Capítulo 1 #3
No consigo reírme mientras bajamos desde estas vertiginosas alturas.
No descendemos hasta la calle, ya que las únicas perso nas que caminan por las calles siempre enlodadas de los Sedimentos son aquellas que no pueden trepar…
, y quienes pretenden atacar a las que no pueden trepar.
Lo que hacemos es seguir una senda indirecta, ascendiendo y descendiendo por los edificios apiñados.
Aunque los Sedimentos se extiendan por la ciudad entera, ocupamos literalmente la sombra entre la colina y la muralla que se construyó para protegerla hace mil y pico de años.
En un espacio tan estrecho, lo único que se puede hacer es construir hacia arriba cuando surge la necesidad.
Por ello, hay gran cantidad de huecos y grietas por los que introducirse, cornisas a las que encaramarse.
Y, cuando no hay nada de lo anterior, la gente construye escaleras de mano o talla agarraderos en las paredes exteriores.
—¡Séptima campanada! —Anuncian los campaneros mientras descendemos por el lateral del apartamento que queda justo encima del mío, aprovechando los ganchos que clavé en la pared hace unos años.
Me encojo.
—Seguro que Mouse ya está despierto. —Duerme cada vez menos a medida que van pasando los años.
He oído que, en la colina, la gente vive casi hasta los cien años; pero aquí, en los Sedimentos, con suerte se llega a los cincuenta.
Mouse, que tiene cuarenta y cinco, está encanecido y hundido tras décadas de poca luz y escasa comida.
—Tienes tiempo de sobra para llegar al estadio si sigues decidida a participar en ese suicidio tan elaborado. —Mara no puede evitar convertir las palabras en armas. Abre la boca, pero parece pensarse la pulla que estaba a punto de soltar—. Maldita sea. Lo siento. De verdad que lo intento.
Se nos daban bien muchas cosas, pero la delicadeza no se contaba entre ellas. Trago saliva para deshacer el nudo que siento de repente en la garganta.
—Mara…
Ella me interrumpe:
—Más vale que vayas a despedirte de los pequeños.
Se me encoge el estómago. Me detengo delante de la puerta, pero no hago ademán alguno de abrirla.
Dentro de esta casa está todo mi mundo: Mouse, Pika, Quoll, los pequeños.
Durante veintidós años he luchado, entrenado y hecho todo lo que podía para asegurarme de que las personas a las que considero mi familia no se morían de hambre.
Las últimas Pruebas apenas duraron una semana y Mouse no ha encontrado evidencia alguna de que los anteriores durasen mucho más.
Sobrevivirán ese tiempo con la comida y los recursos que he escondido para ellos. Estoy segura. Casi del todo.
Sin embargo, en ese momento de vacilación, no puedo evitar susurrarle mis miedos a la única persona que sé que me entenderá.
—Estoy preocupada por ellos. Mouse es viejo y Pika solo tiene dieciocho años.
—Yo a los dieciocho me sentía como una anciana , pero ahora miro a Pika y solo veo a la niñita que me seguía a todas partes durante años.
Da igual…, tiene que dar igual. A nadie que viva en los Sedimentos le dura mucho la infancia—.
Si me sucediera algo durante las Pruebas…
—Kestrel. —Mara me agarra del brazo —. Les echaré un ojo mientras tú no estás. No importa cuánto tiempo sea.
El nudo que siento en el estómago se aprieta aún más.
—No es necesario que lo hagas .
—Ya me conoces. Jamás hago nada que no quiera hacer .
—S onríe, aunque no consigue enmascarar del todo el miedo que asoma a sus ojos—.
Bastante tendrás de lo que preocuparte en las Pruebas como para distraerte con lo que esté sucediendo aquí.
Tengo guardada algo de comida y soy mejor ladrona que tú.
No pasarán hambre y no tendrán motivos para desesperarse tanto como para atraer la atención de los Bastos. Te lo prometo.
No puedo sino abrazarla.
—Gracias . —Jamás le habría pedido algo así, a pesar del cariño que aún nos tenemos.
No solo porque Mouse me enseñó a ser fieramente independiente, sino porque no suele haber sobras en los Sedimentos.
Me siento bien al apretarla contra mí , me resulta natural.
Dioses, cómo la echo de menos. Hundo mi rostro en su cuello y susurro—: Voy a cambiarlo todo.
Solo tengo que sobrevivir a las Pruebas para pasar a formar parte de la nueva Cinque.
A partir de entonces todo mejorará. Ya lo verás.
—V oy a descubrir qué le pasó realmente a mi madre.
Y voy a matar a la Muerte para vengarla.
Mara se echa hacia atrás , pero apenas lo suficiente para unir su boca a la mía. Me da un beso fiero, apasionado. El roce de su lengua se me antoja una despedida. Es ella quien se aparta antes de que lo haga yo.
—No dejes que te maten, Kestrel.
Me falta un poco el aliento , me duele un poco el corazón. Doy un paso atrás .
—Ese es el plan.
Los ojos de Mara destellan.
—No me cabe duda de que lo intentarás. No soportaría la idea de que murieses por culpa de un plan que has heredado.
—An tes de que se me ocurra una réplica, Mara se marcha a la carrera.
Salta desde el borde del tejado del apartamento que hay bajo el nuestro y, tras una breve caída, aterriza sin problemas en un alféizar.
Yo inspiro y vuelvo a inspirar. Dejo que mi respiración aleje estos sentimientos contradictorios que siempre acompañan a la presencia de Mara: amor, frustración, comodidad, pena; todo ello enmarañado en mi pecho. Alargo la mano hacia la puerta, intentando convencerme de que es mejor así.
Al menos, si muero durante las Pruebas, Mara pasará un duelo por una amiga , y no por la pareja con la que esperaba compartir su futuro.