Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 50. El propósito
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50. El propósito

EL PROPÓSITO

—Te he traído té con miel.

Miro a mi izquierda. Sam sonríe y me ofrece una taza humeante.

La acepto y vuelvo a mirar a Adrien, tumbado en la camilla de la sala médica.

Tiene el cuello y parte del torso vendados.

Respira de manera acompasada. Llevo cuatro horas contemplándolo en silencio y empieza a dolerme la cabeza por el pitido del monitor con sus constantes vitales.

—Gracias, Sam. Eres muy amable.

—Si pudiera ruborizarme, lo haría. Sin duda alguna. Pero para eso tendría que subirme la sangre a las mejillas, claro, y no tengo sangre. Pero sí, ese comentario me habría hecho inmensamente feliz.

Le sonrío.

—No mereces menos.

—Veo que sigues aquí.

Me giro para mirar a Elias. Se acerca empujando la silla de ruedas con las manos.

—No va a recuperarse antes porque lo observes fijamente, Nova. Como te dije, los tejidos deben regenerarse. Dudo que despierte esta noche. Mañana por la mañana podrás conversar con él. ¿No crees que es mejor que duermas un poco?

Niego con la cabeza.

—No puedo dormir.

—Está bien. Entonces te haré compañía.

Nos quedamos callados un par de minutos. Elias rompe el silencio.

—Padre…

—¿Cómo dices?

—Perdona, pensaba en voz alta. Es solo que… me sentí muy raro cuando Dorian me llamó «padre». Estaba recordando ese extraño momento.

—¿Tuviste hijos?

Niega con la cabeza.

—Nunca. Aunque te confieso que he imaginado muchas veces cómo habría sido tenerlos con Bella. Intenté un par de relaciones fallidas allí arriba, pero no fui capaz de quererlas como se merecían…

Resoplo.

—¿Podrías dejar de machacarte por todo?

Sonríe con tristeza.

—¿Y a ti? ¿Te gustaría ser madre?

—En un futuro, sí. Sé que Adrien…

Abro mucho los ojos al recordar la conversación con Mim. Cojo aire antes de hacer la pregunta para la que no sé si quiero escuchar la respuesta.

—Elias, justo antes de bajar me enteré de que a la mayoría de los modificados los castraban.

Chasquea la lengua.

—Así es. Por la maldita Ley de Regulación Reproductiva que tanto le gustaba a Barron.

—¿Crees que a Adrien…? ¿Es posible que lo hayan…?

No puedo terminar la pregunta.

Elias aprieta los labios y me mira con tristeza.

—Es posible, Nova. Sobre todo si su destino fue la ciudad subterránea y no el Círculo de Bronce. Hasta donde yo sé, justo antes de ingresar por el control la primera vez, los obligan a pasar por la cirugía y les inyectan inhibidores permanentes.

El corazón se me encoge.

—¿Tienes alguna forma de saberlo? Me gustaría pensar que, algún día, Adrien y yo podríamos… —se me quiebra la voz— formar una familia, tal y como nos prometimos…

—Puedo hacerle pruebas, Nova. Así saldríamos de dudas.

Asiento y respiro hondo.

—Es hermoso, ¿sabes? Ver tanto amor en los ojos de alguien. Sobre todo después de haberlo perdido.

Intento cambiar de tema para evitar pensar en lo que podrían haberle hecho a Adrien. Me armo de valor para decirle lo que llevo días pensando, sobre todo después de que me apretara las manos en la sala de Memorium pidiéndome que lo castigara por su traición a Arabella.

—Sé que piensas que la redención ya no es posible para ti. Pero te equivocas.

—¿Ah, sí? Pues dime cómo redimirme, querida Nova, porque llevo un siglo pagando por mis pecados aquí abajo.

—Precisamente por eso. Los seres humanos nos movemos por propósitos, ¿no?

Tú ya has cumplido con el tuyo: castigarte.

Cien años, Elias. Cien años de penitencia.

¿No crees que son suficientes? Y ahora, justo ahora, aparezco yo.

Me dijiste que quizá era una señal. Que el hecho de pertenecer a la familia de Arabella podía indicar algo.

Y yo creo que sí. Que todo pasa por un motivo.

Y que estoy aquí para recordarte lo brillante y bueno que eres en realidad.

Desvía la mirada y se remueve en la silla.

—Ayúdanos, Elias. Solo tú puedes contactar con el resto de las unidades activas que aún desconocen que el exterior es habitable.

Solo tú puedes liberar Babel con ayuda de ERIS.

Derrocar a La Gobernadora y ayudar a los miles de modificados que viven hacinados y a los que usan como esclavos a unos kilómetros de distancia.

Si damos herramientas a los miembros de Aletheia, podríamos construir…

, no sé, la primera ciudad libre. ¿No sería hermoso, Elias?

Un lugar donde todos fueran bienvenidos.

Donde hubiera orden, sí, pero también libertad.

Como tratamos de hacer en nuestra Unter, pero aunando fuerzas.

—Quizá sea porque he vivido mucho más que tú, Nova, pero esa historia tiene más de cuento de hadas que de realidad. Parece imposible.

—Mi padre solía decir que todo lo posible fue imposible antes de lograrlo por primera vez.

Esta puede ser la nuestra. Y sobre todo, podría ser la señal que necesitas para perdonarte por lo que hiciste.

Ayudando a crear la primera ciudad libre cumplirías, por fin, la promesa que le hiciste bajo aquel árbol.

Abre mucho los ojos, como si mis palabras lo atravesaran.

—Hagámoslo juntos, Eli. Cumplamos el sueño de Bella.