Las Pruebas del Tarot Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

Lo percibo en el mismo instante en que pronuncia esa palabra.

La presión en mi mente, la misma que me indica que el sol se acerca, ha llegado a su cénit.

Me giro inequívocamente hacia el este. Desde aquí no veo la muralla, pero sí la claridad del cielo en el horizonte: tonos rosados y anaranjados que devoran la noche.

Durante un momento solo puedo contemplar el espectáculo.

Es hermoso. Esto es lo que implica vivir en lo alto de la colina: no solo unas pocas horas ensombrecidas de luz solar entre el crepúsculo y la noche, sino un día entero de cielos brillantes.

Para cuando aparto la atención del alba, la Muerte se está alejando. La Torre echa mano de su espada y lo sigue. Ninguno de los dos se molesta en mirar atrás.

No sé qué pensar de lo sucedido esta noche.

Lo único que tiene sentido es el intento de Vesper de forjar una alianza conmigo.

La Torre me ha atacado, pero la Muerte le ha impedido acabar conmigo.

¿Por qué? No ha puesto trabas a la violencia contra los otros tres campeones con los que ha acabado la Torre.

Quizá sí que haya sido por lo cerca que estaba el alba; puede que no quisiera perder a su sabueso.

Si la Torre me hubiese matado después del alba, habría quedado eliminado.

No estoy segura del todo de qué hace la Corte Menor para comprobar que los campeones no rompen esa regla en particular, pero tampoco tengo ganas de averiguarlo.

De todos modos, al pensar en esos desesperados instantes en los que creí que me iba a matar, esa teoría tampoco tiene sentido.

La Torre tenía tiempo de sobra para acabar conmigo de un tajo antes de que el Sol asomase por el horizonte, estoy segura de ello.

Así pues, ¿por qué se lo habrá impedido la Muerte?

Aunque tardo un poco en dar con mis armas y voy cojeando hacia la isla en la que se encuentran los templos, llego antes de la sexta campanada. Me duele el tobillo y me palpita la cara, pero soy capaz de mover la mandíbula y no he perdido ningún diente. A esas alturas, no puedo pedir más.

Espero que , cuando caiga la noche, se me haya ocurrido otro plan distinto al que diseñamos de forma tan meticulosa Mouse y yo.

Al menos he obtenido parte de la magia de sigilo que ambos pensábamos y tengo experiencia de sobra a la hora de huir y esconderme.

El problema será el momento en que me atrapen, como acaba de suceder.

Cuanto más se prolonguen las Pruebas, más fuertes serán las alianzas y menos probable será que un aspirante sin aliados llegue al final.

Necesito una nueva estrategia, y que sea rápido.

Cuando llego al patio de los campeones, veo que han desplegado estandartes frente a las puertas de cinco de los templos .

Los examino, intentando comprender por qué me causan tanto pánico .

Mouse mencionó esta parte de las Pruebas.

Los estandartes señalan al campeón que ha eliminado a alguien.

El de la Torre, que representa a su dios de la manera más literal posible, cuelga sobre las puertas de los templos de los Amantes, la Emperatriz y el Juicio.

Contemplo esa torre de color gris oscuro de cuyas escasas ventanas salen llamas , con una tormenta de fondo y personas desesperadas arrojándose desde lo más alto, porque el duro impacto contra el suelo supondrá un final preferible a la destrucción del interior .

Trago saliva. Aunque no hubiese presenciado la lucha, saber que la Torre ha acabado con el Juicio bastaría para evitarlo en cuanto se ponga el sol.

Los otros dos campeones que han muerto durante la noche son el Colgado y la Fuerza.

El primero de ellos debe de ser el cadáver que vi al principio de la lucha anoche; resulta que quien lo mató fue la Muerte.

Su estandarte es extrañamente majestuoso: un jinete misterioso con una capa oscura que va montado sobre un caballo blanco y enarbola una enseña con una rosa.

El otro estandarte pertenece al Carro, el cual resulta bastante apropiado: es una persona sobre un carro que se abalanza sobre quien contempla la escena, del mismo modo que el Carro se abalanza sobre sus víctimas.

Cinco campeones eliminados en una única noche. Doce más morirán antes de acabar.

Los campeones que han sobrevivido están reunidos por todo el patio, examinando los estandartes.

Resulta difícil decir si las alianzas establecidas se han mantenido durante la noche.

En la fiesta que se celebrará luego me haré una idea de cómo se está desarrollando la situación.

Sin embargo, hay un misterio en concreto que pienso descubrir ahora mismo.

Paseo la mirada entre los campeones aquí congregados en busca de la Muerte.

Ha dicho que había impedido que la Torre me matase porque el alba era inminente, pero no me lo creo.

Voy a descubrir por qué ha detenido a su aliado.

Por desgracia, la Muerte no se encuentra entre los campeones que se están dispersando hacia sus respectivos templos.

Aprieto los dientes. Tendré que acercarme a él durante la fiesta e intentar sonsacarle las respuestas.

Desde luego, no pienso romper las reglas intentando entrar en su templo.

Tan concentrada estoy pensando en mi plan que no me doy cuenta de que no estoy sola…

hasta que la larga sombra de la Torre cae sobre mí.

Necesito hacer acopio de todo mi autocontrol para no escabullirme en el mismo instante en que percibo su presencia.

—Aléjate de mí.

Él se gira tranquilamente para mirar en la misma dirección que yo, acercando su hombro demasiado al mío.

—No tienes que temerme, Luna .

Quizá haya un modo de obtener respuestas sin tener que hablar directamente con la Muerte. Miro a la Torre.

—Eso es porque tu amo te ha detenido.

—Amo. —Alza las cejas —. Querrás decir aliado.

Cuanto más habla, más distingo un acento que no conozco bien. Aunque lo he oído antes , no consigo recordar ni cuándo ni dónde.

—Yo no lo llamaría aliado. Estaba ahí plantado mientras tú te enfrentabas a tres campeones…, uno de los cuales es miembro de la Cinque.

—Así que quien estaba en el tejado eras tú . —La Torre se encoge de hombros—. Quien quiera aliarse con la Muerte tiene que demostrar que lo merece. Así lo hice yo.

Así, sin más. Como si no lo hubiese enviado a enfrentarse a una…, bueno, a una muerte segura . Está claro que matar a esa gente no le ha molestado. No sé por qué iba yo a esperar lo contrario .

En los Sedimentos, todos estamos desesperados.

Cada persona es dolorosamente consciente de que nadie va a venir a salvarla.

La muerte es muy común, al igual que el asesinato.

En muchas ocasiones se trata de nosotros o ellos, y « ellos» suelen ser quie nes poseen lo que necesitamos: comida, refugio , territorio de caza.

Es una de las certezas más desagradables de vivir en un mundo donde solo los más fuertes sobreviven hasta llegar a la madurez, y a veces ni siquiera eso.

Mouse habría preferido que yo hubiese matado antes de entrar en las Pruebas.

Es la única parte de mi entrenamiento que me negué a cumplir.

Varias de mis peleas a lo largo de los años podrían haber acabado con algún muerto, pero elegir a alguien fríamente para asesinarlo solo porque necesitaba acostumbrarme a matar antes de las Pruebas me parece un modo de actuar idéntico al de la gente que vive en lo alto de la colina, que nos trata como si fuéramos prescindibles.

A juzgar por el modo en que se comporta el campeón de la Torre , la despreocupación con la que habla, diría que lo sucedido anoche no le molesta lo más mínimo.

Se lo ve demasiado tran quilo. O bien ocultar sus emociones se le da mejor que a nadie que haya conocido en mi vida, o bien es que no tiene ninguna emoción.

O, peor, ha matado a tanta gente que la idea de matar ya no le molesta en absoluto.

Hay depredadores así en los Sedimentos. Me he preocupado de entrenar a los pequeños, incluso a los más jóvenes, para que nunca se queden solos con uno de ellos.

La Torre me mira al fin .

—¿Por qué elegiste la Luna? Pareces bastante capaz. Podrías haber alcanzado el escenario antes que otros.

Ah, ¿parezco bastante capaz ? Ha estado a punto de matarme a los pocos minutos de empezar a luchar.

Le clavo la mirada, pero no parece estar burlándose de mí.

Hay una curiosidad genuina en sus ojos de color marrón oscuro.

«Lo que quiere es información, Kestrel. Trátalo con mano izquierda».

Sin embargo, me resulta imposible no alterarme.

—Tengo mis motivos. No me hizo falta matar a nadie para convertirme en la campeona de la Luna. A ti sí.

—Yo tengo una alianza y tú no. Parece que hay ciertas flaquezas en tu estrategia.

Agarro con más fuerza las empuñaduras de mis hoces hasta que estas se me clavan en las palmas de las manos . Información. Lo que necesito es información.

—Una alianza con la Muerte, que no te ha permitido matarme. ¿Sabes por qué ?