecho hoy la Corte de Copas.

Al menos eso tiene sentido. As ha tomado una decisión en una fracción de segundo tras mi ataque al Loco. Una decisión a favor de un beneficio potencial para los Copas. Excepto que…

—Podrías estar diciéndole lo mismo al Loco si hubieses tomado otra decisión.

—Así es. —A sus ojos oscuros asoma cierto interés—.

Pero no va a estar entre los ganadores. Es demasiado impulsivo y su alianza ya se está rompiendo.

—As señala con el mentón al Emperador, que baila a trompicones, visiblemente borracho—.

Tú, por otro lado, eres inesperada en muchos sentidos.

Podría ser interesante ver qué es lo que harás si tienes la suerte de llegar a formar parte de la Cinque y, en consecuencia, del Concilium.

No sé si es un cumplido o un insulto, pero me esfuerzo por sonreír.

—Lo recordaré, prometido.

—Bien. Y ahora, prepárate: estamos a punto de cambiar de pareja de baile.

Hay otro cambio en la música y acabo en brazos de Cato. Contemplo su torso bronceado y me tropiezo con sus pies al ver los aros de oro que le atraviesan los pezones. No me había fijado antes en ellos, ni tampoco en los musculoso que es su pecho. Maldito sea.

—Tú.

—Yo. —Hay que reconocerle que no se aprovecha de su tamaño para intimidarme. Se limita a esperar a que me acostumbre al cambio de pareja para colocarse—. Menuda noche llevas. Has estado a punto de cagarla con el Loco.

Levanto la mirada de golpe hacia su rostro, pero eso es casi peor.

Este tipo es condenadamente guapo, por mucho que me irrite.

Y huele bien, como esas especias que jamás he podido permitirme comprar.

Huele tan bien que da hambre . Si no fuese una mala idea en muchísimos sentidos, me inclinaría a aspirar su aroma.

—Lo has visto.

—Lo ha visto todo el mundo. —Adopta una expresión contemplativa, casi como la que tenía cuando hablábamos hace un rato, delante de la torre de los Copas .

Como si me hubiese subestimado. Antes de que yo pueda decidir qué pensar de esta nue va idea que tenemos el uno del otro, dice—: Tanto la Muerte como la Torre parecen tener interés en ti.

¿Puede ser que se esté formando una alianza?

¿Con ellos ? Ni que fuese a fiarme de la Muerte, teniendo en cuenta cómo acabó su última alianza. Me río en su cara.

—Nadie quiere aliarse con la Luna. ¿No fuiste tú quien dijo que su última campeona se volvió loca?

Me hace girar con un roce leve pero firme en la cintura y la mano.

— Sí que lo dije, pero en las últimas veinticuatro campanadas la situación ha cambiado. Eres interesante. Los demás también se han dado cuenta.