47. El trío
EL TRÍO
Adrien
Me miro en el espejo y por primera vez en meses me parece ver al Adrien Solterra que salió de Unter. Me paso una mano por la mandíbula y noto el tacto de la piel recién afeitada. Los mechones de pelo siguen en el lavamanos. Paso los dedos entre el pelo corto y me meto en la ducha.
Nova me ha preguntado cómo me siento y no he sabido responderle. O no he querido. Porque dentro de mí sé que lo que estoy a punto de hacer va a cambiarme para siempre. Si es que sobrevivo…
Me enjabono el cuerpo y me veo en el reflejo de un tubo metálico.
Mi cuello reluce con la luz fría del techo.
Todo lo que he conseguido ha sido gracias a mi modificación.
Sobrevivir en el Nivel 42. Escapar de El Foso.
Ganar Las Pruebas. Convertirme en el benefactor más poderoso de El Atrio.
Y, aunque no lo recuerde, ayudar a Nova a darle la vuelta a Unter como un puto calcetín.
Paso los dedos por el metal para acariciar el borde entre mi piel y el cuello biónico.
No sé quién soy sin él. Un hombre débil, quizá.
Solo eso. Alguien incapaz de protegerse a sí mismo.
Y de protegerla a ella… Mi cuerpo ha reaccionado a Nova antes que mi mente.
Cada día que pasa a mi lado siento la urgencia de cuidarla, como si cada fibra de mi ser supiera que es mi prioridad absoluta.
Por eso voy a hacer esto. No solo por arrancar a este jodido parásito.
Necesito recordarla. Quiero mirarla a los ojos y sentir lo que ya noto latente.
Intuir lo que hay entre los dos es como tocar algo escondido bajo las sábanas.
Cuando la miro, lo sé. Sé que es ella.
Salgo de la ducha y me anudo la toalla en la cadera. Me sacudo el pelo y levanto la barbilla para volver a mirarme al espejo.
—Sé que estás ahí dentro, hijo de puta. Me han arrebatado demasiadas cosas en la vida. No pienso permitir que me robes lo único que parece haberme dado motivos para ser una mejor versión de mí mismo.
Cruzo la puerta hacia el módulo y me choco con Nova. Retrocede un par de pasos, me mira con los ojos muy abiertos y se le caen las botas que lleva en la mano. Su reacción es brutal. Se le dilatan las pupilas, exhala lentamente y los latidos se le aceleran hasta convertirse en taquicardia.
Me paso una mano por la mejilla y sonrío.
—Lo sé. Gracias.
—¿Qué… qué sabes?
—Que te encanta que me haya afeitado y cortado el pelo. Que no te importaría repetir nuestro encuentro en la ducha ahora mismo. O en ese recuerdo en el que no jugábamos al ajedrez.
Se pone roja y suelto una carcajada. Murmura entre dientes:
—No he dicho nada.
—Ni falta que hace, preciosa. Creo que voy a echar mucho de menos percibir cómo te pongo el corazón a mil.
Alza una ceja y da un paso hacia mí. Sin decir nada, me coge la mano y la pone sobre su pecho. Noto sus latidos a través de la palma.
—No necesitas una modificación biónica para darte cuenta de eso, Adrien. Te basta con mirar cómo tiemblo cuando estás cerca.
Se moja los labios y se acerca más a mí. La deseo. Muchísimo.
—¿De verdad piensas que soy un hombre extraordinario?
Sonríe y me acuna la cara con las manos.
—Más que eso, Adrien. Llevo meses odiándome por todo lo que pasó en Inferno, pero desde que hemos vuelto a estar juntos, el ruido no es tan alto. Todo duele menos.
Me inclino para quedarme a pocos centímetros de distancia. Toma la iniciativa y me besa. Es un beso corto y tierno. La saboreo y la exploro con calma, reconociéndola. Se aparta y me mira con lágrimas en los ojos.
—Eres extraordinario, sí. Pero también eres mi hogar .
Sus palabras me golpean. La abrazo con fuerza y hundo la cara en su cuello. No quiero soltarla.
Alguien se aclara la voz desde la puerta del módulo. Sam nos mira con emoción.
—No quisiera interrumpir un momento tan precioso, desde luego que no, pero… El doctor ya lo tiene todo listo para la intervención. Traigo estos patucos y este pantalón de polipropileno, también llamado tejido no tejido. Ligero, transpirable, desechable. No suelta fibras.
Parece que esté a punto de vendernos algo. Nos enseña el bulto que lleva y sonríe de manera exagerada.
Deja la ropa sobre la cama.
—Os espero fuera, queridos. Disculpad mi intromisión. A veces soy muy inoportuno. En una ocasión, qué vergüenza recordarlo, el doctor…
La puerta se cierra con un zumbido dejando a Sam fuera. Oigo el murmullo de su voz amortiguada. Me acerco a la cama para coger el pantalón y miro a Nova, que me observa con la cabeza ladeada.
—¿Vas a quedarte mirando mientras me desnudo?
—Me conozco de memoria cada parte de tu cuerpo, Adrien. Sobre todo esa.
Suelto una carcajada y me quito la toalla. Nova se muerde el labio inferior mientras sonríe.
—No me mires así, Nova… Te lo digo en serio. Un solo segundo más con esa mirada y… —Empieza a jugar con un mechón de su pelo y se muerde la lengua—. ¿Es que te has propuesto bajarme todas las defensas? Joder, si no quieres que te empotre contra esa pared ahora mismo, sal del módulo. Ya.
Ella suelta una risa baja y se acerca.
—¿Si no quiero qué , has dicho?
La agarro de las caderas y tiro de ella para apretarme contra su cuerpo. Abre mucho los ojos, como si no esperara mi reacción. La respiración se le acelera.
—Escúchame bien, preciosa. Quiero tener sexo contigo tanto como tú conmigo.
Tú lo sabes. Yo lo sé. Lo saben Sam, Rissman y hasta el puto reloj de cuco.
Y cuando llegue el momento, va a ser épico.
Créeme. Te haré todo lo que llevo días imaginando, en todas las posturas y de todas las maneras posibles. Pero…
Ella baja la mirada hacia mi entrepierna y sonríe.
—¿Pero?
La sujeto de la mandíbula para obligarla a mirarme a los ojos.
—Pero ahora que sé que tengo ese parásito no pienso darle la satisfacción de estar dentro de ti mientras observa. Me niego a que forme parte de esto. De nosotros.
Nova parece entenderlo y me mira con tristeza.
—Me parece bien.
Trato de sacarle una sonrisa.
—¿Lo de hacerte de todo y en todas las posturas?
Suelta una carcajada. Me encanta el sonido de su risa.
—Lo de romper el trío antes de desfogar meses de espera.
Le doy un beso rápido en los labios y empiezo a vestirme.
—Oye, Nova, si algo fuera mal…
Ella resopla indignada.
—¡Todo va a ir bien!
—Lo sé, pero por si fuera mal, déjame decirte algo. Puede que el Adrien que conocías hubiera visto arder Unter por ti. Pero sé que el hombre que soy hoy haría algo aún más increíble.
—¿Más increíble que reducirlo todo a cenizas? ¿Como qué?
—Como hacer que el mundo fuera un lugar seguro para alguien como tú. Un lugar mejor .