Las Pruebas del Tarot Capítulo 9 #4
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Capítulo 9 #4

Sé bien lo que diría Mouse. Me ordenaría que mantuviese la cabeza baja y que hiciese todo lo posible para asegurarme de que esta gente me subestima.

Me basta una mirada en derredor para comprender que no me costaría mucho esfuerzo.

Los habitantes de los Sedimentos hacemos lo que podemos para sobrevivir en la ciudad que ellos han creado, con unas reglas que solo parecen aplicarse a nosotros.

Mientras tanto, ellos se ríen de nuestras penurias tapándose la boca con sus manos de manicura perfecta.

Mis uñas están rotas y astilladas, y ni la magia del templo de la Luna ha podido eliminar toda la mugre que tengo bajo ellas.

Nos llaman «ratas » como si fuera un insulto, pero las ratas son de las criaturas más resilientes de este mundo.

No deberían subestimar a la gente de los Sedimentos. No deberían subestimarme a mí .

Reprimo una réplica instintiva. Con independencia de lo irritante que sea esta mujer, de los privilegios que tenga, fue una de las aliadas de mi madre. No pienso permitir que las respuestas que pueda darme mueran con ella en las Pruebas, como ya sucedió anoche con el Juicio.

—A ti parece haberte ido bien como miembro de la Cinque.

— Trabajo muy duro —dice ella en tono seco. Parece que acabo de insultarla. Maldición.

—Así es —interviene elegantemente el Granate—.

De hecho, tenía la esperanza de que me dedicases un poco de tu tiempo para discutir el incremento de tasas que los Bastos quieren aplicar a todas las importaciones de Perfodia.

Algo así aniquilaría los ya escasos márgenes de beneficio que obtenemos con las gemas.

Sé que el Gremio del Diamante te ha contado algo parecido sobre sus metales.

Un descenso en las importaciones tendría también un impacto negativo en el Gremio del Peridoto.

No sabía que habían propuesto una tasa nueva, pero no me sorprende.

Solemos ver los efectos de las políticas que aprueba el Concilium una vez que ya están aprobadas.

Sin embargo, resulta interesante que el Granate esté defendiendo su caso ante la Estrella ahora mismo, durante las Pruebas.

Vesper tiene razón: todos creen que volverán a ser parte de la Cinque.

Ella esboza una bonita sonrisa.

— Vamos, sabes que es mejor no hablar de política durante las Pruebas. El próximo Concilium se reunirá con los nuevos miembros de la Cinque. Sería de una absoluta arrogancia por mi parte suponer que voy a ser una de ellos.

El Granate le devuelve la sonrisa, como si compartieran una broma privada.

—Tus poderes son aterradores, Estrella. Solo un necio apostaría en tu contra.

No estoy segura de si lo dice con sinceridad.

Ninguno de los presentes me presta la más mínima atención.

Me giro y veo a la Muerte, aparentemente absorto con su copa de vino, a pesar de que no parece haber bebido más.

¿Por qué no intentará el Granate convencer a la Muerte al igual que a la Estrella?

Es más que probable que él también llegue a ser parte de la Cinque…

, incluso más que ella , porque se ha aliado con la Torre.

La Muerte alza la vista de pronto y me mira con sus espectrales ojos de ónice.

—Pareces confundida, campeona de la Luna.

—Esto …

—No intenta convencerme a mí porque todo el mundo sabe lo que pienso de esta nueva tasa.

Estoy seguro de que afec tará de forma negativa a dos de nuestras industrias principales, y por tanto creo que no hay que aplicarla.

—Habla lenta y metódicamente—. La Estrella, por su parte, es una marioneta de la Corte de Copas.

Por ello, convencerla a ella supone convencer indirectamente al Rey y la Reina de Copas.

No sé por qué me explica todo esto. Puede que esté mintiendo para confundirme, pero tampoco tendría sentido que no me contase la verdad. El Granate no le contradice. La Estrella, por su parte, escupe un poco de vino y tensa toda la columna vertebral.

—¿Acabas de decir que soy una marioneta ?

—Acabo de decir la verdad.

La fachada de perfección de la Estrella se agrieta. Le clava la vista, con odio en sus pálidos ojos azules.

—Ahórrame esas monsergas —escupe—. Por mí puedes coger ese complejo de superioridad que tienes y metértelo por el culo.

No pienso quedarme aquí sentada mientras alguien como tú me insulta.

—Echa hacia atrás la silla y prácticamente atraviesa la estancia a saltos, con lo que atrae todas las miradas del lugar.

Tres Copas aparecen entre la multitud y la rodean al tiempo que lanzan una mirada afilada hacia nuestra mesa.

—¿Siempre es así? —No pretendía decirlo.

Es que me ha deja do pasmada esa mujer tan teatral con aspecto de ser capaz de sufrir un berrinche grandísimo por un simple golpecito en el pie, y sin embargo consiguió llegar a formar parte de la Cinque durante las últimas Pruebas del Tarot.

Por otro lado, no entiendo por qué decidió mi madre aliarse con ella, es horrible .

—No subestimes a la Estrella. Se le dan bien los ardides; es capaz de saltarse las reglas en su beneficio .

Frunzo el ceño.

—¿De qué hablas? Romper las reglas durante las Pruebas implica arriesgarse a que te ejecuten.

—Niña estúpida … —La Muerte suspira, como si toda esta conversación lo aburriese —. Harías bien en arrancarte la manga que te ha tocado . A la Estrella le gusta el veneno; tardará aún unas horas en permear tu piel hasta el punto de resultar letal, pero el proceso ya ha comenzado.

Me lo quedo mirando. Debe de ser un farol…, y sin embargo, mientras lo pienso, ya empiezo a notar una leve quemazón en el punto donde la Estrella me ha tocado el hombro .

—Aún no ha caído la noche.

—Y la Estrella sabe bien que no han de romperse las reglas. —La Muerte corta un trozo de su filete—. No morirás antes de que se ponga el sol.

Agarro el cuchillo de la mesa y me rajo la manga derecha.

No veo nada en mi piel, pero la inquietud se adueña de m í casi de inmediato.

Joder, joder, joder. Aunque no fuese una dosis letal, ¿quién sabe el efecto que tendrá sobre mí?

Si algo aprendí anoche es que no estoy en mi elemento y no cuento con ninguna ventaja.

Arrojo la tela al asiento que ocupaba la Estrella.

Abro la boca para preguntarle a la Muerte por qué se ha molestado en contarme nada, pero no tengo oportunidad de hacerlo.

La música —que hasta ahora estaba baja para propiciar las conversaciones— aumenta de volumen y ritmo.

Al parecer, sí que quieren que bailemos. «Esto va a ser una pesadilla».