Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 38. La confesión
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38. La confesión

LA CONFESIÓN

Lo contemplo mientras duerme. No puedo dejar de pensar en sus manos acariciando mi cuerpo. Cada vez que recuerdo su tacto, siento cómo se me tensa el abdomen.

—¿En qué estás pensando? Me cuesta conciliar el sueño con tu ritmo cardiaco acelerado.

Trago saliva.

—Lo siento.

Abre un ojo y sonríe.

—No lo sientas.

Hemos decidido descansar un par de horas antes de bajar al Nivel 42.

ERIS no ha enviado más drones ni activado más cortafuegos.

Por un momento, y después de mucho tiempo, siento que no tengo la urgencia de salir corriendo.

Quizá sea por este colchón. O por tener a Adrien a mi lado. O la combinación de ambas cosas.

—A veces me pregunto por qué lucho.

Me mira y soy consciente de que he compartido mi reflexión en voz alta.

—¿Qué?

—Nada, es solo que… Tengo la sensación de vivir luchando. Y a veces no sé cuál es el fin.

—Si te sirve de consuelo, yo solo valgo para sobrevivir.

Lo miro y niego con la cabeza.

—Tú tienes un sueño, Adrien. Y no me refiero a vestir la túnica blanca como ciudadano de El Núcleo… Hablo de tu nuevo sueño. Aunque ahora no lo recuerdes, desde que salimos al exterior has tenido un plan propio: construir tu cabaña junto a un lago y cazar tu propia comida, ajeno al resto del mundo.

Levanta las cejas con un gesto de aprobación.

—Suena bien. Me apunto.

—Hicimos un trato. Tú me ayudabas a liberar a todas las U.N.T.E.R. y yo me escapaba contigo a tu cabaña. Pero ahora pienso que… —Cierro los ojos y exhalo—. ¿Por qué no pueden salvar otros el mundo? ¿Por qué tengo que hacerlo yo?

Adrien se incorpora y me acaricia la trenza.

—Porque tienes pinta de ser de las que no miran para otro lado. Y el mundo siempre acaba exigiendo más a gente como tú.

Nos observamos en silencio. Es como si Adrien supiera leerme del mismo modo que cuando nos conocimos.

—Siento decirte que no tengo ninguna intención de salvar a nadie, preciosa.

Pero, como bien has dicho, ya me conoces.

Quizá sea capaz de ver arder el mundo por la mujer a la amo, pero lo de salvarlo no va mucho conmigo.

Si accedí a bajar a la Zona Cero, fue para encontrar un modo de volver a Unter.

Y ahora que sé que todo ha cambiado por allí, que ya no existen Las Pruebas…

Deja la frase suspendida en el aire y respira hondo antes de continuar.

—Si hubiera sabido que no había un Atrio al que volver como benefactor, te aseguro que estaría fuera de Babel cumpliendo ese sueño de la cabaña que dices.

No lo digo en voz alta, pero la propuesta me quema en la garganta. Es él quien se adelanta.

—Bajar hasta aquí ha sido duro de cojones, pero estoy abierto a cambiar el plan si me lo pides.

Trago saliva.

Adrien me mira fijamente durante unos segundos y se tumba de nuevo.

—Piénsalo. Hay espacio en esa cabaña para ti.

Lo observo en silencio. Me cuesta creer que haya pronunciado esas palabras.

Ojalá pudiera decirle que sí. Que los demás me importan una mierda. Que llevo meses planteando lo mismo para mis adentros…

Pero no puedo.

No sé cuánto tiempo llevo durmiendo. Noto la respiración de Adrien muy cerca. Abro los ojos y lo veo a pocos centímetros de mi cara, contemplándome fijamente. Seguimos en la cama del módulo en el Nivel 36. Está sobre mí, con las manos apoyadas a ambos lados de mi cuerpo.

—¿Adrien? ¿Qué pasa?

—Creo que estoy empezando a recordar, Nova.

Contengo el aliento. No puede ser verdad.

—¿En serio?

Agacha la cabeza para susurrarme al oído:

—Recuerdo lo preciosa que estabas en El Banquete con ese vestido de raso morado que deseaba arrancarte.

Su voz susurrante me eriza la piel.

—Recuerdo la primera vez que lo hicimos en lo más profundo del 42 y cómo temblabas bajo mi cuerpo.

La respiración se me acelera.

—Y recuerdo cómo goteaba la sangre mientras te torturaba en aquella pared de Inferno.

Abro mucho los ojos. Adrien se aparta para que pueda verle la cara y esboza una sonrisa cínica.

—¿Eres feliz, Nova?

El terror me invade al escuchar esas tres putas palabras.

No puede ser él. No puede ser Dorian.

Me cuesta respirar. Me atrapa las muñecas con un movimiento rápido.

—Te dije que no iba a ser tan fácil, ¿recuerdas? Justo antes de que reventaras la esfera contra el suelo. No me creíste cuando te confesé que ya estaba dentro de tu querido Adrien.

Niego con la cabeza mientras noto las lágrimas rodar por mis mejillas hasta la almohada. Intento zafarme de su agarre, pero es imposible.

—Oh, no me mires así, Nova. Me engañaste aprovechando que mi sistema estaba nublado por la transferencia. Solo te he devuelto el favor. Cálmate, ¿quieres? Tienes las pulsaciones a doscientos, querida.

—¿Siempre has sido…? —Se me quiebra la voz. Trago saliva—. ¿Siempre has sido tú?

Esto no puede estar pasando.

Dorian suelta una carcajada.

—No, claro que no. Solo puedo tomar el control del cuerpo de Adrien cuando duerme o está inconsciente.

El pobre está hasta los cojones de las lagunas que le provoco.

Ya se está acostumbrando, pero al principio la frustración era terrible.

Sobre todo cuando lo acusaban de hacer algo que no recordaba.

Lleva meses pensando que lo drogaron, pero ese hormigueo en la frente es la resaca de cada toma de control.

Cuando maté a los guardias en nuestro viajecito.

Cuando ataqué a Malacai durante las pruebas de aptitud…

Vuelve a reír y exhala de manera relajada. Lo está disfrutando.

—Hijo de puta… Cuando se entere…

No me deja terminar la frase. Me aprieta las muñecas con más fuerza y acerca la cara a la mía.

—Te aviso, Nova: si le hablas sobre mi existencia, le haré recordar la muerte de Levi.

Solo que esta vez serás tú quien lo destroce.

La imagen será muy nítida. Nova Black matando con saña a su mejor amigo.

A su hermano. Y me centraré en recrear detalles macabros.

Dejaré grabado en su cerebro cada puto milímetro de tu cara de loca rabiosa asesinándolo.

¿Qué te parece? ¿Guardarás mi pequeño secreto?

Niego con la cabeza, aterrorizada.

—¿Por qué haces esto? ¿Qué coño quieres, Dorian?

—Bajar a la Zona Cero, igual que tú. —Me suelta las muñecas y se aparta de mí—. Necesito llegar hasta allí y confirmar si mis informes son ciertos. Pero no podía hacerlo solo.

Se pone de pie y aprovecho para sentarme y recular hasta el cabecero sin soltar la sábana.

Todavía no puedo creerlo. Dorian sigue aquí.

—Fui yo quien te atacó por la espalda en el Baile de la Pureza, Nova. Te dije que te esperaba en la ciudad subterránea porque te necesitaba conmigo. Además, te di una pista, ¿no? «Me lo debes, por Inferno». Por tu traición. ¿En serio no ataste cabos? Tan ingenua como siempre…

Intento levantarme, pero las piernas me fallan. Estoy temblando.

Es él. Joder, Dorian en el cuerpo de Adrien.

Trato de ponerme de pie, pero me tropiezo con la sábana y caigo de rodillas.

—¿Necesitas ayuda para levantarte?

Se acerca a mí para agarrarme del brazo. Entro en pánico.

—¡No me toques! No te atrevas a tocarme.

—Mi pequeña y terca Nova. Ya lo he hecho, ¿recuerdas? —Señala la puerta de la ducha—. Puede que fuera Solterra quien dominara el cuerpo en ese momento, pero he disfrutado muchísimo viendo cómo te retorcías bajo sus manos.

—Me das asco.

Acerca la cara a la mía y trato de llegar hasta la pared reculando con una mano sin soltar la sábana.

—Lo sé, pero no es recíproco. Yo te deseo, Nova.

De hecho, soy el único que te ama de verdad ahora mismo.

He bloqueado todos los recuerdos de la mente de tu Adrien desde el día en el que te conoció.

Así que cada mirada de tensión que tuvisteis, cada abrazo, cada beso, cada noche de sexo en vuestro módulo me pertenece solo a mí.

Y no tengo pensando devolverle nada. Aunque creas que está enamorándose de ti de nuevo, jamás permitiré que vuelva a quererte como lo hizo.

Tiemblo de ira y aprieto los puños.

—Te odio.

Intento darle un puñetazo en el pecho, pero anticipa mi movimiento y me agarra el antebrazo en el aire

—Ódiame todo lo que quieras, pero no abras la boca para delatarme.

Te lo advierto. —Me aprieta con tanta fuerza que suelto un alarido—.

Si he salido para decírtelo es por vuestra charla de mierda sobre abandonar esta misión y dar media vuelta.

Deja de joderme los planes y limítate a ayudarme a llegar a la Zona Cero. ¿Entendido?

El dolor de su tenaza es tan intenso que empiezo a no sentir el antebrazo. Asiento con rabia.

—Buena chica. Ahora duerme, Nova. Cuando despiertes, tu Adrien no notará nada, ¿verdad que no? Todo seguirá igual. Y tú tendrás más ganas que nunca de seguir bajando hasta el puto Nivel 42.

Me suelta y rodea la cama para tumbarse de espaldas en el otro extremo. Me miro la piel amoratada y contengo las lágrimas de ira.

Trato de recuperar el control de la respiración y, pasados unos minutos, empiezo a ver con claridad la situación. Esto lo cambia todo. Y para bien.

Ahora que sé que los recuerdos de Adrien están secuestrados por Dorian y no perdidos para siempre, pienso hacer lo que haga falta para sacar a ese puto parásito de su cuerpo.