Las Pruebas del Tarot Capítulo 2
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Capítulo 2

P lantada en la puerta de nuestro diminuto apartamento, me limito a contemplar la normalidad que me sale al paso.

Pika acaba de sacar de la cama a los dos pequeños, Fawn y Colt, mientras discute con Quoll a quién le toca preparar el desayuno.

Están todos aquí, tan sanos como cabría esperar.

Dentro de un par de semanas, todo cambiará a mejor.

He de creer que así será. Por más pesimista que sea Mara a veces, la verdad es que no tengo la menor intención de morir en las Pruebas. Ni antes de ellas, de hecho.

Pika está delgada, como cualquier otro habitante de los Sedimentos, y su piel, de un tono moreno claro, está demasiado pálida por la falta de sol.

Aún lleva puesta la gorra con que se protege las trenzas, que le da un aspecto aún más joven.

Siento una punzada en el pecho, pero consigo esbozar una sonrisa cuando Pika me ve, y ella sonríe a su vez.

—Pensábamos que te habías escaqueado para no tener que despedirte.

—Sabes muy bien que despedirse da mala suerte.

Ella se encoge de hombros.

—Aun así, todos queríamos tener oportunidad de verte antes…, bueno, antes de que pase todo.

—No sería capaz de irme en mitad de la noche —No les haría algo así a ninguno de ellos…

, ni a Mouse. Aún no ha salido de su habitación , el único cuarto privado de este sitio, así que me esfuerzo en soltar toda la tensión de los hombros por lo que está a punto de suceder—.

Todavía tengo algo de tiempo. Os ayudo con el desayuno.

La familiaridad de esta tarea resulta reconfortante.

Para variar, Colt no quiere pescado en el desayuno.

Espero que se le pase esa aversión , porque es de las pocas comidas que no escasean, por estar tan cerca del Distrito del Peridoto.

Los pescados secos tienen un precio razonable la mayoría de las estaciones.

A  mí tampoco me gustaba a los siete años, pero la comida es comida.

Fawn come obedientemente, sin decir ni una palabra.

La encontramos hace un año, después de que su madre muriese en un ataque.

Durante los primeros meses no pronunció una sola palabra, e incluso ahora, que se encuentra más cómoda, sigue siendo tan callada que a veces me preocupa.

Tiene seis años y es tan menuda que podría pensarse que es más pequeña.

Quoll, por su parte, con quince años, es mi chico problemático, lo cual significa que es un amasijo de hormonas y está convencido de que es inmortal.

Ha tenido más encontronazos con los Bastos que Pika y yo juntas.

Me aterra la idea de que algún día no sea lo bastante rápido como para escapar .

Me pregunto, y no por primera vez, si estaré haciendo lo correcto al participar en las Pruebas.

O al intentar participar en las Pruebas, porque no hay garantía alguna de que llegue mucho más allá del escenario en mi intento de convertirme en la campeona de la Luna.

Se llama Criba por un motivo: será un derramamien to de sangre de proporciones legendarias.

Muere más gente en las pocas horas que se tarda en elegir a cada campeón que en las Prue bas propiamente dichas.

Mouse lleva años entrenándome, pero imagino que otros con más recursos e información también se han entrenado .

Las dudas amenazan con adueñarse de mí, agravadas por la preocupación por la familia de la que soy responsable.

¿Qué les pasará mientras yo no esté aquí?

Mara dice que cuidará de ellos, pero no tengo garantía alguna de que lo haga. También podría pasarle algo a ella.

Como si hubiese adivinado mis pensamientos, Mouse elige este momento para entrar en la estancia.

Esta mañana tiene bas tante mal aspecto.

Su pálida piel está casi amarilla y las arrugas que rodean su boca y sus ojos se han vuelto más pronunciadas de lo normal.

Su cabello ya estaba encaneciendo cuando fui lo bastante mayor como para fijarme en esas cosas, pero ahora lo tiene blanco casi por completo.

Mouse pasea la mirada entre todos nosotros y da un cabeceo.

—Kestrel, ha llegado la hora.

El ambiente se agria. Pika parece hundida . Quoll suelta todo el aire de los pulmones, pero tiene los ojos demasiado enrojecidos como para dárselas de valiente. Y  los pequeños, aunque no comprenden del todo lo que está pasando, captan la tensión.

«No quiero irme».

Reprimo con todas mis fuerzas ese pensamiento. Es mi miedo el que habla. Jamás he permitido que mi miedo me gobierne, y no pienso empezar ahora.

—Estoy lista. —Estrecho a Pika entre mis brazos y le susurro al oído—: Si tienes algún problema, ve a ver a Mara, ella te ayudará.

—Así lo haré. —Me devuelve el abrazo con fiereza y se aparta enseguida.

El siguiente es Quoll. Se aferra a mí más tiempo del que yo esperaba.

—Mátalos a todos y vuelve a casa. Si no lo haces, jamás te perdonaré .

Se aleja restregándose los ojos.

Colt y Fawn resultan, a su manera, más sencillos de manejar.

Me dan sendos abrazos enormes y dejan que Pika los lleve de nuevo a la mesa del desayuno.

Al girarme veo que Mouse ya me espera, con un par de capas en los brazos .

Ambas prendas están hechas jirones y descoloridas, de un tono gris que quizá fuera azul al principio de su vida , o puede que negro.

También son las mejores prendas que he poseído en toda mi vida.

Me echo la capa por los hombros y salgo por la puerta sin mirar atrás, seguida por Mouse.

Descendemos por una senda distinta a la de Mara, mucho menos teatral.

Los campaneros anuncian la octava campanada.

Tardaríamos demasiado por la ruta habitual, así que hemos de arriesgarnos a atravesar la calle: el camino más directo.

Nos quedan cuatro campanadas hasta la Criba, pero tenemos que cruzar todo el Distrito del Peridoto y, luego, girar hacia el norte por el puente que lleva al Distrito de Bastos.

Sería más rápido ir por el Distrito de Diamantes, aunque resaltamos demasiado incluso con estas capas nuevas, por lo que corremos el riesgo de atraer la atención de los Bastos.

Hoy no podemos permitirnos retrasos por culpa de abusones borrachos de poder con permiso explícito de la ciudad para hacer lo que se les antoje.

Qué ironía ir buscando ahora el estadio de los Bastos, cuando suele ser un destino que hay que evitar a toda costa. Me parecería hasta divertido si no estuviera tan nerviosa.

—No hace falta que vengas conmigo. —Independientemente de lo que suceda durante la Criba, Mouse tendrá que volver a casa solo. Aunque su mente sigue igual de despierta, su cuerpo ya no es tan ágil como en su día, por lo que podría sufrir un ataque, o torcerse un tobillo, o…

Debería haberle pedido a Mara que nos acompañase. Le dolería ver tanta violencia, pero al menos Mouse podría regresar sano y salvo a casa.

—Claro que voy. —Su tono es inflexible .

La última vez, la única, que escoltó a alguien hasta el estadio para unirse a las Pruebas, ese alguien era mi madre.

Los dos eran muy jóvenes y estaban llenos de esperanza.

Al menos así lo cuenta Mouse. Ninguno de los dos podía prever cómo iba a acabar aquello: con mi madre muerta y con él a cargo de la hija de la mujer a la que amaba… , o al menos que tanto le importaba.

Oigo el estruendo del Distrito del Peridoto antes de girar el recodo y verlo.

Los Sedimentos no son un lugar pacífico y tranquilo, pero el Peridoto jamás duerme.

Toda la ciudad depende de los recursos que entran y salen por el mar y el río , lo cual implica que hay gente deambulando por aquí a todas horas.

La mayoría de los negocios solo hacen una pausa a mediodía y a altas horas de la noche .

A mí me encanta, y no solo porque resulta mucho más fácil vaciarle los bolsillos a algún forastero en Caelria que a los miembros del gremio que viven aquí.

Estamos en una de las tres ciudadestado que existen en Zaersia, un continente dominado por las tierras salvajes y las criaturas que moran en ellas.

La única manera segura de viajar es por el río, y ni siquiera eso garantiza que una persona o un envío llegue a su destino .

Quienquiera que fundase Caelria hace algo más de mil años pasó la vista por aquí y se dio cuenta de que este era el lugar más estratégico en el que plantar una ciudad.

Nos encontramos en la desembocadura del río Saevus y abarcamos la encrucijada donde este se convierte en el río Verso y se desplaza hacia el este hasta la ciudad-estado de Grexium.

El Saevus recorre el continente de cabo a rabo, empezando en el norte, en la ciudad-estado de Perfodia.

Ninguna de las demás ciudades-e stado cuentan con puerto y sus respectivos ríos se cruzan tras las murallas de Caelria.

Por ello, todo el comercio se lleva a cabo aquí; más específicamente en el Distrito del Peridoto.

Pero hoy no me siento tan emocionada al atravesar las calles del Peridoto porque la Criba es inminente.

¿Y si ni siquiera consigo llegar al escenario?

¿Y si toda una vida de entrenamiento no ha servido para nada?

Si Mouse me ve morir hoy, no sobrevivirá, y menos sabiendo que fue él quien me puso en esta senda.

No puedo permitir que algo así suceda. No pienso permitirlo .

Al apartarme de la sombra de la muralla, el sol me acaricia la cara. Es una sensación cálida y reconfortante. Si fuese un poco más sentimental, tal vez creyese que esto es una promesa de que todo saldrá bien . Sin embargo, los augurios son más cosa de Mara que mía.