Capítulo 9 #3
Yo ya sabía que los recursos de la ciudad no estaban reparti dos de forma equitativa.
Cualquiera que se acerque lo suficiente a los distritos de la Corte Menor atisbará una vida que bien podría pertenecer a otro continente desde la perspectiva de los Sedimentos.
Un mundo en el que nadie pasa hambre, en el que todos tienen ropa nueva y zapatos.
Un mundo a cuyos ciudadanos no les falta nada .
Sin embargo, esto es algo bien distinto.
—¿Sabes que no has llegado a decirme tu nombre? —comenta Vesper en tono despreocupado.
No tiene sentido mentir.
—Kestrel.
Vesper emite un sonido gutural que parece ser de satisfacción.
—Suena a ave de presa. Qué propicio.
Aparto la vista de la fuente y le clavo una mirada hostil.
—No te tomes tanta confianza conmigo.
—¿Te sale a cuenta ser tan picajosa? —Habla en voz baja, casi como si murmurase para sí—. Has sobrevivido hasta ahora, así que te debe de funcionar, pero de donde yo vengo no se suele tratar así a ningún posible aliado, y a veces tampoco a los enemigos. Nunca sabes quién podría serte útil.
—Todo el mundo cree que la última Luna se volvió loca y que a mí está a punto de pasarme lo mismo. Eso me convierte en un lastre a la hora de buscar alianzas.
—Estás siendo muy derrotista.
Por fin me giro del todo hacia Vesper.
—Realista, más bien.
Aunque no tenga sus maneras refinadas, no soy ninguna idiota.
Convertirme en la campeona de la Luna ha sido una elección bien pensada, pero, incluso con toda la información de la que dispongo, había subestimado hasta qué punto se ve este puesto de forma negativa en toda la ciudad.
Ni una sola persona dio un paso al frente para convertirse en campeona de la Luna.
Y, si bien a Mouse eso le pareció una ventaja, está claro que no es así. Soy más vulnerable de lo que imaginaba.
—Puede que yo sí quiera aliarme contigo. —Esboza una repentina sonrisa que le ilumina todo el rostro.
Parpadeo.
—¿Por qué?
—¿Y por qué no? Eres la Luna, y lo más probable es que estés maldita. Yo pertenezco a los Espadas y tengo la pierna tullida. —Señala con gesto ausente su pierna izquierda—. Nadie nos tiene en la menor consideración a la hora de establecer alianzas, así que quizá podamos unirnos.
Dicho así, no le falta razón. Tal vez sea una estrategia válida.
Anoche apenas vislumbré la magia de Vesper, pero me pareció efectiva.
Combinar su suerte y mi sigilo… Me llevo la mano al bolsillito del arnés.
Mara me dio un par de monedas para mantenerme a salvo, pero, si yo fuese supersticiosa, las consideraría una señal.
—Me vas a traicionar a la primera oportunidad que se presente.
—Podría darte mi palabra de que no será así, pero eres demasiado lista como para aceptar la palabra de alguien a quien no conoces, aunque sea miembro de los Espadas.
—Se encoge de hombros—. Ve a comer algo y a socializar.
Si te esfuerzas, quizá consigas incluso darles buena impresión a los demás campeones.
Piénsate mi propuesta . Nos vemos luego.
—Se marcha antes de que pueda pensar en una réplica.
Aquí hay más gente de la que esperaba. La mayoría viste con los colores de los Copas .
Hay quien ocupa puestos tan altos en la corte que lleva joyas de cobre en muñecas, cuello u orejas.
Intercambian cuchicheos y risitas mientras deambulan con sus atuendos diáfanos, brillantes bajo la cálida luz que atraviesa los vitrales en las alturas, que baña tanto la estancia como a sus ocupantes con un resplandor irreal.
Sin embargo, no son los únicos que están presentes.
Hay gente vestida con los tonos rojo oscuro del Gremio del Granate, con el blanco del Gremio del Diamante y con el verde del Gremio del Peridoto .
Tiene sentido, supongo. Los Copas actúan como representantes de los socios comerciales de Caelria, tanto en Zaersia como al otro lado del mar, en Xiv.
Incluso hay algunos Rubíes presentes , si bien no muchos.
As, el Copa de antes, aparece ante mí.
—Campeona de la Luna, permíteme por favor que te acompañe hasta tu mesa.
Contemplo su mano tendida más de lo debido. Aunque me gustaría buscarme un rincón tranquilo en el que esconderme para procesar la ingente cantidad de estímulos de esta estancia, tengo que ceñirme al plan. Apenas consigo esbozar una sonrisa al tiempo que le doy la mano con cautela.
—Esto…, gracias.
—Por aquí. —Se gira con gracilidad sin soltarme la mano, que engarza en el hueco de su brazo—. Ha sido una sorpresa para todos que hayas ocupado el puesto de campeona de la Luna.
—Ya me lo imaginé al ver la cara de conmoción de todo el mundo.
—Maldita sea, tengo que hacerlo mejor. Puedo hacerlo mejor.
Aunque As represente el privilegio inherente a la estructura de los distritos de la Corte Menor, si llego a ser miembro de la Cinque…
, mejor dicho, cuando llegue a ser miembro de la Cinque, tendré que tratar con gente así todo el tiempo—.
No era consciente de que el destino que corrió la última Luna tuviese implicaciones de … tanto alcance.
Él asiente con gesto sabio.
—Cuando se trata de los dioses antiguos, suelen abundar las supersticiones. Por eso no dejan de perder adoradores.
Parpadeo.
—Resulta interesante que digas algo así durante las Pruebas, que están diseñadas en honor a los dioses antiguos.
Has pasado por las mismas calles que yo hace un rato.
La multitud allí reunida da a entender que no han perdido adoradores en absoluto.
— Los vítores de la gente en honor de los campeones de los dioses no son lo mismo que las oraciones de Mara ante la Rueda de la Fortuna, pero es que no me gusta el tono despectivo de As.
—Ya hemos llegado —dice sin perder la jovialidad—. Disfruta del refrigerio y conversa con quien quieras antes de que empiece el baile. —Me deja tranquilamente en mi asiento. De alguna manera, consigue que me siente sin tener que forzarme.
Cuando alzo la mirada, me quedo sin aliento.
As no podría haberme dado una oportunidad mejor ni aunque se hubiese esforzado al máximo: mis compañeros de mesa no son otros que la Estrella, la Muerte y un Granate.
El Granate es un hombre de piel marrón claro, cabello castaño y aire despreocupado que indica que suele participar con regularidad en ese tipo de politiqueos.
Hasta ahora nunca había estado tan cerca de la Estrella.
No me sorprende en absoluto comprobar que tiene una belleza atemporal.
Su piel pálida se ve tan suave que bien podría ser artificial, exceptuando algunas arruguitas en ojos, boca y frente, y tiene su cabello rubio corto tan repeinado que no parece real.
Lleva un vestido casi transparente formado por varias capas con un amplio espectro de tonos cobrizos.
Es vaporoso, por lo que no resulta nada práctico para la tarea que nos espera una vez caiga la noche.
—No pongas una cara tan larga, Muerte. —Hasta su voz está cuidadosamente modulada, sin la menor arista. Tanto esfuerzo parece un derroche, teniendo en cuenta el público entre el que se sienta, pero ¿qué sabré yo? La Estrella sonríe con dulzura —. No asustemos a nuestra nueva campeona de la Luna.
La Muerte la ignora y da un buen trago a su vino tinto, tan rojo que le mancha sus pálidos labios. El Granate se reclina en su asiento y enarca las cejas.
—No creo que haya nada que asuste a esta campeona.
—Me estudia con interés—. Yo estaba ayer entre la multitud cuando te alzaste para reclamar tu puesto.
Hay que tener las pelotas de acero para atravesar todo el estadio entre esta gente, y encima por esa diosa.
—Se estremece con gesto teatral, pero parece estar disfrutando—. No hay que subestimarte.
—Tiene razón, querida. —La Estrella me da unas palmaditas en el hombro—. Fue muy valiente por tu parte.
Todo esto es muy extraño . La Estrella estará encantada de verme morir una vez que el sol se oculte tras el horizonte, y sin embargo en este momento me sonríe como si fuéramos amigas íntimas, aunque tenga una expresión algo condescendiente.
Yo carraspeo.
—Esto… ¿gracias?
Parece que la Estrella no necesita gran cosa para seguir cargando con el peso de la conversación ella sola.
—Te has lavado bien, ¿verdad? Dicen que eres una rata de los Sedimentos, pero algo así es imposible. Las ratas de los Sedimentos rara vez participan en las Pruebas.
—Estrella. —La Muerte no alza la voz y ni siquiera la mira, pero la advertencia que refleja esa única palabra queda patente.
Ella abre mucho los ojos con gesto dramático y se lleva refinadamente una de sus manos enguantadas a los labios pintados de rosa.
—Ay, lo siento. ¿«Rata de los Sedimentos» se considera un término peyorativo? No suelo pasar por la zona, no tenía ni idea.
Me la quedo mirando. Aunque ahora mismo esté fingiendo inocencia, forma parte de la puta Cinque. Los Sedimentos forman parte de la ciudad que se supone que han de gobernar y cuidar, aunque sus miembros no parecen darse por enterados .
—¿Intentas insultarme? —pregunto con genuina curiosidad.
¿Acaso se piensa que debería avergonzarme del lugar del que provengo, del modo en que nos llama la gente?
Quienes viven en la colina, tanto en la Corte Menor como en los gremios, son quienes deberían avergonzarse por este derroche de recur sos .
Es la Estrella quien debería avergonzarse por lo poco que ha hecho para ayudar a alguien que no sea ella misma.
Ella se echa hacia atrás con un respingo, una vez más con una reacción más teatral de lo necesario .
—¿Cómo puedes decir algo así? Por supuesto que no. Solo intento conversar durante la cena.