Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 49. El pasado #2
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49. El pasado #2

Sonrío. Ella me ve de verdad. Cierro los ojos durante un segundo y, al abrirlos, me encuentro con una escena distinta. El corazón se me detiene al verla.

Cala y yo en El Duelo. Noto la voz de Dorian a mi lado y me aparto sobresaltado.

—Venga ya, Solterra. Puede que a Nova hayas podido engañarla, pero tú y yo sabemos que el verdadero Adrien fue capaz de matar a sangre fría a su primer gran amor. ¿Qué le dijiste al viejo Rissman sobre cruzar ciertas líneas? Tú las has cruzado todas, querido. Eres un puto monstruo.

Me tapo la cara con las manos al escuchar el grito de Cala. Al abrir los ojos, estoy en una sala que me pone los pelos de punta. No quiero estar aquí.

Dorian suelta una risa baja.

—Y hablando de cruzar líneas…

Se me aceleran los latidos. Debo de tener unos trece años.

Un grupo de cuatro hombres y dos mujeres me miran desde un largo sofá negro.

Las paredes del módulo están pintadas con grafitis, y la mesa frente a ellos está llena de drogas y alcohol.

El Baal de aquella época esnifa algo sobre la mano de una chica joven de largo cabello rubio.

Tiene la mirada perdida y los ojos azules apagados.

«—Pégale y cenarás caliente una semana, chico. Pero nada de gilipolleces, queremos una paliza de muerte. De esas en las que te vuelves loco y destrozas a tu oponente, como en El Foso.

Mi yo adolescente mira al anciano de piernas biónicas destrozadas que yace en el suelo con las palmas juntas.

»—Por favor, muchacho…».

No puedo verlo. No quiero revivir esto.

Noto las manos de Dorian a cada lado de mi cabeza, detrás de mí.

—Vas a mirar, Adrien. Quiero que recuerdes que eres un puto monstruo.

Trato de negar con la cabeza, pero no puedo. Me veo dudar un segundo antes de pegarle una patada en el estómago.

Baal me vitorea antes de beber de una copa alta y obligar a la chica a tomar un sorbo también.

«—¡Más fuerte, chico! He apostado por ti a que le revientas todos los órganos. ¡No te dejes ninguno!

Veo las lágrimas rodar por las mejillas de mi versión más joven mientras se agacha para machacar al hombre con los puños. Los nudillos se tiñen de sangre y todos aplauden.

»—¡MÁS, MÁS, MÁS!

Empiezo a llorar sin poder evitarlo.

»—¡MÁS, MÁS, MÁS!».

Dorian me susurra al oído.

—Mírate, destrozando a un inocente. Eras un monstruo antes incluso de ser un hombre.

«—¡MÁS, MÁS, MÁS!

El viejo de piernas biónicas es un amasijo de carne.

Ha muerto, pero no me permiten parar.

Baal grita.

»—¡Sigue, chico! Sigue hasta que toques el suelo con los puños. Y tú, preciosidad, mira eso. —Obliga a la chica a girar la cabeza para observar al muerto y empieza a besarla en el cuello mientras introduce la mano entre sus piernas—. Siéntete afortunada, porque, si no obedeces, esa podrías ser tú».

Dorian vuelve a susurrar.

—Un monstruo rodeado de monstruos. Por eso encajaste tan bien y te ganaste el favor de Baal, de los Drax, incluso de El Rey. Y luego pasó lo mismo en El Atrio. Lo sabes, ¿verdad? En realidad disfrutaste de cada golpe.

Niego con la cabeza. No puedo parar de llorar.

—No soy un monstruo…

—¿Seguro que no?

El escenario cambia otra vez y noto cómo las piernas me flaquean al ver a Levi, tan pequeño y vulnerable, tumbado a mi lado en un catre en El Foso.

«—¿Me lo prometes?

»—Claro que sí, pulga. ¿Cómo voy a abandonarte? Te lo prometo».

Dorian suelta una carcajada.

—¿Reconoces esa noche? Esperaste a que se durmiera y ejecutaste el plan maestro para escapar y postularte a Las Pruebas. «Te lo prometo». Tremendo cabronazo. Pobre niño…

—Tenía que salir de ahí… Yo…

Dorian alza la voz. Sigo de rodillas, sin poder levantarme.

—¡Egoísta de mierda!

—No podía soportarlo más, tenía que huir… Cuando Mama Oli… Yo…

—¡EGOÍSTA! ¡EGOÍSTA! ¡EGOÍSTA!

Dorian empieza a pasearse por la sala sin parar de gritar, señalándome.

—¡EGOÍSTA DE MIERDA! ¡MONSTRUO! ¡DESPOJO! ¡PARIA DEL 42!

Me tapo la cara con las manos. Se acerca a mí y se agacha para quedar a mi altura.

—¿En serio crees que Nova Black puede ser feliz con alguien como tú?

Me obliga a descubrirme.

—Mírame. ¿De verdad crees que eres capaz de hacer a alguien feliz? No es que huyas del conflicto, Solterra. Es que huyes de ti mismo. De lo mucho que te odias. ¿En serio quieres salpicarla con tus mierdas? ¿Destrozarle la vida?

Niego con la cabeza.

—Así me gusta. Métete esto en la cabeza: nunca serás suficiente, Adrien Solterra. Ni para ella ni para nadie.

Rompo a llorar como nunca lo he hecho. El quejido viene desde lo más hondo.

Me rompo y grito sin poder sostener tanto dolor.

Me doblo sobre mi estómago y apoyo las manos en el suelo.

Los recuerdos empiezan a llegar como sacudidas.

Inconexos, al principio, a borbotones. Cuanto más recuerdo, más lloro. Más dolor siento.

—Tienes razón…

Dorian se arrodilla a mi lado y tira de los mechones de pelo que caen sobre mi frente para verme la cara.

—¿Cómo dices?

—Que tienes razón… Ahora lo sé. He sido un monstruo. Y lo acepto.

—Por fin entiendes que…

No lo dejo terminar.

—Soy todo lo que me has enseñado. La sangre, la violencia, el odio, la rabia… Todo. Pero no elegí nacer en el Nivel 42. Ni luchar en El Foso. Tampoco puse las normas de Las Pruebas.

—Oh, pero lo disfrutaste, querido. Cada golpe, cada…

Vuelvo a cortarlo.

—Ahora sí quiero elegir.

Sonríe y me tira aún más del pelo.

—Es tarde para eso, Solterra.

Levanto un brazo y le atrapo la muñeca.

—Elijo a Nova.

Dorian frunce el ceño y levanto la rodilla para colocar un pie en el suelo e impulsarme.

—Me elijo a mí.

—No mereces nada de…

Levanto la otra pierna sin soltarlo y los dos nos incorporamos.

—Y elijo dejar de luchar contra ti. Acepto el monstruo que fui. Lo acepto, ¿entiendes?

Dorian niega con la cabeza, pero cuando habla, no sale ningún sonido de su boca. Me mira con expresión de terror.

«Eres mi hogar».

La voz de Nova resuena a nuestro alrededor. El escenario cambia.

Estoy en la sala de la intervención. Me veo a mí mismo tumbado en la camilla. Nova apoya una mano sobre el cristal.

«Te hará creer que eres un monstruo. Que no mereces nada. Necesito que te acuerdes de mí cuando eso ocurra. No olvides lo que te dije en el módulo: eres mi hogar».

Hogar.

Soy su hogar.

Su puto hogar.

Quizá no haya sido el hombre que merece, pero elijo convertirme en él.