39. El recuerdo
EL RECUERDO
Adrien
Le pasa algo. No sé lo que es, pero lo noto en su respiración, en sus latidos, en su manera de mirarme. Ha cambiado de idea sobre abandonar el plan de bajar a la Zona Cero. Me ha dicho que no podría perdonarse nunca dar media vuelta. Nada más. Y ahora responde a todo con monosílabos.
Descendemos por el hueco del montacargas. Ha valido la pena descansar y esperar un poco para retomar nuestro camino. Las manos apenas me duelen.
—¿Vas a decirme qué te pasa? ¿Seguro que estás bien?
—Sí…
Miente. No me hace falta usar la modificación biónica para saberlo.
Aterrizo sobre el techo y la suelto con suavidad a mi lado.
—Puedes contármelo. Sea lo que sea esa mierda que te está comiendo por dentro. Eres bastante transparente, ¿sabes?
Niega con la cabeza. Suspiro y retiro la rejilla para acceder al interior del ascensor.
—Como quieras.
No voy a insistir. Yo tampoco soy de los que van compartiendo sus sentimientos.
La ayudo a bajar.
—Por fin, la famosa Zona Cero.
Asomo la cabeza sin salir del todo. De nuevo, un corredor en penumbra y en completo silencio.
Entrelazo los dedos con los de Nova para tirar de ella. Mira nuestras manos, aturdida por el gesto, pero no se aparta.
—No te separes de mí. Vamos. Según el mapa, el acceso a los servidores está al fondo de este pasillo, junto a la cámara de fusión. ¿Has entrado alguna vez en una?
—No.
—¿Vas a seguir respondiendo con monosílabos? —No responde. Suspiro—. Yo solo entré una vez. En la de El Atrio. Es espectacular.
Avanzamos varios pasos y espero escuchar la voz de ERIS en cualquier momento, pero no se activa ningún cortafuegos. Caminamos por el corredor hasta la puerta del fondo, que se abre con un chasquido. La vibración envía un zumbido por mi modificación.
La cámara ocupa varios niveles de pasarelas suspendidas alrededor del núcleo de fusión, rodeado de anillos magnéticos que giran con un rumor grave y constante. Me quedo absorto en los movimientos fluidos.
—Me parece una puta locura que hace un siglo fueran capaces de crear centrales de fusión aneutrónica y meterlas bajo tierra. Supongo que era la única manera de tener energía ilimitada.
La vibración vuelve a recorrerme la modificación. Al fondo de la cámara, entre dos columnas de contención, distingo la salida hacia la sala de servidores.
Vuelvo a tirar de Nova, que mira el techo, formado por capas concéntricas de acero atravesadas por vigas gigantescas. Pasamos por delante de varios paneles luminosos que emiten una luz fría y pulsante, sincronizada con el latido del núcleo.
Al cruzar la puerta, entramos en un corredor largo y estrecho. Al fondo intuyo la antesala de las compuertas de acceso a los servidores. Son iguales que las de Unter. Un bloque sin hendiduras, liso.
Sistema de compresión activado.
No me da tiempo a pensar. Las paredes emiten un zumbido grave y empiezan a deslizarse hacia dentro. Es casi imperceptible al principio, pero avanza rápido. Miro el techo, que empieza a bajar.
Nova me mira con expresión de horror.
—Adrien…
Echamos a correr.
El pasillo se estrecha más deprisa de lo que esperaba. Cuando llegamos a la mitad, ya no podemos correr. Doy un paso más y el hombro me choca con la pared. El ruido del mecanismo es insoportable.
Avanzamos de lado, pero a esta velocidad no saldremos con vida. Aun así, no me detengo. Tiro de Nova, pegada junto a mí.
—Adrien… Tengo que decirte algo…
Noto su respiración agitada.
—Ahora no, joder. Tenemos que llegar al otro lado… Vamos, un poco más…
—Sé por qué no me recuerdas. Si vamos a morir aquí, quiero que lo sepas todo.
Me giro para mirarla con el ceño fruncido, pero no detengo mis intentos de salir de esta puta trampa de presión. Noto el hormigón de las paredes sobre las costillas. El techo me roza el pelo. Sigo arrastrándola hacia la salida.
—Hay algo que no te dije. Algo sobre Inferno. Un sistema evolucionado de ERIS transfirió su código a tu cuerpo. Lleva más de un siglo obsesionado con convertirse en humano… Y sigue ahí, Adrien, dentro de ti, bloqueando tus recuerdos conmigo, porque…
Su voz me llega amortiguada, como si alguien me hubiese tapado los oídos.
No quiero saberlo. No quiero escuchar nada más sobre esta mierda.
Estiro el brazo y rozo el aire al otro lado de la salida.
Miro a Nova, encogida a mi lado. Tiro de ella con todas mis fuerzas y caemos rodando fuera del corredor a punto de cerrarse.
Me incorporo con una mano sobre el pecho.
Nova jadea a mi lado.
Y de repente no la veo a ella. Las imágenes me llegan a fogonazos.
Levi en El Foso. Joder, hace años que no hablamos.
Siempre he intentado hacerle llegar créditos sin que lo supiera.
Cuidar de él en la distancia. La escena cambia.
Levi luchando contra Nova. Ella lo está degollando con uno de sus cuchillos.
Se pasa el filo por la lengua y sonríe. «Un umbra menos».
Hija de puta.
Parpadeo y vuelvo a centrar la mirada en ella.
—¿Adrien?
Una oleada de ira se apodera de mí. La agarro de la chaqueta y la estampo contra las puertas del servidor. Ella gime de dolor.
—Adrien, espera…
—Lo has matado.
Vuelvo a ver imágenes en mi mente. Levi desangrado en el suelo. Nova riendo, pateando su estómago. «Los parias del 42 me dais asco».
No lo soporto. La levanto del suelo por el cuello y se aferra a mis manos.
—No es… real, Adrien… Por favor…
Es como si no entendiera sus palabras. Como si una fuerza ajena a mí dictara cada uno de mis movimientos.
Quiero estrangularla. Hago caso omiso de sus intentos desesperados para que la suelte.
Patalea y me araña las manos. Le clavo los dedos en el cuello y aprieto cada vez con más fuerza.
Empieza a parpadear y dar manotazos con menos fuerza hasta que pierde el conocimiento.
Voy a matarla. Tengo que hacerlo.
Algo me golpea por la espalda y suelto a Nova, que cae a mis pies. Me llevo una mano a la parte posterior de la cabeza y noto el líquido espeso salir por la herida.
Veo los dedos llenos de sangre antes de desmayarme.