Las Pruebas del Tarot Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Mi madre tenía un amplio arsenal de magia a su disposición que le permitía aparecer de repente y atacar cuando menos lo esperaban los demás campeones.

Mi madre combinaba sigilo y capacidad ofensiva hasta formar un todo imposible de matar…

, al menos hasta que la asesinaron. Sin magia ofensiva, tendré que recurrir a escapar y esconderme, con la esperanza de que esta familiaridad que siento con las hoces baste para mantenerme con vida.

Puede que me sirvan en una lucha cuerpo a cuerpo, pero estoy segura de que algunos de los campeones van a tener magia ofensiva de largo alcance.

El último Sol contaba con rayos so lares capaces de contrarrestar los rayos lunares de mi madre.

La última Torre podía aniquilar toda una manzana de la ciudad con una energía de pura destrucción.

El Juicio ni siquiera necesita estar cerca para usar esa magia que tiene capaz de generar una culpa paralizante. Esto es malo. Muy muy malo.

Se abre esa puerta que estoy segura de que no estaba ahí antes, revelando la profunda oscuridad de la noche, el momento en el que nadie que quiera vivir se aventuraría a salir a las calles.

Debería ser poco después del ocaso, pero parece que han pasado horas mientras yo estaba inconsciente.

Mierda. Bueno, al menos esta puerta lleva a la parte trasera del templo, y no al patio.

Es la única oportunidad que tengo de escapar a la primera noche de matanza.

Mi magia ofensiva debería haber funcionado.

Mouse me juró que tendría acceso a ese tipo de magia.

Lo vio en su día, vio que mi madre podía canalizar rayos de luz lunar que cortaban en pedazos a sus oponentes.

Mi madre le explicó cómo funcionaba con minucioso detalle.

Los dos supusimos que yo tendría la misma magia y que esta funcionaría del modo que él había previsto.

En cambio, lo único que tengo son las demás lecciones que me dio y con ellas he de sobrevivir a veintiún enemigos.

Estoy jodida.

—Al menos iré limpia a mi funeral.

Ya es demasiado tarde como para retirarse. He de trabajar con lo que tengo y encontrar el modo de sobrevivir a esta noche, así como a las demás Pruebas. Salgo del templo y me interno en la noche.

El rugido del río, en las profundidades de la garganta que atraviesa la colina, resulta horrendo en la oscuridad.

Hambriento . Me estremezco y me dirijo al puente que lleva al norte, al otro lado de la isla.

Seguiré en el Distrito de Copas, pero será mejor poner algo de distancia con los demás campeones que deambul an por esta zona.

Puedo conseguirlo. Solo tengo que evitar el pánico.

De todos modos, el sigilo iba a ser mi estrategia principal. Ahora tendrá que ser la única .

El puente parece normal, como cualquier otro: piedra lisa con un pretil pensado para que la gente no caiga a plomo a las aguas de ahí abajo.

Me desplazo lentamente, tan pegada al murete de piedra como es posible.

No respiro ni una sola vez hasta llegar al otro lado, donde me agacho entre las sombras más profundas del primer edificio.

No hay sonido de lucha ni señal alguna de los demás campeones.

Por más tentador que resulte poner tanta distancia como pueda con la isla de los campeones, he de tener en cuenta el tiempo.

Para cuando suene la sexta campanada, tengo que estar otra vez en la isla; de lo contrario, me arriesgo a una expulsión violenta de las Pruebas.

Eso limita considerablemente la distancia que puedo recorrer.

Miro en derredor, intentando orientarme.

Mis ojos deberían tardar más tiempo en acostumbrarse a la oscuridad.

Por poco me convenzo de que son imaginaciones mías, pero no, el extraño y fresco aroma que percibo confirma las historias que cuentan los comerciantes de todos los rincones de la ciudad y más allá.

Avanzo, aturdida, y cruzo un arco de piedra, sumergiéndome en una fantasía: verdor , árboles, arbustos, hasta flores que se abren bajo la tierna mirada de la Luna.

Me estremezco solo de pensar en la ingente cantidad de recursos que costará mantener todo esto. Aquí arriba, en esta ciudad dentro de la ciudad , no solo tienen espacio, sino que cuentan con jardín propio . ¿Acaso puede describirse semejante abundancia con una palabra tan mundana como «jardín»?

Yo he visto jardines en mi vida. No en los Sedimentos —no tenemos suficiente sol—, pero sí en el Distrito del Peridoto.

El gremio cultiva productos agrícolas como suplemento alimentario para sus miembros, para que no tengan que vivir solo de pescado.

No pueden ganar dinero si su gente enferma y son demasiado listos como para pagar los altos precios que exigen los mercaderes de Grexium o de Xiv, al otro lado del mar Cojumbroso.

Esto de aquí parece más propio de tierras salvajes.

Sé que es una falacia, pero, mientras recorro el sendero pulcramente pavimentado con vegetación a cada lado, casi podría olvidar que me encuentro dentro de una ciudad amurallada, incluso que las tierras salvajes jamás serían así de pacíficas.

Me duele el pecho solo de contemplar la absurda abundancia de comida que hay aquí mismo, al alcance de cualquiera.

Pero no se trata solo de comida. Hay muchos árboles sin frutos y flores que alfombran todo el suelo a cada lado del sendero, flores que no son comestibles.

Me inclino y acaricio los brillantes pétalos amarillos de la flor más cercana.

Los de la Corte Menor tienen tanto que pueden permitirse malgastar tierra, agua y Sol. Esta abundancia me turba.

Niego enérgicamente con la cabeza, obligándome a centrarme.

Hay bastante espacio para esconderse en los jardines, pero sería una necedad suponer que soy la única que ha obtenido una mejora en la visión nocturna.

Sé de buena tinta que la Muerte tiene los sentidos exacerbados, aunque mi madre jamás especificó sus límites.

No estoy segura de que los conociera. Mouse y ella tenían la teoría de que tanto el Mago como la Sacerdotisa contaban con una vista agudizada mágicamente.

Y la Emperatriz tiene afinidad con la naturaleza, así que quedarme sentada en un jardín sería el equivalente a rodearme de armas hechas de forma específica para ella.

Por otro lado, no puedo fiarme por completo de los datos de mi madre y de Mouse, y menos cuando se trata de campeones nuevos.

La Luna no me ha concedido los mismos poderes que a mi madre, lo cual abre la posibilidad de que me enfrente a un grupo de oponentes de los que no sé nada.

Ahora mismo, ni siquiera puedo estar segura de que los miembros de la Cinque mantengan sus poderes.

Quizá hayan sellado nuevos tratos y obtenido magia distinta.

Las hoces son un peso frío en mi espalda. Tengo la certeza absoluta de que sabré usarlas cuando llegue el momento, pero necesito algo de margen para decidir cuáles serán mis siguientes pasos. Todo mi plan está ahora en peligro y no sé qué cojones voy a hacer.

Un grito rasga la noche algo más adelante. Suena demasiado desesperado y dura demasiado tiempo. Me hormiguea la piel al oírlo y el pánico me palpita en la garganta. Está muy cerca. Tan cerca que quienquiera que haya causado ese grito podría venir ahora a por mí.

«No». Ceder al pánico implica morir. No he sobrevivido tanto tiempo para que me rajen unos hijos de puta ricos con delirios de grandeza. Aunque no cuente con la magia que esperaba tener, no ando escasa de defensas. He sobrevivido hasta ahora solo con mi ingenio. Me niego a morir esta noche.

Echo un vistazo por encima del hombro. ¿Esas sombras son más oscuras que antes?

No estoy segura. Me hormiguea la piel, no puedo desprenderme de la sensación de que me están dando caza, pero no soy capaz de decir si es el pánico que me miente o un instinto más profundo que me dice la verdad. Necesito pensar .

Por mero instinto, aprieto el paso, atravesando el jardín hacia los edificios que ahora veo al otro lado.

Las ventanas están oscuras y, a juzgar por la cantidad de artículos que se ven en el interior, se trata de más tiendas.

Al menos la arquitectura es lo bastante variada como para poder trepar al tejado.

Doy un salto y apoyo el pie en un alféizar para impulsarme. Me hago daño en los dedos de las manos al raspármelos contra los ladrillos, pero consigo agarrarme a un saliente minúsculo y no dejo de escalar hasta llegar al tejado, donde ruedo sobre mí misma, poniéndome a salvo.

Me quedo ahí tendida, jadeando. Odio que el miedo me haya llenado los pulmones de plomo y el cerebro de serrín.

En las alturas cuelga ladeado un diminuto gajo de Luna.

Juraría que la diosa se ríe de mí. Que se jodan los dioses, sobre todo la Luna.

Se lo he ofrecido todo, pero me ha dado muy poco a cambio.

Está claro que no quería aquello que yo estaba dispuesta a entregar y, si eso no es estar en consonancia con el modo en que el resto de la ciudad trata a los Sedimentos, no sé lo que es.

Supongo que mi vida no vale tanto, y mi alma aún menos .

Hasta el momento, la única prueba de que poseo magia es mi capacidad de ver en la oscuridad.

Mi madre tenía rayos de Luna y, básicamente, podía volverse invisible durante la noche.

Yo me he concentrado tal y como Mouse me enseñó, he alzado la mano, esperado…

, y solo estaba mi mano, tan sólida y visible como siempre.

Suelto un suspiro, me pongo de pie y miro en derredor.