Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 41. La solución
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41. La solución

LA SOLUCIÓN

Adrien

El hormigueo de la frente se extiende por toda la cabeza. Hago un esfuerzo por abrir los ojos y, aunque los párpados me pesan, logro ver dos figuras borrosas frente a mí. Parpadeo hasta que la imagen se vuelve nítida.

Y la veo. Nova. La escena de la muerte de Levi vuelve a mí con todos los detalles. El cuchillo, la sangre, la sonrisa sádica.

—¡Maldita hija de…!

Intento incorporarme, pero estoy atado de pies y manos con unas correas ajustadas.

—Tranquilízate, chico. Así será complicado que puedas entender lo que está ocurriendo.

Miro al hombre de cara alargada y pelo blanco en silla de ruedas.

—¿Quién coño eres tú?

—Doctor Elias Rissman, muchacho. Arquitecto de ERIS, creador de la red U.N.T.E.R.

y, por lo visto, padre de un tecnoparásito evolucionado que vive en tu columna vertebral.

—Abro la boca para hablar, pero me hace un gesto para que siga escuchando—.

Antes de que me preguntes, mi cuerpo es sintético y tengo más de un siglo.

Nova interviene.

—Va a ayudarnos, Adrien. Tiene un plan para librarse de…

—Cállate la boca, Black. No vuelvas a dirigirme la palabra.

Nova resopla y mira al hombre.

—¿Puedes contárselo tú?

Él hace un gesto afirmativo y junta las manos sobre el regazo.

—Veamos, Adrien, ¿has tenido lagunas últimamente? —Asiento—. ¿Has notado una sensación de hormigueo en la frente o en los parietales?

Se masajea los lados de la cabeza y asiento de nuevo.

—¿A dónde quieres llegar con todo esto?

—Diseñé ERIS como un sistema autogestionado, pero le puse muchas limitaciones. Éticas, morales… ¿Imaginas qué pasaría si el código mutase y aplicase sus propias normas? Podría ser el fin del mundo. Aunque, bueno, creo que por ahí ya hemos pasado todos, ¿no?

Se ríe de su propio chiste y se inclina hacia delante.

—Cuando vendí la patente de U.N.T.E.R., salí en todos los medios.

Tenía dieciocho años. «El genio más joven de la Historia», así me llamaban.

No había nadie en el mundo que no supiera quién era Elias Rismann.

Empecé a tomar malas decisiones, una tras otra.

Y el resultado de la peor de todas está dentro de ti.

—¿Dentro de mí?

No responde. Respira hondo y mueve las ruedas de la silla de manera distraída.

—Digamos que el poder y la juventud no se llevan muy bien.

Creo que de eso sabes un poco, ¿no es así?

Firmé papeles que daban vía libre a otros arquitectos del código fuente para hacer lo que quisieran con él.

Más tarde me enteré del Protocolo Inferno y de las miles de personas sin recursos que no pudieron pagarse el pasaje a una de mis unidades y terminaron sirviendo como conejillos de Indias.

—¿Qué tiene eso que ver conmigo?

—El recuerdo de Nova matando a tu amigo no es real, Adrien.

El código de Inferno tomó autoconciencia y su único fin ahora mismo es convertirse en humano.

Te ha elegido como su huésped y controla tu cuerpo cuando duermes.

Ella ha intentado decírtelo, pero en ese momento el parásito ha conseguido anular el sentido del oído y ha implantado un recuerdo falso a través de tu sistema nervioso.

Miro a Nova. Aunque no sea cierto, no puedo quitarme la escena de la cabeza.

—Yo jamás haría daño a Levi. También era mi amigo.

Frunzo el ceño.

—¿Era? Entonces ¿es cierto que ha muerto? ¿Eso sí es verdad?

Se le humedecen los ojos.

—Murió en Inferno, al igual que Moriander, Baal y Drusi. A ella no la conociste, pero… —Se tapa la cara con las manos—. Levi y Drusi estaban juntos, y así lucharon hasta el final, a nuestro lado.

Siento vértigo. Trago saliva e intento llevarme una mano a la cabeza, pero la correa me lo impide.

Apoyo la espalda en la camilla sin poder creerme las palabras de Nova.

Levi ha muerto. Y también Moriander… No puede ser verdad.

Lo último que recordaba cuando desperté sin memoria era estar junto a ella en la cama. Noto un peso en el pecho.

Elias levanta una mano para apretarme la pierna en un gesto reconfortante.

—¿Lo entiendes ahora? ¿Entiendes que Nova no es la culpable?

Asiento y la busco con la mirada. Me siento desorientado.

—Perdón por lo de antes. No sabía…

—No pasa nada.

Habla mirando al suelo, como si quisiera evitar el contacto visual conmigo.

Elias rodea la camilla y desata las correas una a una. Me siento y me acaricio las muñecas. Me doy cuenta de que ya no llevo los brazaletes de Babel, pero las marcas siguen ahí. El anciano parece darse cuenta.

—Lo primero que hice cuando os encontré fue quitarte esos terribles brazaletes. Por cierto, siento mucho el golpe en la cabeza. —Exhala y nos mira a ambos—. Y ahora, la gran pregunta: ¿quieres librarte del parásito y recuperar cada uno de tus recuerdos, Adrien?

Hago un gesto afirmativo.

—Solo hay una manera, y ya le he adelantado a Nova que no os va a gustar, pero es la única con la que conseguiremos ambas cosas: eliminar a Dorian y recuperar tus recuerdos.

Su tono pausado me enerva.

—¿Y a qué estás esperando? ¡Dilo ya, viejo!

—La única manera de erradicarlo por completo es… extirpar .

Lo miro con el ceño fruncido.

—¿Extirpar el código?

—No, Adrien. Extirpar toda tu modificación.