53. El hogar
EL HOGAR
Thalius también llora.
—Todos os daban por muertos, pero yo les dije que mi Nova era dura como una roca. Y, por lo que veo, Solterra también sigue de una pieza. —Entrecierra los ojos—. ¿Qué le ha pasado a tu modificación?
—Es una larguísima historia, viejo. Quizá te la cuente algún día, si es que queda vino de Rocheldy para entonces.
Thalius chasquea la lengua. Odia que Adrien lo llame así.
Kayan se asoma por detrás.
—Qué alegría veros. Os juro que me he conectado todos los días desde que os marchasteis. Yo tampoco perdí la esperanza de… ¿Dónde está el resto? ¿Levi? ¿Drusi? ¿Moriander y Baal?
Me quedo en silencio y desvío la mirada. Hablo en voz baja.
—La llamada de auxilio resultó ser una trampa. Los perdimos a todos.
Kayan contrae el rostro y cierra los ojos con fuerza, como si no supiera encajar la noticia.
—Elevaré mis plegarias de hoy por ellos. Es lo menos que un marcazul puede hacer por sus amigos. Sobre todo por mi carroñera.
Aprieto los labios para no echarme a llorar otra vez.
—¿Vais a volver entonces? ¿A qué distancia estáis?
Es Elias quien responde.
—Según mis cálculos, U.N.T.E.R. 09 se encuentra a unos cinco mil ciento ochenta y ocho kilómetros. Puede parecer lejos, pero sé que en el hangar conservamos al menos tres lanzaderas conectadas con ERIS. Podrían cubrir el viaje en poco menos que una hora y cuarenta y cinco minutos.
Miro a Adrien, que me sonríe sin creer lo que Elias acaba de decir.
Poder volver a casa en menos de dos horas me parece un milagro.
Ahora entiendo cómo nos rescataron desde Inferno.
Si el transporte no es un problema, esto puede salir bien.
Va a salir bien. Demostraremos que hay una manera mejor de liderar, de hacer las cosas.
Y cuando todo el mundo esté a salvo, entonces podré…
Thalius da un golpe sonoro en la mesa y mira a Elias con entusiasmo.
—En ese caso, puedes mandar las lanzaderas que quieras. Si necesitas apoyo para derrocar a esa tal Gobernadora, cuenta con nosotros. Te enviaré a mis mejores activos. Pero, por favor, en cuanto sea posible, déjame abrazarla. Queremos a Nova de vuelta.
Adrien resopla.
—Gracias, yo también os echo de menos. Te recuerdo, viejo, que soy el que mantenía a raya a los parias de mi calaña para evitar sabotajes y revueltas. ¿No me has echado nada de menos? ¿Ni un poquito?
Sonrío y abrazo a Adrien por la cintura para apoyar la cabeza en su pecho.
—Tranquilo, Solterra. He sobrevivido un año sin ti y, si lo consideras oportuno, no tendré inconveniente en que sean muchos más.
Adrien replica:
—Capullo.
Thalius se cruza de brazos.
—Imbécil.
Intervengo, como siempre que empiezan a pelearse.
—¡Parad ya los dos! No sé cuándo podremos volver. Dependerá de la situación en Babel. Pero sí, intentaremos que sea pronto. Yo también tengo ganas de abrazarte, viejo. Saluda a todos de mi parte, incluyendo a Évora y a Cyrus.
Elias suelta una carcajada.
—Oh, Nova, te están escuchando. Recuerda que forman parte de ERIS. De hecho, podrían…
Antes de que termine la frase, aparecen en pantalla. Évora abre la boca, emocionada, y sacude la cabeza provocando que la cortina de pelo platino se mueva de un lado a otro.
«¡Míralos, Cyrus! ¡Te lo dije! Me va a dar algo».
Cyrus sonríe y muestra sus profundos hoyuelos.
«¿Quién si no podría protagonizar una retransmisión masiva y liderar una revuelta de este calibre?».
Évora me guiña un ojo y me lanza un beso.
«Te lo dijimos, Nova. Si fuiste capaz de romperle los esquemas a un sistema, ¿cómo no vas a hacerlo con el resto del mundo? Tú eres el disparador del éxodo de U.N.T.E.R. Eres nuestra heroína. La cara de la revolución».
Sonrío, pero sus palabras me pesan como un yunque en el pecho. Quizá porque, en el fondo, no sé si me quedan fuerzas para ser el símbolo que todos necesitan que sea.