Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 25. La nota
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25. La nota

LA NOTA

Me lanzo a abrazarla y se queda inmóvil. Seguramente no entienda mi reacción, pero llevo semanas haciendo cábalas sobre cómo llegar hasta ella. Me da una palmadita en la espalda y me separo para verla mejor.

Estamos solas. Necesito contarle que lo sé todo.

—Sé quién eres, Sira… La traición de Atticus, que bajaste a la ciudad subterránea, el castigo de tu madre…

Muda el gesto. Su sonrisa desaparece y clava la mirada en el suelo. Trato de hablar deprisa por si entra alguien.

—Lo siento muchísimo. Lo que has vivido es injusto, Sira. Injusto y terrible. Ahora entiendo tu reacción cuando te pedí que me ayudaras. No hace falta que te involucres, pero eres la única que…

Vuelve a mirarme y coloca el dedo índice sobre mis labios. Alarga la otra mano con el puño cerrado, como si quisiera darme algo. Acerco la palma y deja caer un papel arrugado.

Lo abro y entrecierro los ojos para leer el mensaje en voz alta.

—Aletheia te necesita tanto como tú a nosotros.

Sabemos que quieres bajar a la Zona Cero para activar las comunicaciones.

—La miro sin creerme lo que acabo de pronunciar.

Hace un gesto con la mano para que siga—.

Dirígete al control de la ciudad subterránea dentro de tres días y te ayudaremos a cruzar.

La respiración se me acelera.

—Joder, Sira… Llevo dos meses intentando… —Trago saliva e intento calmarme. Me parece demasiado fácil—. ¿Qué quiere Aletheia?

Me agarra la mano y empieza a deletrear en la palma.

—E-jér-ci-to… ¿Ejército?

Asiente y me señala.

—¿Mi ejército? No tengo un ejército, Sira. En Unter hay setenta mil modificados, pero no son soldados.

Vuelve a cogerme la palma.

—Haz… que… ven-gan… pa-ra… que…

La puerta se abre de golpe y nos separamos.

Me jode quedarme a medias, igual que la última vez que Sira se abrió conmigo.

Retrocedo un paso cuando veo entrar a La Gobernadora.

Va vestida de rojo, a juego con sus labios y con el enorme anillo en su dedo corazón.

La he visto en tres ocasiones desde que me convertí en cadete.

Todo el cariño con el que me hablaba desapareció en cuanto pisé el Círculo Plateado.

Se esfuerza en ser cordial conmigo, pero hemos perdido la intimidad que intentó construir cuando me tenía encerrada en la suite Borgoña.

—Sí, aquí están las dos.

Malacai entra detrás de Sitara y cierra la puerta. Le entrega un paquete pequeño a Sira, quien lo recoge y se lo guarda en un bolsillo del vestido gris. Hace una pequeña reverencia con la cabeza y se marcha sin mirarme.

Es la primera vez que estoy con ella y con su hija en el mismo espacio desde que conozco su relación.

No creo que logre verbalizarlo nunca, pero quizá lo que más me duele de su historia es lo reflejada que me siento.

Mis padres no me cortaron la lengua, pero me criaron para morir en la sala de servidores de El Núcleo.

Solo fui capaz de comprender lo injustos que fueron conmigo cuando lo vi en los ojos de Adrien al contarle el plan completo.

Él me recordó que yo era mucho más que un arma.

Ojalá poder decirle a Sira que ella también es mucho más que la hija de La Gobernadora de Babel. Mucho más que una modificada, aunque la hayan silenciado, literalmente.

Malacai se sienta en su silla y Sitara se apoya en el alféizar del enorme ventanal tras el escritorio.

—Estás aquí porque La Gobernadora tiene una… inquietud .

Sitara chasquea la lengua sin dejar de mirar a través del cristal.

—Oh, Malacai, ve al grano, ¿quieres? Nova no es imbécil.

El comandante respira hondo y entrelaza las manos.

—Creemos que el acto terrorista e inhumano que ocurrió en el Baile de la Pureza va a volver a repetirse. Muy pronto. Y no podemos permitir que los cimientos de Babel vuelvan a temblar. ¿Lo entiendes?

Asiento, aunque no sé lo que quiere de mí.

—Te he visto en acción. Sé cómo funciona tu mente. Y es brillante, Nova. Me queda claro que, pese a tu juventud, llevas años de entrenamiento físico, mental y táctico a las espaldas.

Sitara se incorpora.

—Lo que Malacai quiere decirte es que necesitamos esa cabecita tuya para identificar a los miembros de Aletheia.

—Se acerca a mí con pasos lentos y levanta una mano para acariciarme la trenza—.

Oh, no te equivoques, querida: sé perfectamente de lo que se te acusa.

Atticus Sterling casi se arranca la garganta rogándome que te colgara del muro por traidora.

Y justo por eso te necesito. Esa… empatía que te gastas y de la que todos hablan es lo que va a hacer que las ratas de Aletheia que se esconden en el Círculo de Bronce bajen la guardia.

La pregunta me sale sola.

—¿Empatía?

Sitara suelta una risa baja.

—Sí, querida, empatía. La famosa Nova Black, esa eres tú.

La extranjera que apuesta por la igualdad de oportunidades.

La que entrena a los cadetes de manera clandestina cada noche por pura generosidad.

La misma que comparte un banquete privado con sus compañeros pese a ser la única que se lo ha ganado.

Sé que no apruebas el sistema de Babel y que, si fuera por ti, puros y mods convivirían felices, dándose la mano.

Metal contra piel. Qué bonito, ¿verdad? Qué utópico.

Escupe la última palabra y se aleja unos pasos para colocarse de nuevo detrás de Malacai.

Trago saliva. Me cuesta creer que Sitara esté siendo tan brutalmente honesta y que el siguiente paso no sea colgarme del muro.

—Sea como sea, Malacai confía en ti. Y yo confío en él. Ambos creemos que no hay nadie mejor que tú para hacer creer a los miembros de Aletheia que están a salvo.

Nos quedamos en silencio. Quieren que me infiltre en Aletheia. Justo después de recibir su nota. Joder, la tengo dentro del puño todavía. Noto el roce del papel en la palma.

Sitara acaricia el pelo de Malacai, que cierra los ojos con el contacto. Me siento incómoda al ver la familiaridad con la que desliza la mano por su pelo hasta su cuello.

—Es gracioso, ¿sabes? Podríamos traducir aletheia como la palabra griega para «verdad», pero va mucho más allá.

No habla de una verdad objetiva, sino de un proceso: algo que estaba escondido y que sale a la luz.

Algo que se revela tal y como es. Y eso es lo que quiero que hagas, querida, que saques a todos sus miembros de las sombras, uno por uno.

Mi primer impulso es preguntarle qué gano yo con esto, pero me contengo. Tres días. Solo tres. Y estaré bajando a la ciudad subterránea para encontrarme con Adrien. Que La Gobernadora me necesite para patrullar el Círculo de Bronce me lo pone todavía más fácil para escapar.

—¿Puedes hacerlo, Nova? ¿Puedes ganarte mi confianza igual que te has ganado la de mi comandante?

Asiento y coloco el puño derecho sobre el pecho.

—Te demostraré que mi lealtad está con Babel.

Lo deslizo hacia el hombro. Sitara sonríe satisfecha.

Es irónico que ese mismo puño esconda la nota de Aletheia.

Fingiré hasta traicionarla, igual que hizo ella con su hija.