Las Pruebas del Tarot Capítulo 9
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Capítulo 9

M e hago visera con la mano y paseo la mirada por el patio.

Me parece muy absurdo resplandecer así bajo el sol que está en las alturas.

No me acostumbro a la vida de la gente en la colina.

Están a punto de dar la duodécima campanada, así que es justo la hora en la que algo de sol cae sobre los Sedimentos, pero ahora mismo me parece que brilla más, que hace más calor, que es más intenso.

Mis ojos tardan varios segundos en acostumbrarse, e incluso entonces he de entrecerrarlos para escrutar a mis competidores.

Me crispo de forma instintiva ante la presencia de los demás campeones.

Aunque mi cerebro conozca las reglas de las Prue bas, mi cuerpo sigue reaccionando.

Si bien el Sol ha empezado ahora mismo a descender, acabará desapareciendo del cielo, como siempre.

Y, cuando la luz se agote, la gente de este patio irá en busca de sangre, al igual que yo misma .

Los campeones que han sobrevivido visten de forma similar, con atuendos muy poco prácticos para la inminente lucha: vestidos resplandecientes , trajes de impecable factura ceñidos al cuerpo, prendas para las que no tengo ni nombre. Todo ello es excesivo y absurdo.

Mientras entrenaba para participar en las Pruebas, tenía una idea muy clara de lo que podía esperar…

, o eso creía . Algunas cosas se han cumplido, pero es como contemplar mi reflejo en un río: todo es familiar y al mismo tiempo inesperado.

No se trata solo del elemento mágico. Ni en un millón de años habría imaginado que la Muerte fuera a impedir que la Torre me matase.

O que la Torre eliminara a uno de la Cinque durante la primera noche.

Hay demasiadas variables como para seguir el plan original de Mouse; al menos, si quiero vivir.

Los demás campeones también deben de sentir esa brecha entre expectativa y realidad, porque la bravuconería de ayer ha menguado; todos nos miramos con cautela, una novedad.

Yo me mantengo alejada del grupo, pero me llaman la atención los rostros más familiares .

Ahí está Cato, con adornos de oro en los brazos a juego con el kilt que lleva.

Va a pecho descubierto, excepto por más adornos de oro que resplandecen con cada movimiento de su piel morena.

Lleva un par de puñales con joyas incrustadas en la empuñadura con las que debería tener una pinta ridícula, pero no es así.

Me resulta insoportable que tenga el aspecto de un dios del Sol, y aún más que al verme observándolo esboce una sonrisa.

Vesper lleva un vestido corto que deja al aire buena parte de sus piernas, así como la férula de la rodilla izquierda.

Las placas de armadura de sus hombros parecen estar hechas de plumas de un tono bermellón intenso y de plata, tan elegantes como las de anoche, y el sempiterno bastón que empuña es el mismo de ayer .

Es la primera vez que le veo bien la pierna : tiene el pie ligeramente vuelto hacia dentro y el gemelo torcido.

Cuando Vesper capta mi mirada, me saluda con la mano.

—Buenas tardes, Luna.

«No forjes alianzas». Ignoro la voz de Mouse resonando en mis oídos y le dedico un cabeceo a Vesper.

—Buenas tardes, Rueda de la Fortuna. — Anoche, Vesper intentó usar su magia para ayudarme a luchar contra la Torre.

Aunque no me inspira confianza, dado que la base de mi plan no se ha cumplido, tengo que adaptarme.

Si Vesper tiene interés en una alianza, sería una necedad por mi parte no contemplar esa opción. Carraspeo y digo:

—Hablemos durante la fiesta.

Vesper esboza una sonrisa tan brillante que compite con el Sol en las alturas.

— Me encantaría.

Me giro, en busca de una persona en concreto : la Muerte.

Es él quien tiene las respuestas que quiero y no pretendo perder tiempo para sonsacárselas.

Lo veo ahí plantado, al otro lado del grupo de campeones, no muy cerca de ninguno de ellos.

Va vestido de negro, igual que anoche, con una casaca sencilla y pantalones remetidos por unas botas que le llegan hasta las rodillas.

La espada asoma por sus estrechos hombros y nos escruta a todos con un semblante cuidadosamente inexpresivo.

Empiezo a caminar hacia él…, pero una alta figura me sale al paso. Al alzar la mirada, veo el hermoso rostro de la Torre .

—Luna. —Me contempla con una oscura ceja enarcada.

Su atuendo es similar al de la Muerte, pero gris en lugar de negro, y lleva una banda de un amarillo intenso cruzada sobre su ancho pecho.

Una espada larga de empuñadura sencilla y lisa asoma por encima de su hombro.

Tiene buen aspecto: lleva su cabello oscuro repeinado hacia atrás, enmarcando esa cara demencialmente atractiva que tiene.

Sin señal alguna en su pálida piel de la violencia que es capaz de ejercer, casi olvido lo peligroso que es. Casi.

Este tipo no me gusta.

—Torre —consigo decir. Me inquieta estar tan cerca de él. Quiero echarme hacia atrás, poner algo de distancia entre los dos, pero eso sería casi como huir , y sé bien que no hay que huir de los depredadores—. ¿Te apartas de mi camino?

—Es que vas en la dirección equivocada. —Señala con el mentón y, aunque odio la idea de darle la espalda, me giro. Al hacerlo , veo que se acerca nuestro escolta de la Corte de Copas. Maldición. Mi charla con la Muerte tendrá que esperar .

El escolta va vestido con los colores de los Copas : azul marino, turquesa y cobre.

La tela de su casaca es casi transparente, fluida.

La otra prenda más recatada que lleva son unos pantalones cortos con un estampado cobrizo que resplandece al mo verse.

Su cabello negro cae formando una cascada perfecta hasta sus hombros.

Tiene la piel trigueña, inmaculada y resplandeciente, y los ojos oscuros, vivaces y joviales. No confío ni un ápice en él.

En los Sedimentos no hay muchos Copas, aunque se oyen historias sobre su decadencia y sus politiqueos.

Hay un viejo refrán que Mouse me ha repetido innumerables veces desde que era niña: «Un Pentáculo te envenena, un Basto te golpea, un Espada de sentencia y un Copa…

un Copa te sonríe a la cara mientras te clava un cuchillo entre las costillas».

Este Copa es bajo, casi de mi altura. Se comporta de forma despreocupada a pesar de estar en presencia de un puñado de asesinos. Abre los brazos y esboza una sonrisa radiante que se contagia a sus ojos castaños.

—Bienvenidos, campeones. Me llamo As, de la Corte de Copas. Me gustaría aprovechar esta oportunidad para transmitiros la hospitalidad y la bienvenida de los Copas. —Con un ademán grandilocuente, echa a andar camino abajo a un ritmo que nos obliga a apretar el paso para no quedarnos atrás.

Yo ni siquiera lo intento. En cambio, lo que hago es rezagarme un poco y contemplar a los demás.

La mitad de ellos sostienen su arma o la llevan a la espalda, lo cual debería resultar absurdo con esa ropa elegante, pero encaja a la perfección.

No obstante, son los campeones que van desarmados quienes me preocupan.

Sé bien lo que la Estrella puede hacer con esos sempiternos guantes de encaje, y la Templanza y el Hierofante…

, sus campeones anteriores no tardaron en morir durante las últimas Pruebas, aunque no sé de lo que son capaces.

Antes, esta falta de información no me molestaba.

Mouse insistió en que me centrase en los miembros de la Cinque, por que ellos supondrían la mayor amenaza.

A diferencia de los demás, ellos han tenido dos décadas para perfeccionar su magia.

Sin embargo, cada vez tengo más claro que hemos cometido un error al no tener en cuenta a los otros.

Recorremos un sendero curvo que se aleja del patio y asciende por la colina.

Tras unos minutos empiezan a dolerme los gemelos, pero ignoro el dolor, al igual que llevo haciendo toda la vida.

Estoy ocupada mirando en derredor, ponderando posibles rutas de huida para cuando caiga la noche.

Resulta difícil prever lo que harán los demás campeones, así que he de estar lista para cualquier cosa.

Hay gente por la calle, igual que ayer, aunque hoy parecen estar aquí para vernos a nosotros , pues lanzan vítores y nos nombran.

Me horrorizo al comprobar que no pocos de ellos parecen llevar los mismos colores de algunos campeones; concretamente, negro .

¿Quién puede estar de parte de la Muerte ?

Veo que una joven se pincha el pulgar, lo aplasta sobre una flor y la arroja a los pies de la Muerte .

Aprieto los dientes y sigo avanzando tras el Copa colina arriba.

El camino se bifurca una y otra vez, pero nosotros seguimos el sendero principal.

El Distrito de Copas es hermoso, no me esperaba menos.

Los edificios están impecables y algunos parecen tener más vidrio que piedra, lo cual debe de ser muy poco práctico, pero así es esencialmente la Corte Menor.

En cada bifurcación hay una fuente, algunas grandes y otras más pequeñas, aunque todas con el símbolo del agua primordial grabado en su base, lo cual las señala como lugar de culto.

En los Sedimentos y el Distrito de Peridoto, quienes adoran al agua llevan agua de mar a sus templos, pero aquí huele a agua dulce.

Al pasar me asomo a una fuente y parpadeo: el fondo está repleto de gemas.

«Derroche por todas partes». Aunque me hormiguean los dedos a causa del impulso de agarrar un puñado de estas ofrendas sagradas, consigo reprimirlo.

El castigo por robarlas es la muerte, pero es que jamás he visto semejantes ofren das.

La riqueza que hay en el fondo de esta fuente podría alimentar durante meses a mi familia y mis vecinos, y sin embargo ahí está, sin ayudar a nadie.