17. La petición
LA PETICIÓN
Froto para quitarme la sangre de los nudillos.
El agua caliente de la bañera de la suite Borgoña me relaja los músculos, pero mi mente sigue en modo supervivencia.
Acelerada, le doy vueltas a lo mismo una y otra vez.
«No me falles, Nova. Otra vez no». Las palabras de Adrien se me han clavado como un puñal.
Ha recuperado la memoria. Tiene que haberla recuperado. «Me lo debes, por Inferno». Pero…
Me abrazo las rodillas y dejo que las lágrimas se mezclen con el agua blanquecina salpicada de pequeñas flores moradas. No lo entiendo. O quizá no quiero entenderlo. Lo último que necesitaba escuchar de sus labios es que él también me culpa por todo lo que ocurrió en esa mierda de lugar.
—¿Se puede?
Levanto la mirada y veo a Loretta en la puerta.
Retuerce con nerviosismo la cofia entre las manos.
No respondo. Me limito a observarla en silencio.
Ella carraspea y se aproxima al tocador para arrastrar la silla hasta mí.
Aún conserva el golpe en la frente que se hizo durante el asalto de los mods al Gran Salón.
Apenas han pasado veinticuatro horas. La Gobernadora ordenó que me encerrara en la suite Borgoña hasta que decidieran qué hacer conmigo.
Poco después de que Malacai desapareciera con Adrien y la chica de pelo fucsia, los mandos volvieron a funcionar.
Fue inmediato. Todos los modificados cayeron al suelo con las muñecas unidas y los guardias del Círculo Plateado volvieron a tomar el control.
—Quería disculparme contigo, Nova…
Miro a Loretta con indiferencia y apoyo la espalda contra la bañera. Dejo caer los brazos por fuera. No respondo. No tengo nada que decirle. Lleva mintiéndome desde el principio.
—Necesito contarte esto… La Gobernadora me pidió que te vigilara de cerca.
Me relegó de mi cargo en el área médica porque no confiaba en nadie más.
Dijo que tenías información muy valiosa que nos salvaría a todos.
Luego tuvo la idea de que Atticus Sterling se hiciera pasar por…
Bueno, yo no estaba de acuerdo… Odio las mentiras, Nova.
Con toda mi alma. —Se saca un pañuelo del escote y se da toquecitos en el lagrimal—.
Lo siento muchísimo. Eres una joven increíble, ¿lo sabes?
No sé cómo lo has hecho, pero has conseguido que yo misma me cuestione tantas cosas…
Se le quiebra la voz y rompe a llorar. Se tapa la cara con las manos.
Cuando logra calmarse, se suena la nariz y me mira con los ojos rojos.
—Yo era una niña cuando construimos Babel…
Siempre escuché que las mujeres éramos imprescindibles.
Nunca cuestioné los motivos. Fui de las primeras en asistir a la Escuela de Damas.
¿Sabes cuál es el lema de esa institución, Nova?
—Niego con la cabeza—. «Cuidar. Gestar. Acompañar».
Hay pocas chicas que puedan elegir otro camino.
Y cuando lo hacen, siempre hay consecuencias…
El silencio se vuelve incómodo. Loretta suspira y apoya los puños sobre los muslos.
—No he venido solo a disculparme. Estoy aquí para advertirte. Atticus ha presentado una acusación formal por traición. Contra ti, Nova. Es algo muy serio. Dice que le rompiste el brazo cuando intentaba protegerse del mod con el que te encontraron. Ha pedido que te cuelguen del muro.
El corazón se me acelera. Loretta se deja caer de la silla hasta que las rodillas chocan contra el mármol. Me agarra una mano entre las suyas.
—Te lo suplico, Nova, pídele perdón a Atticus. Dile que vuelva a considerarte como esposa. No será fácil, lo sé. Pero necesito que entiendas esto: ser sumisa siempre será mejor que estar muerta.
Me suelto lentamente y niego con la cabeza.
—No para mí, Loretta. Prefiero morir antes de que ese cabronazo me anule. Pero si tantas ganas tienes de que viva, ayúdame a bajar a la ciudad subterránea.
Parpadea, confundida. Se lleva una mano a la cabeza, como si tratara de procesar lo que acabo de pedirle.
—Pero ¿tú sabes lo que estás diciendo? ¡Te matarán en cuanto cruces el control! No tienes modificaciones biónicas, es la única manera de…
Antes de que pueda terminar la frase, la puerta se abre. Sira se acerca a pasos rápidos y le entrega un papel a Loretta. Los dedos le tiemblan mientras lo lee.
—Oh, mi niña… Me temo que… —Traga saliva y se guarda la nota en el delantal—. Te han convocado en el Círculo Plateado. Debo llevarte de inmediato al despacho de Malacai. Voy a… Voy a buscarte un vestido… Ahora mismo vuelvo…
Loretta nos deja solas. Sira coge una enorme toalla morada y la sostiene por los bordes delante de la bañera. Me hace un gesto para que salga. Me dejo envolver por ella y la miro a pocos centímetros de distancia. Hay algo que me muero por preguntarle desde que lo escuché.
—¿Qué es Aletheia?
No reacciona con extrañeza ni miedo. Para mi sorpresa, curva los labios en una media sonrisa. Agarro la toalla con una mano y le enseño la otra.
—Escríbelo.
Ella niega con la cabeza, pero empieza a escribir de todos modos.
—Pe-li-gro-so… —La miro con fastidio—. Me importa una mierda que sea peligroso. ¿Es una especie de resistencia? ¿En contra de La Gobernadora?
Suspira y asiente.
—¿Formas parte de ella?
Me suelta la palma de manera brusca y se gira para marcharse.
—Espera, Sira… ¿Puedes ayudarme a bajar a la ciudad subterránea?
Me acerco para sujetarla del brazo y oigo su voz por primera vez.
—¡Mo!
Le sale nasal, con la ene parecida a una eme, pero capto su negativa.
—Solo necesito que me ayudes a bajar. Si supieras cómo entrar en…
Se deshace de mi agarre, cruza los brazos y lo repite varias veces con rabia.
—¡Mo! ¡Mo! ¡Mo!
Se aferra a mi toalla. Las lágrimas le resbalan por las mejillas.
—Sira, cálmate, por favor…
Loretta entra de nuevo y nos separamos de inmediato. Sira agacha la cabeza y se acerca a la bañera para recoger las flores que aún flotan en el agua.
—Ya no tengo acceso a los vestidos de… —Mira en dirección a Sira y baja la voz en un susurro—: He robado esto del armario de los Desrosiers. Me estás convirtiendo en toda una rebelde.
Sonrío con tristeza al escucharla.
—He cogido el más feúcho, no creo que se den cuenta.
Es un vestido marrón, sin vuelo, con las mangas abullonadas y el corte bajo el pecho. A pesar de no necesitar ayuda para colocármelo, me hace un gesto con la barbilla para que levante los brazos.
—Déjame peinarte una última vez, ¿quieres? Venga, siéntate aquí, frente al tocador… Que no se diga que… —Se le rompe la voz. A través del espejo veo cómo llora desconsolada—. Perdona, ya está. Ya está.
Me divide la melena en cuatro mechones y empieza a tejer una enorme trenza de espiga que cae gruesa sobre mi hombro.
Cuando termina, me levanto para seguirla hasta el Círculo Plateado, pero antes de dar un paso, Loretta me abraza, rodeando mi cuerpo con fuerza. Cuando se separa, se limpia las lágrimas y apoya las manos sobre mis hombros.
—Pase lo que pase, la cabeza bien alta. No serás una Sterling, pero eres una Black, que es más que suficiente. —Respira hondo y me mira con los ojos brillantes—. Lo tengo decidido: voy a defenderte. Quizá Malacai se piense que no tienes apoyos, pero los tienes. Te haces querer, Nova. Y mucho.
Su discurso me emociona. Ahora soy yo la que se lanza a sus brazos. Me da unos golpecitos en la espalda y me aprieta el hombro.
—¿Lista?
Miro a Sira. Sigue fingiendo que limpia la bañera mientras nos observa de reojo. Me gustaría despedirme de ella, porque no tengo ni idea de lo que me espera en el Círculo Plateado, pero no levanta la cabeza cuando nos vamos.
Camino junto a Loretta por el corredor hasta uno de los vestíbulos. Un guardia nos abre la enorme puerta hacia las escaleras que me trajeron al Círculo Dorado el primer día. Paso la mano por la barandilla de mármol mientras desciendo.
—¿De verdad le rompiste el brazo al chico Sterling?
Me detengo entre dos escalones y se gira para mirarme. Supongo que no tiene sentido mentir. Asiento. Loretta se encoge de hombros y sonríe.
—Se lo tiene merecido. Es el que más trapos sucios acumula allí arriba, te lo aseguro.
— Reanudamos el paso y baja la voz—. Y entre tú y yo, lo de su abuelo tampoco me da ninguna pena.
Silas solía aparecer por la Escuela de Damas cuando yo era joven…
Nos tenía a todas aterrorizadas, aunque ninguna nos atrevimos nunca a decirlo.
Ni siquiera lo hablábamos entre nosotras.
A pesar de los susurros, percibo el punto de emoción y nerviosismo en su voz, como si fuera la primera vez que se permite pronunciar esas palabras.
Después de bajar varios niveles, Loretta se detiene frente a una puerta y llama tres veces. Al entrar, miro los estandartes de seda azul oscuro con un círculo plateado en el centro. Cuelgan del techo cada pocos metros hasta perderse en el otro extremo.
Al pasar por delante del guardia, oigo claramente cómo me susurra con odio:
—Traidora.
Lo ignoro y sigo a Loretta por el largo pasillo. Se detiene frente a una de las salas y respira hondo. Me mira con tristeza.
—Déjame hablar a mí.
Llama y oigo la voz de Malacai amortiguada al otro lado.
—Adelante.
Loretta entra de manera atropellada, con el índice levantado, señalando al comandante con rabia.
—Una cosa te voy a decir, Malacai Reed, Nova Black es una buena chica. No seré yo la que desacredite a Atticus Sterling, pero colgarla del muro para que…
—Nadie va a colgar a Nova del muro, Loretta.
—¡No se merece algo así! ¡El muro es para los…! —Parece darse cuenta de la respuesta y baja el dedo despacio—. ¿Cómo dices?
Malacai se pasa una mano por la cara, visiblemente cansado.
—He desestimado la acusación del cadete Sterling. No hay pruebas. Y, aunque las hubiera, La Gobernadora y yo hemos convenido que Nova es más valiosa para Babel aquí, en el Círculo Plateado.
Loretta lo mira con el ceño fruncido y luego a mí, como si yo supiera algo que ella desconoce. Me encojo de hombros. Malacai se cruza de brazos y se inclina para apoyarse en el respaldo de su silla.
—Jamás he visto a nadie luchar como tú, Nova.
Loretta suelta una carcajada.
—Pero cómo va Nova a… Un momento, ¿la quieres como cadete?
Malacai asiente.
—Tengo que verla en acción, pero si los saltos acrobáticos y las combinaciones de golpes que vi en el Gran Salón no fueron una casualidad, puede que esté delante de una futura capitana.
Loretta se tapa la boca con las manos.
—¿Y qué pasa con la Escuela de Damas?
Malacai no responde a su pregunta.
—Ya no se requieren más tus servicios, Loretta. Puedes retirarte y volver a tus labores como responsable del área médica del Círculo Dorado. Y ahora, si me disculpas, la cadete y yo tenemos asuntos que tratar.
—Tú no me das órdenes. Te lo he dicho millones de…
Malacai se levanta y da un golpe en el escritorio.
—¡Fuera!
Loretta se pone roja. Me mira, contrariada, y acerca su mano a la mía para apretarla con cariño. No dice nada. Se gira con un bufido y da un portazo al marcharse.
Malacai se pone de pie, rodea la mesa y se acerca hasta mí. Su altura me hace dar un paso atrás.
—Olvídate de vestiditos con corsé, baños perfumados y paseos al atardecer.
Aquí nos preparamos a diario para el ataque inminente de los mods.
Y después de lo ocurrido en el Baile de la Pureza, he triplicado los turnos de entrenamiento.
Eres oficialmente cadete de primero del Círculo Plateado, Nova Black.
A partir de ahora, estás bajo mi mando. ¿Entendido?
—¿Acaso tengo opción?
Malacai levanta las cejas, sorprendido por mi actitud. Sonríe de manera peligrosa y se inclina hacia mí.
—Ahora que tu niñera se ha ido te confesaré algo: vi cómo reventabas el brazo de Atticus con una patada lateral perfecta.
Ya estarías colgada del muro de no ser por mí.
Y del mismo modo que he convencido a La Gobernadora de que puedo convertirte en un activo útil, puedo hacerle creer que eres la mayor amenaza para Babel.
Así que cuida bien tus palabras, cadete.
Lo único que quiero escuchar de tus labios es «Sí, mi comandante».
Ahueca la mano alrededor de la oreja esperando a que repita la respuesta. Trago saliva y exhalo despacio por la nariz.
—Sí, mi comandante.
—Así me gusta. Y ahora, veamos de lo que eres capaz.