46. La lealtad
LA LEALTAD
—¿Cuántas probabilidades había, Nova? —Me aprieta las manos con más fuerza—. ¿Crees en el destino? ¿Crees que quizá estás aquí para castigarme por la traición que cometí contra la sangre de tu sangre?
Intento zafarme, pero, antes de conseguirlo, Adrien tira de mí y se coloca delante.
—No vuelvas a tocarla. Ya sabemos que te sientes un mierda por todo ese rollo del cataclismo, pero Nova no tiene nada que ver contigo ni con Arabella, por mucha sangre que compartan.
Elias vuelve a enterrar el rostro entre las manos.
—Lo siento… Es solo que… A veces desearía borrar esta culpa que me consume…
—Entonces borra tu conciencia, pero deja a Nova en paz.
Pongo una mano sobre el antebrazo de Adrien.
—Está bien.
Me acerco a Elias y me pongo de cuclillas para verle la cara.
—¿Sabes a qué me recuerda la culpa, Elias?
A la muerte. Crees que vas a superar que alguien desaparezca de tu vida, pero eso nunca ocurre.
Cada vez que piensas en esa persona, el dolor de su ausencia vuelve con la misma intensidad.
Y la culpa es igual. Aprendemos a vivir con ella, pero no desaparece.
Levanta una mano y me acaricia la mejilla. Adrien chasquea la lengua.
Voy a aprovechar esta casualidad para poner a Rissman de nuestro lado.
—Creo que hay algo con lo que no cuentas: el arrepentimiento. No borra lo que hiciste, pero es la única forma de que no lo repitas. Quizá estés a tiempo, incluso, de redimirte ayudándonos a derrocar a Sitara.
Me mira en silencio. Puedo ver en sus ojos el debate interno que sostiene.
—Déjame que te muestre un último recuerdo, Nova. Quiero contaros cómo terminé aquí. Cómo volví, una vez más, a poner mi lealtad en el sitio equivocado.
Asiento y me aparto. Adrien me rodea la cintura con la mano antes de entrar en el pasado. Sonrío al pensar que, pese a no recordarme, activo en él su instinto más protector.
—Antes de verlo, necesito que sepáis algo.
Como ya os he dicho, teníamos acceso total al resto de la red.
En la mayoría hubo revueltas antes del primer año.
Muchas de ellas encabezadas por personas con modificaciones, casi todas de niveles inferiores con más fuerza bruta que los demás.
Vuestro caso es especial. El Canciller Rocheldy tuvo una idea revolucionaria desde el principio: gamificar la estancia en U.N.T.E.R.
, adormecer con entretenimiento y convertir el espectáculo en la promesa de una vida mejor.
Eso hizo que las modificaciones se multiplicaran.
Todos querían tener ventajas para postularse como candidatos a Las Pruebas.
Y cuantos más ciclos pasaban y más sangrientas se volvían, mayor necesidad de conseguir mejoras tenían todos.
Después de tres generaciones, se convirtió en la norma.
Como digo, sois un caso curioso. En otras unidades, la violencia gratuita no estuvo tan controlada…
Miro a Adrien y luego a Elias de nuevo.
—¿Fue eso lo que pasó en las revueltas de las que hablaban los alumnos de Babel?
Suelta una risa irónica.
—Sí, bueno, supongo que lo cuentan a su manera.
Ese es el estilo de los Vanderly: les gusta narrar la Historia saltándose algunos pasajes…
Que conste que no culpo a Barron de su locura.
A los pocos años del descenso, un grupo de militares modificados entró en el módulo de sus padres y los mataron a sangre fría.
Preston y su mujer murieron en la cama. Fue una masacre.
Los destrozaron con puños y piernas biónicas.
Adrien interviene.
—¿Y se hicieron con el poder de la unidad?
—No, por suerte eran pocos. Otros militares lograron controlar a los sublevados y nombraron a Barron el nuevo Canciller, tal y como dictaban las normas de la red que el propio Preston me obligó a redactar sobre los cargos vitalicios.
Pero Barron empezó a obsesionarse con las modificaciones.
Decía que corrompían el cuerpo. Yo nunca quise hacerme nada, la verdad.
No me llamaba la atención, aunque tampoco estaba en contra.
¿Cómo podría? Amo la tecnología. Él, sin embargo, empezó a hablar de puros y mods.
Primero, como una broma privada. Luego, como parte de sus discursos de adoctrinamiento.
Se queda en silencio y respira hondo.
—Pensar en todo esto me agota, pero es importante que lo escuchéis.
Para aquel entonces, Barron se pasaba horas viendo las pantallas de otras unidades.
Se ponía en bucle grabaciones con ataques.
Le encantaba seguir vuestras Pruebas. Las veía como la confirmación definitiva de sus hipótesis.
Según él, el metal se incrustaba en el cerebro y terminaba por nublar las emociones.
Y la cosa empeoró cuando fue padre del pequeño Frederick.
Se volvió loco. Me pidió que diseñara unos brazaletes de contención.
«Por si acaso, Eli. Solo para emergencias.
¿Lo harás por mí?». Pero cuando logré crearlos, me pidió que fabricáramos más.
Cientos de ellos. Propuso que todos los mods los llevaran puestos siempre.
«Por precaución. Solo en caso de un ataque sorpresa».
Intentó ponerlos por la fuerza. Hubo revueltas.
Más de una. Y muertos. Demasiados. Hasta que su locura llegó a un límite que no pude permitir.
Se coloca en el centro del círculo y cierra los ojos. Respira hondo y el escáner le repasa el cráneo una vez más.
Aparecemos en la sala del núcleo de fusión. Un Barron de mediana edad, con ojeras y aspecto desaliñado, se lleva las manos a la cabeza.
«—No dejo de pensar en eso, Eli. Día y noche. Pum. Pum. Pum. Como el ruido de este núcleo girando, pero en mi cabeza. Pum. Pum. ¿Entiendes? Lo tengo claro, pero necesito tu ayuda para…
»—Sea lo que sea, Barron, deberías descansar un poco antes de tomar una decisión. ¿Cuántos días llevas sin dormir?
»—Eli… Eli, Eli, Eli… —Se acerca a él y le echa los brazos por encima—.
¿Y tú cuándo fue la última vez que te sentiste a salvo?
Porque yo no lo sé… No lo sé, Eli… Cuando cierro los ojos, veo a mis padres destrozados en esa cama.
A veces, incluso, veo a Frederick descuartizado con una panda de mods malnacidos a su alrededor…
»—Barron, solo son imágenes en tu cabeza. Todo está bien.
»—¡Nada está bien!
»—La situación está controlada. Les hemos puesto los brazaletes… ¿Qué más quieres?
Barron baja la voz.
»—Quiero que desaparezcan. Que mueran, Eli. Pero aunque así fuera, tampoco estaríamos seguros, porque… ¿Qué pasa si mi vecino de módulo decide modificarse? ¿Y si enloquece y me ataca? No… No quiero vivir así. No puedo condenarnos a un futuro incierto cuando hay una salida que lo arreglaría todo.
Elias lo agarra de los hombros.
»—¿De qué demonios hablas, Barron?
»—Del sistema de autodestrucción. De volar por los aires lo que queda de la red U.N.T.E.R. Es nuestro deber, Eli. Hay que aniquilar a la Humanidad para lograr la trascendencia. Hagámoslo juntos».
El recuerdo desaparece. Siento escalofríos y un malestar que me recorre todo el cuerpo. Elias avanza con la silla de ruedas hacia nosotros.
—Me negué a ayudarlo, por supuesto. Se necesitaban dos personas con acceso de administrador para volarlo todo por los aires.
Las revueltas continuaron. Barron puso en mi contra a las grandes familias y a la mayoría de los militares diciéndoles que era un mod encubierto que buscaba relegar a los puros a los últimos niveles, como en otras unidades.
Frunzo el ceño.
—Pero ¿cómo pudieron creer algo así? ¿No era obvio que estaba perdiendo la cabeza?
—¿Obvio, Nova? Utilizó el recurso más viejo de todos: un discurso perfecto de odio y miedo, como tantos otros a lo largo de la Historia.
Caló de inmediato. Les enseñó grabaciones de Las Pruebas de U.N.T.E.R.
09. La masacre masiva de la 201. El suicido colectivo de la 44.
El asesinato a la élite de la 16… Empezó a amenazar a todo el que me apoyaba.
Ejecutó a mods delante de mí para obligarme a cumplir con su plan.
Al resto les dijo que era yo quien quería destruirlos.
Mi única opción fue activar los cortafuegos a partir del Nivel 5 para ponerle lo más complicado posible llegar hasta los servidores sin comprometer su supervivencia.
Me encerré en lo más profundo de la unidad para evitar que su locura nos matara a todos.
Adrien chasquea la lengua.
—¿Esconderte en vez de luchar? Con ERIS de tu lado podrías haber silenciado las revueltas de Vanderly. Solo tenías que tomar el control con los drones.
—Qué fácil se ve todo desde la barrera, ¿verdad, Solterra? Preferí sacrificar mi vida antes que liderar una ciudad a golpe de látigo.
—Ya veo. Eso se lo dejaste al loco de tu amigo. Y Sitara recogió el testigo de su abuelo de puta madre.
—Piensa lo que quieras. Hice lo que creí mejor.
Les quité el acceso directo al almacén, pero los cinco primeros niveles estaban más que preparados para sustentarse.
Como se comprobó más tarde, fueron capaces de usar la alta tecnología de las instalaciones de la antigua Área 51 para construir Babel.
—Se queda callado unos segundos y suelta una risa irónica—.
El doble rasero es impresionante, ¿no creéis?
La tecnología mata su supuesta pureza, pero la usan para hacerse la vida más fácil.
Me recuerda a quienes, en mi época, criticaban la libertad de las mujeres en público para acostarse con ellas en privado.
Nos quedamos en silencio. Uno que pesa y que se enrarece a cada segundo que pasa.
—¿Listo, Solterra? —Adrien lo mira interrogante—. Quizá no confíes mucho en mis decisiones pasadas, pero espero que lo hagas con esta. Ha llegado la hora. Vamos a sacarte a ese parásito del sistema.