Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 52. La llamada
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52. La llamada

LA LLAMADA

Está ocurriendo, por fin.

No termino de creérmelo del todo, como si mi mente se negara a aceptar que mi mayor propósito está a punto de cumplirse. Y eso me aterra, porque no sé quién soy cuando no tengo una misión que ejecutar.

Me criaron para destruir a ERIS. Ese era mi único objetivo en la vida. Solo ese. Pero cuando descubrimos que El Núcleo estaba vacío, lo perdí junto con mi identidad. Por eso me agarré con todo lo que tenía a la idea de liberar Unter. Necesitaba seguir teniendo un fin. Ser útil. Ser alguien.

Lo mismo ocurrió al recibir la llamada de auxilio. ¿Cómo no iba a responder? ¿Cómo iba a dejar pasar la oportunidad de volver a tener algo más grande que yo por lo que luchar?

No sé hacer otra cosa.

Haber sido testigo de la historia de Elias me ha hecho darme cuenta de la dureza con la que me he tratado siempre. Quizá por eso las palabras de Baal duelen hoy un poco menos. «Complejo de salvadora». Sí. ¿Qué otra cosa podía ser?

Al cumplir siete años me contaron el plan de Némesis sin filtros.

Ese día supe que había nacido parar morir conectada a un servidor.

Mis padres usaron las palabras «fallo multiorgánico» sin parpadear.

Me insistieron en que era un privilegio enorme ser el arma secreta de la resistencia.

Porque yo, Nova Black, iba a salvarlos a todos.

Y eso es lo que llevo haciendo desde entonces.

Así que quizá, más que mi impulsividad y mi juventud, lo que me ha arrastrado a intentar solucionarles la vida al resto ha sido la creencia de que solo soy útil cuando sirvo a los demás.

—¿Lista?

Miro a Elias, sentado frente a la consola de la sala de comunicaciones. Adrien me aprieta la mano y se coloca detrás de mí para que apoye la espalda en su pecho.

La primera fase del plan es colocar drones alrededor de todo el perímetro de Babel.

Desde el Círculo Dorado hasta el claro frente al muro.

Vamos a llenar los vestíbulos de pantallas proyectadas para que todos y cada uno de los habitantes de Babel y de la ciudad subterránea escuchen la transmisión mundial que va a cambiarlo todo.

Elias ajusta los últimos parámetros mientras los drones empiezan a posicionarse. Los veo en las pantallas auxiliares repartidas por la pared. Los ciudadanos se agolpan frente a ellos sin entender qué está pasando. Otros huyen, asustados.

—En cuanto active la señal no habrá marcha atrás. Durante unos minutos nos oirá todo el mundo. Las proyecciones cubrirán toda la estructura de Babel y no podrán mirar hacia otro lado

Asiento.

Pienso en las unidades que aún no saben nada. En el vértigo que sentí yo al enterarme de que el exterior era habitable. En la primera vez que vi el mar y toqué la arena con los pies desnudos.

Pienso también en Sitara y en Malacai. Incluso en Gorgu. En cómo están a punto de ver desmoronarse el mundo desigual que han construido sobre la idea de que unos deben pisar a otros porque así es como debe ser.

—¿Quieres ser tú quien dé la noticia, Nova?

Niego con la cabeza.

—Creo que este momento forma parte de tu redención, Eli. Cuando hables a la cámara, piensa que es Bella quien te escucha.

Asiente.

La señal se activa y las pantallas empiezan a flotar por todos los rincones de Babel. En las inferiores, veo el resto de las unidades activas.

Un dron cámara flota frente a nosotros y enfoca a Elias.

—Este es un mensaje para todos y cada uno de los supervivientes del cataclismo que azotó a la Humanidad hace más de un siglo. Mi nombre es Elias Rissman, creador del sistema ERIS y arquitecto de la red de Unidades de Nodo Tecnológico de Emergencia y Reconstrucción. U.N.T.E.R.

Hace una pausa y toma aire. Sam le aprieta el hombro y me mira con emoción contenida.

—Para aquellos que aún viváis en unidades subterráneas, hay algo que debéis saber: el exterior es habitable. Lleva siéndolo desde hace más de cuarenta años.

No puedo escuchar lo que ocurre en las unidades que acaban de recibir la noticia, pero no hace falta. Algunos se abrazan, otros se llevan las manos a la cabeza.

—El mapa del mundo que veis ahora mismo en pantalla señala los puntos donde aún quedan ciudades subterráneas habitadas.

Y el más grande de todos pertenece a la U.N.T.E.R.

central, desde donde retransmito este mensaje.

A partir de hoy abriré las comunicaciones de manera bidireccional para que cualquiera que esté interesado en una alianza pueda solicitar ayuda.

Tenemos hangares con lanzaderas, reservas de comida suficiente para los próximos quinientos años y ganas de reconstruir un mundo que espero que cuidemos de otro modo esta vez.

Se aclara la voz y se gira para mirarme antes de seguir.

Alzo los pulgares en su dirección. Él traga saliva y se dirige de nuevo a la cámara.

—No os equivoquéis. Nada de esto será fácil.

De hecho, sobre la U.N.T.E.R. central en la que me encuentro se erige la ciudad de Babel, cuya Gobernadora, Sitara Vanderly, insta a los que ella llama «puros» a usar como esclavos al resto de las personas modificadas.

—Apoya ambas manos sobre la consola e intenta levantarse.

Las piernas le tiemblan—. Este es un mensaje para ti, Sitara: no fui capaz de pararle los pies a tu abuelo Barron y muchos inocentes murieron por culpa de mi cobardía…

Te aseguro que no voy a cometer el mismo error dos veces.

Así que escúchame bien. Desde hoy mismo, reclamo tanto Babel como la ciudad subterránea.

Y como primer mandato, anulo la señal de los mandos que yo mismo diseñé para contener a los modificados.

Teclea un comando en la pantalla flotante antes de seguir hablando.

—Soy consciente de que una resistencia silenciosa lleva años intentando derrocarte, Sitara, así que este es un llamamiento a todos los miembros de Aletheia.

Salid de donde estéis. Luchad. Ayudadme a construir la primera ciudad libre, a la que en vuestro honor llamaremos Aletheia Phōs.

Aletheia por verdad y Phōs por luz . Salgamos de una vez por todas de la oscuridad. Que empiece la revolución.

La retransmisión de Elias termina. Hay un segundo de silencio. Y luego, el caos, tanto en Babel como en la ciudad subterránea. Ya lo sabíamos. Pero sin el control de los brazaletes, con la ayuda de los drones de seguridad y de los enjambres de los drones eléctricos, Aletheia tiene las de ganar.

Una de las pantallas flotantes frente a Rissman muestra el mapa de la red U.N.T.E.R. con varias llamadas entrantes.

—Parece que los vuestros quieren hablar.

Mueve los dedos en el aire y la pantalla cambia.

Ver su cara me desarma y noto las lágrimas rodar por mis mejillas.

Sonríe mientras niega con la cabeza.

—Lo sabía. Sabía solo tú podías estar detrás de una revolución mundial, niña.