Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 51. La promesa
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51. La promesa

LA PROMESA

Adrien

Oigo el pitido de fondo antes de abrir los ojos. Lo primero que veo es el techo blanco y aséptico de la sala médica. Huele a desinfectante.

Lo noto de inmediato. Me falta algo, como si me hubieran arrancado un brazo o una pierna. Siento el vacío flotar entre mi cuello y mi espalda. Me llevo las manos a la mandíbula y empiezo a deslizar los dedos por las vendas, acariciándome hasta el pecho.

Pensaba que me dolería, pero no siento nada más que la sensación de ausencia.

Un malestar extraño, ajeno. Miro a mi alrededor y el mundo parece ir más despacio.

O quizá sea mi mente. Al incorporarme, la veo.

Nova duerme con la cabeza apoyada en el borde de la camilla.

Tiene el pelo suelto, desordenado sobre mis piernas. Su respiración es pausada y tranquila.

Como si notara mi presencia, se despereza y estira los brazos, aún con los ojos cerrados.

Cuando me ve, se queda estática. Las lágrimas empiezan a rodarle por las mejillas.

Estoy acostumbrado a conocer cada detalle de su biometría.

Las pulsaciones. La presión sanguínea. El momento exacto en que se le eriza la piel y se le dilatan las pupilas.

No poder anticipar sus movimientos me confunde.

Alarga una mano para colocarla sobre mi mejilla.

—¿Me recuerdas?

Pongo mi mano encima de la suya y asiento.

—Cada puto segundo a tu lado.

Nova salta sobre la cama y me abraza con fuerza mientras grita de felicidad. Al ser consciente de mis vendas, se aparta asustada.

—Lo siento, no quería hacerte…

—Tranquila. No me duele. Solo me siento raro. Como si no fuera yo.

Le coloco un mechón de pelo detrás de la oreja y se lanza contra mi pecho.

—Eres tú, Adrien. Muy tú. Tan tú que no podrías ser nadie más.

La adoro.

Se aparta para mirarme con los brazos alrededor de mi cuello vendado. Me da besos cortos, igual que en el recuerdo. En las mejillas, en los párpados, en la frente, en la barbilla.

—Te he echado tanto de menos… Joder, Adrien, no pienso separarme de ti nunca más.

Nos quedamos en silencio mientras me acaricia el pelo. Abre más las piernas sobre la camilla y se acomoda sobre las rodillas para sentarse en los glúteos.

—Aún no puedo creer que me recuerdes… La manera en la que me miraste cuando te saqué de aquel cilindro en Inferno me dolió más que cualquier prueba a la que haya tenido que enfrentarme.

—Cierra los ojos un segundo y exhala antes de continuar—: En algunos momentos he llegado a pensar en…

Ya sabes. Me imaginaba saltando de esta puta torre, usando la daga para…

Se muerde el labio inferior y empieza a llorar en silencio. Me incorporo para poner ambas manos en sus mejillas y limpiarle las lágrimas con los pulgares.

—Estoy aquí, Nova. Todo está bien.

Quizá debería decir algo más, pero siempre me ha costado elegir las palabras correctas para consolarla. Puede que no hagan falta. Los dos sabemos que hemos vivido una pesadilla que ha dejado una herida que no sé si podremos sanar algún día.

Asiente e intenta sonreír para recomponerse. Alarga un dedo hacia mi frente y da dos toquecitos con la punta.

—Cuéntame, ¿qué ha pasado ahí dentro?

Suspiro y vuelvo a apoyar la cabeza en la almohada.

—De todo. He revivido mis mierdas una vez más. Un regalo de nuestro querido Dorian. Hizo lo que ya sabíamos: hacerme creer que era un monstruo y que jamás estaría a tu altura. Y tenía razón.

Nova abre mucho los ojos y niega con fuerza, pero antes de que empiece a rebatirme pongo una mano sobre sus labios.

—Lo sé. Sé que piensas que nunca he sido un monstruo y que soy un tío extraordinario…

Y agradezco que fueras capaz de ver más allá de mi oscuridad y, aun así, quisieras quedarte a mi lado.

Pero Dorian la usó como un espejo para que creyera que mis actos formaban parte de mi identidad.

He sido un egoísta, Nova. He asesinado por sobrevivir.

He engañado, manipulado, usado a gente para lograr mis objetivos.

En cierto modo sí he sido un monstruo y él tenía razón.

Pero ahora elijo ser mejor que eso, ¿lo entiendes?

—Alargo la mano para acariciarle la mejilla—. Elijo ser mejor por ti.

La manera en la que me sonríe me desarma por completo.

Yo seré su hogar, pero ella es mi puto mundo.

—¿Cómo te sientes sin la modificación?

Me encojo de hombros y rozo de manera distraída las vendas.

—Pues eso, raro de cojones. Es como si me hubieran arrancado un brazo pero aún siguiera ahí.

Todavía oigo el zumbido de la columna. Y todo parece ir más lento, como si a mi mente le costara procesar lo que ve.

—Levanto el brazo derecho y aprieto los músculos—.

Además, tengo la sensación de haber perdido fuerza. De ser más débil.

Levanta la mano y pellizca mi bíceps, marcado por la flexión. Se muerde la lengua mientras sonríe de manera burlona.

—Estás igual de fuerte que siempre, te lo aseguro. Tienes pinta de tener el mismo… aguante .

Deslizo las manos por su espalda y le aprieto los glúteos con fuerza.

—¡Solterra! ¿Recién operado y con esas ganas?

—Llevo queriéndote echar un polvo desde que te vi dar saltitos acrobáticos en Los Conductos. Y ahí no me acordaba de ti. Así que imagina las ganas que tengo ahora.

Deslizo la mano entre sus piernas y emite un gemido.

—Elias o Sam podrían entrar en cualquier momento…

—¿Y desde cuándo eso ha supuesto un problema para ti, Black?

Se ríe, mira a la puerta y se acomoda.

—Punto para Solterra.

Baja un momento de la camilla, se quita los pantalones sin dejar de mirarme y vuelve a subirse a horcajadas sobre mis caderas.

—Estás convaleciente, así que déjamelo a mí.

Entrelazo las manos detrás de la nuca y silbo.

—Bendita memoria. Soy todo tuyo, Black.

Trato de concentrarme en cada gesto de su rostro cuando entro en ella.

Cómo pone los ojos en blanco durante un segundo. La manera en la que se muerde el labio inferior mientras se abre. El modo en el que mueve las caderas en círculos para sentirme más hondo.

Me incorporo lo suficiente como para agarrarla de la cintura y levantarla a peso una y otra vez, soltándola con fuerza sobre mí. Los gemidos se vuelven gritos que rebotan contra las paredes lisas de la unidad médica.

Se quita la camiseta y le arranco el sujetador para besarle los pechos sin dejar de moverme.

—Joder, Adrien…

Me mira con los labios hinchados y los ojos vidriosos.

—Ha merecido la pena esperar, ¿eh?

Se muerde la lengua y sonríe con una cara que me vuelve loco. Cierra los ojos y se mueve de manera frenética sobre mí.

—Mucho… No puedo más…

Empieza a sacudirse de manera espasmódica e irregular mientras me aprieta los hombros con las uñas.

Succiono uno de sus pechos con más fuerza mientras la oigo gritar mi nombre en pleno clímax.

Calculo para llegar con ella y terminar juntos.

Pensaba que sería incapaz de hacerlo sin mi modificación para anticiparme, pero la conozco tan bien que solo tengo que observarla para saber cuándo va a ocurrir.

Y, en cierto modo, sentirla sin metal de ningún tipo en mi cuerpo ha hecho que todo sea más real que nunca.

Se deja caer sobre mí y la envuelvo con los brazos para besarle la frente.

Su respiración se regula poco a poco hasta que suelta un suspiro.

—Ha sido increíble.

Le susurro al oído.

—¿Lista para cumplir tu promesa?

Se incorpora y me mira con el ceño fruncido.

—¿Promesa?

—Sí, la promesa. Hicimos un pacto, ¿recuerdas? Yo te ayudaba a liberar todas las U.N.T.E.R. y tú te olvidabas del mundo. Hablo de nuestra cabaña.

Nova sonríe con tristeza mientras se coloca junto a mí en la camilla. Tira de la sábana para cubrirnos a los dos y paso un brazo por debajo de su cuello para rodearla.

—¿No vas a decir nada?

Nova suspira y me coge la mano para acariciar el dorso.

—No sé si algún día podré permitirme ser solo yo…

—¿Es que no has hecho ya suficientes sacrificios? ¿O es que no quieres lo mismo?

—Ojalá bastara con querer algo para que todo lo demás dejara de importar. Supongo que no se trata de sacrificios, Adrien. Se trata de que ya no sé cómo dejar de luchar.