Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 19. La cadete
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19. La cadete

LA CADETE

Me miro en el espejo del baño y tiro de la chaqueta azul para acomodarla. Llevo semanas quejándome de los vestidos de Loretta, pero ahora que voy a tener que llevar el uniforme del Círculo Plateado todos los días, siento una nostalgia extraña, como si supiera que voy a echarlos de menos.

Acaricio los botones de acero y sacudo los hombros para ver cómo se mueven los flecos plateados. ¿En serio entrenan con esto? Es rígido e incómodo, todo lo contrario al traje de combate de Las Pruebas.

Después de que Malacai me mandara llamar, pude volver a mi dormitorio. Pasé allí el resto del día, esperando ver aparecer a Sira para preguntarle más cosas sobre la Zona Cero, pero no vino. Tampoco Loretta.

Al amanecer, dos guardias han aparecido para traerme al despacho del comandante, que me esperaba con un uniforme de mi talla sobre la mesa y una bolsa de mudas y objetos de aseo.

Respiro hondo mirando mi reflejo. No sé si esta Nova me gusta más que la de los corsés.

Al salir, Malacai me señala con la cabeza y la capitana Kuang, a su lado, levanta las cejas y sonríe con sorna.

—Quién iba a decirme que tras ese vestido dorado había un arma letal.

Me quedé a cuadros cuando te vi derribar a dos mods con una patada doble y un giro acrobático, querida.

Estoy deseando verte en acción. Espero que no te moleste que haya invitado a los cadetes de segundo y de tercero para tu presentación.

Me encojo de hombros. No sé qué responder. ¿Acaso tengo voz? ¿Serviría de algo que dijera que lo último que me apetece es ver al imbécil de Atticus Sterling?

Camino detrás de ellos por uno de los corredores hasta una puerta de hoja doble. Antes de abrirla, Malacai se gira para mirarme.

—Bienvenida al mismísimo centro del Círculo Plateado: El Anillo. Nuestra arena de entrenamiento.

Al cruzar, entrecierro los ojos. Es un espacio circular rodeado de gradas. Los cadetes se callan de golpe cuando nos ven entrar.

Malacai y Kuang me conducen al centro. Recorro sus caras con la mirada hasta encontrar a Atticus en la última fila. Tiene el brazo enyesado apoyado sobre el pecho y una expresión de odio que lo hace temblar.

Malacai se aclara la voz.

—Hoy damos la bienvenida a la cadete Nova Black. Algunos de vosotros la conoceréis de…

Antes de que pueda terminar, el cadete sentado a la izquierda de Atticus pone ambas manos alrededor de su boca y grita:

—¡Traidora!

Otros lo secundan. En pocos segundos, el ruido de las voces se vuelve ensordecedor.

Malacai levanta el brazo con la mano extendida y grita con todas sus fuerzas.

—¡SILENCIO!

Cierra el puño y todos los cadetes se callan de golpe.

—El próximo cadete que cuestione mis decisiones o las de La Gobernadora pasará siete días en La Pica. Aunque lo más probable es que salga empalado del agujero mucho antes. ¿Entendido?

Espera unos segundos antes de hablar. El silencio es pesado y cortante.

—A partir de hoy, Nova Black será una cadete más. Comerá, entrenará y dormirá con vosotros en el barracón de primero. Y para aquellos que os quejáis de que no ha pasado las pruebas de acceso, os tengo una sorpresa preparada.

Se gira hacia mí.

—¿Ves a los cadetes sentados en la primera grada? Son tus compañeros. Elige a uno de ellos para un combate cuerpo a cuerpo.

Cuento ocho. Siete chicos y una chica. Ella es la única que me sostiene la mirada sin desviarla. Todos son más jóvenes que yo y tienen pinta de no haber luchado en su vida.

Malacai insiste.

—¿A qué cadete de primero eliges para combatir?

Levanto la barbilla sin dejar de mirar hacia las gradas.

—A todos.

Kuang suelta una carcajada.

—Será una broma, ¿no?

Muevo el cuello de un lado para otro y estiro los brazos para activar los músculos.

—En absoluto. Puedo con todos. A la vez.

Estoy harta de que me traten como un objeto. Voy a demostrarle a Malacai quién soy. O quizá necesito hacer esto para recordármelo a mí misma.

El comandante tuerce la sonrisa y asiente.

—En pie. Todos.

No se mueven. Los cadetes se miran entre sí, como si buscaran refugio en los ojos de sus compañeros. La chica es la primera en levantarse. Empuja sus dos trenzas negras hacia la espalda y avanza un par de pasos.

Malacai habla de nuevo. Esta vez, con un tono más peligroso que autoritario.

—¿Es que la cadete Mim es la única que no está sorda? ¡He dicho que en pie, joder!

Esta vez su orden actúa como un resorte. Todos se levantan y corren hacia nosotros.

El comandante me señala.

—Rodeadla.

Obedecen de nuevo y forman un círculo imperfecto a mi alrededor. Hay demasiada distancia entre unos y otros, como si no supieran colocarse ni cubrir ángulos. Bajo mi centro de gravedad y giro un pie hacia fuera con los brazos en posición defensiva.

Malacai se sienta junto a Kuang en la primera grada y alza la voz.

—Cuando queráis.

El primero en moverse es un chico alto y nervioso que carga de frente.

Le golpeo la rodilla con el canto del pie y, antes de que caiga, lo uso de escudo con el segundo, que intenta agarrarme por la espalda.

Le clavo el codo en la garganta y bloqueo una embestida que me llega por la izquierda.

Podrían atacarme de manera coordinada y vencerme en dos segundos, pero no se comunican entre sí.

Dos vienen a la vez y chocan entre ellos cuando me agacho. Aprovecho para hacer un barrido con una patada circular y caen de espaldas.

Joder, me siento viva.

La chica ataca por fin, acompañada de un cadete pecoso que lanza un puñetazo con los ojos cerrados y acaba de bruces en el suelo. Ella bloquea mi primer golpe, pero logro agarrarla del brazo. Giro la cadera y la lanzo contra la arena. Cae de lado con un gemido.

Otro se abalanza con un grito torpe. Impulso el cuerpo hacia atrás, apoyo una mano en el suelo y hago un giro acrobático que me eleva por encima de su embestida.

Mis botas pasan rozándole el hombro antes de caer detrás de él.

Al tocar el suelo, lo derribo con una patada descendente que lo deja bocabajo, inmóvil.

Nadie se mueve. Se oye un murmullo incrédulo desde las gradas.

Atticus me mira con odio, rojo de furia. Niega con la cabeza, como si me amenazara en silencio.

Los cadetes a los que he tumbado empiezan a incorporarse y a volver a su sitio. Malacai aplaude con palmadas lentas y sonoras mientras se pone de pie.

—¿Y bien? ¿Algo que objetar sobre sus capacidades?

—Llega hasta mí y apoya ambas manos sobre mis hombros.

Nadie responde—. Eso creía. Os guste o no, es oficialmente cadete de primero.

Y por el espectáculo que acaba de darnos, quizá se convierta en la primera de la historia de Babel en promocionar a teniente en tiempo récord.

Miro las caras de odio de mis compañeros. El precio que acabo de pagar por volver a sentirme la Nova de siempre es haberlos puesto a todos en mi contra.

Sonrío para mí al pensar que la última vez que viví algo parecido fue el día que Adrien me reclamó como candidata en Las Pruebas.

Malacai me aprieta los hombros y proyecta la voz.

—Ahora sí. Bienvenida al Círculo Plateado, cadete Nova Black.