Las Pruebas del Tarot Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

Le echo un ojo a Mouse —que ya no está tan saludable como antaño, y encima nos estamos pegando una buena caminata— mientras estudio a la gente en derredor .

Pasamos junto a un grupo de grexs que escoltan un carromato lleno de gallinas.

Visten de forma similar a nosotros , con casaca corta y pantalones, aunque su ropa es de mucha mejor calidad y no se ha remendado hasta que hay más parches que tela original.

Las gallinas no parecen estar muy contentas de estar aquí; se dedican a cacarear y aletear, armando un gran barullo.

Seguimos caminando y atravesamos un pequeño mercado que se monta unas cuantas veces por semana.

Suele estar lleno de comerciantes a punto de marcharse de Caelria que quieren sacar beneficios por última vez, y no tener que cargar con más mercancías de las estrictamente necesarias.

Debe de haber llegado hace poco un cargamento desde Perfodia, porque hay media docena de personas que intentan vender gemas.

Les iría mejor en el Distrito del Granate, que está especializado en piedras preciosas, pero quizá ya hayan probado allí.

Casi choco contra una mujer cuya inconfundible capa de color rojo rosado indica que forma parte del Gremio del Rubí.

Me dedica una leve sonrisa y sigue caminando, en dirección al mercader de gemas más cercano.

Veo a otros grexs, esta vez una pareja, que muestran sacos de arroz y anuncian ofertas a voz en grito. A mi pesar , aminoro la marcha.

—Estos precios no están nada mal.

Nos supondría un retraso, pero el arroz se conserva mejor que la mayoría de la comida y tiene la ventaja de llenar mucho y poder emplearse en diferentes platos. Hasta Colt se lo come sin rechistar.

—Kestrel. —Mouse me agarra del brazo y me aleja de los mercaderes—. No podemos entretenernos .

—Cierto. Perdona.

Por pura costumbre, me fijo en los bolsos de los desconocidos que me rodean, aunque consigo resistir el impulso de birlárse los al pasar a su lado.

Huelo el río Saevus antes de verlo. Quizá hubo una época en la que sus aguas corrían claras y prístinas, pero ahora mismo es el lugar donde se vierten los desechos químicos del Gremio del Diamante, así como los tintes del Gremio del Cuarzo y la basura de toda la ciudad.

Aquí , en la desembocadura del río, la mezcla resulta particularmente desagradable , sobre todo durante los días de verano, cuando el calor impide respirar siquiera y el hedor te hace lagrimear.

Vamos hacia el norte, donde el terreno empieza a ascender.

Los campaneros anuncian la campanada para cuando llegamos al puente que conduce al Distrito de Bastos.

Evidentemente, no somos los únicos que asistimos a la Criba, pero ni siquiera la sensación de seguridad que proporciona una multitud basta para tranquilizarme. Ya no hay vuelta atrás.

En cuanto cruzamos el puente, las calles pasan a estar adoquinadas.

Los edificios que hay a los lados son más pequeños de lo que estoy acostumbrada .

Solo cuentan con unas pocas plantas, porque al parecer los Bastos no necesitan maximizar el espacio para su gente, como nos pasa a los demás.

Hay depósitos de agua sobre la mayoría de los tejados…

, al menos eso sí me resulta familiar. No se puede tomar agua del mar y las únicas personas que beben del río son quienes han perdido la cabeza de pura desesperación.

Los depósitos de agua son vitales para acumular agua de lluvia en Caelria y almacenarla para su consumo.

Estos de aquí son bastante más elegantes que el par de barriles viejos que Mara y yo subimos al apartamento hace algunos años, cuando los que teníamos empezaron a oxidarse y me dio miedo que los pequeños se pusieran enfermos.

Por supuesto, el primer edificio que reconozco es un templo dedicado al elemento primordial del fuego.

Está formado por columnas, sin paredes, lo que me permite ver sobre el altar del centro un amplio cuenco de metal, cuyos bordes lame el fuego.

Un clérigo con túnica negra se desplaza alrededor del cuenco y va añadiendo con cuidado combustible para asegurarse de que las llamas jamás se apaguen.

Otros dos clérigos reciben a la cola de gente que se apelotona con fajinas tan bien agarradas que tienen los nudillos blancos, lista para hacer su petición al fuego.

Cuando yo era niña, había que viajar hasta uno de los distritos de la corte para ver un templo dedicado a un elemento primordial.

Esa religión les pertenece a las Cortes Menores y cada una de ellas cuenta con uno de los elementos como patrón.

En el resto de la ciudad eran bastante más comunes los templos a los a rcanos Mayores.

Ahora, muchos se derruyen y se ven reemplazados por otros dedicados al culto a los elementos primordiales, a medida que la podredumbre de la Corte Menor desciende colina abajo, apoderándose de todo aquello que toca.

—Kestrel —la tensión en el tono de Mouse atrae mi atención.

Mouse señala con un cabeceo. Yo sigo su mirada hacia el lugar donde el gentío se abre, rodeando a tres personas plantadas en el centro de la calle. Me agarra del brazo y tira de mí hacia los edificios.

—Juicio.

Es uno de los ganadores de las últimas Pruebas. Uno de los aliados de mi madre, a quien traicionó sin vacilación alguna .

Yo sigo caminando por pura costumbre, pero le clavo la mirada al hombre del centro del grupo.

Está pálido y tiene el cabello corto de un tono castaño claro y un cuerpo flácido debido a la vida acomodada que lleva .

Después de ganar, el Juicio se hizo con un terreno en el Distrito del Diamante, al este de nuestra casa en los Sedimentos.

Por ello, es el integrante de la Cinque con el que más encontronazos he tenido en los últimos veintidós años.

No con él personalmente, sino con las jaurías de esbirros que envía a aterrorizar a la gente de los Sedimentos cada vez que se aburre.

Este hombre enjaula a la gente y la tortura por capricho, y es el miembro de la Cinque que más miedo da …

, incluyendo a la Muerte. Podría haber usado su poder para mejorar la ciudad, y en cambio se ha convertido en un mezquino dictador que prefiere hacer daño a quienes son menos poderosos que él.

Luchó y mató junto a mi madre, pero no fue capaz de decir una sola palabra en su defensa.

No esperaba que tuviese un aspecto tan normal .

El Juicio se gira hacia nosotros. Su mirada vacía revolotea entre la multitud que tengo alrededor.

¿Estará usando los poderes que le concedió el dios a quien representó en las últimas Pruebas para identificar la culpa que siente cada persona?

Es una magia horrible, invasiva. Cuando yo era más joven y necia, le dije a Mouse que a mí el Juicio no me preocupaba, porque no tenía nada por lo que sentirme culpable, y que, si esa era su única magia, me limitaría a acabar con él de un tajo.

Mouse se rio en mi cara y dijo que yo no tendría ninguna oportunidad, que si el Juicio se enfrentaba a mí, acabaría arrodillada a sus pies enseñándole la garganta desnuda solo para escapar de la culpa que me provocaría.

Miro de reojo a Mouse y me pregunto si él también está pensando en esa conversación que tuvimos.

Le clava la mirada al Juicio. Si no se anda con cuidado, va a llamar la atención.

Esta vez me toca a mí agarrarlo del brazo y apartarlo de un tirón .

Desde aquí ya se ve el estadio, un gigantesco edificio que abarca varias manzanas, de unas tres plantas de alto .

—Hemos llegado con tiempo de sobra, seguro que encontramos un buen sitio.

—O eso espero. No me agrada la idea de tener que abrirme paso luchando con cientos de personas para llegar al escenario y convertirme en campeona de la Luna.

Es una tarea imposible. La mayoría de la gente que se ha reunido aquí hoy viene a presenciar la Criba, no a participar, así que no hay motivo para pensar que tengo pocas posibilidades de llegar viva al escenario , pero el miedo se adueña de mí, impulsándome a apretar el paso.

Cruzamos la arcada que da al estadio en sí.

Es mucho mayor de lo que pensaba. El óvalo del centro ha sido cavado en la tierra para que las gradas que lo rodean parezcan aún más altas.

A pesar de que falta una campanada hasta que empiece la Criba, los bancos tallados en el graderío ya están medio llenos.

—Por aquí. —Mouse va en cabeza. No puedo sino seguirlo mientras se abre camino hacia el óvalo de arena del centro del estadio.

Por más que quiera mostrarme fría y serena, toda esta situación resulta abrumadora.

Al mirar con más atención, compruebo que las gradas superiores están claramente divididas entre gremios y casas de la Corte Menor.

La blancura del Gremio del Diamante se encuentra justo frente a nosotros, seguida del tono verde del Gremio del Peridoto, el amarillo del Gremio del Cuarzo, el rojo rosado del Gremio del Rubí y el rojo negruzco del Gremio del Granate.

Luego están los ciudadanos de la Corte Menor.

La mayoría de ellos no forman parte de la corte, pero llevan los colores de los distritos en los que viven : turquesa, azul marino y cobre, los colores de los Copas ; blanco y escarlata, de los Espadas; púrpura y negro, de los Bastos, y verde y marrón, de los Pentáculos.

Las gradas inferiores están más mezcladas.

La gente lleva los mismos colores, pero se halla en pequeños grupos en lugar de ocupar sectores completos.

Una parte de ellos son aspirantes a campeones, al igual que yo.

¿Cuántos habrán venido para presentarse por la Luna?

Los escruto en busca de alguna indicación , pero hay demasiado caos.

Quizá no haya nadie, quizá sean docenas.

No lo sabré a ciencia cierta hasta que no anuncien el nombre de la Luna.