16. La rehén
LA REHÉN
Lucho contra los mods que se abalanzan sobre mí, pero mi mente sigue en la imagen de Silas muriendo.
En la satisfacción que me ha provocado ver el tenedor atravesarle la carne una y otra vez.
Me ha dado paz. De algún modo, cuando he visto la sangre resbalar por sus hombreras de flecos dorados, no he podido evitar pensar que se merecía cada puñalada.
Esquivo una pierna biónica y uso una silla para protegerme de un nuevo golpe directo a mis costillas.
Hay algo más que me hace sentir culpable: la adrenalina. Mi cuerpo echaba de menos luchar. Estoy disfrutando de cada puñetazo. Noto la fuerza subirme desde las piernas hasta los hombros. Es como si necesitara recordar que no soy un adorno, sino alguien entrenado para sobrevivir.
El caos en el Gran Salón es total. Hay gritos por todas partes, cristales rotos y mesas volcadas. No sé qué coño está pasando, pero es lo último que esperaba vivir esta noche.
Los guardias del Círculo Plateado luchan cuerpo a cuerpo, desbordados, mientras los mods atacan de manera torpe y salvaje. No hay rastro de ningún general.
He perdido la pista de Adrien después de salvarlo de Atticus y de otro guardia.
Veo a la capitana Kuang proteger a varios niños, arrinconados contra uno de los ventanales.
Hay cuerpos por todas partes. Heridos. Muertos.
Tengo que encontrar a Adrien. Puede que no tengamos otra oportunidad para salir de aquí.
—¡Nova, detrás de ti!
Miro a Malacai, que señala detrás de mi hombro y corre en mi dirección. No me da tiempo a girarme. Noto una cadena de hierro pesado rodearme el cuello. Sé quién es antes de que hable. El calor de su cuerpo, la altura, su olor.
Malacai llega hasta nosotros. Tiene una herida abierta en la mejilla y el traje roto a la altura del brazo.
La voz grave de Adrien resuena en mi pecho.
—Acércate más y le rompo el cuello.
Malacai levanta ambos brazos.
—Suéltala.
—Y una mierda. Antes prométeme que voy a salir vivo de aquí, porque tiene toda la pinta de que vas a cometer un genocidio en cuanto esos mandos funcionen. No tengo ni puta idea de lo que ha ocurrido, solo quiero sobrevivir. Esto no va conmigo.
El comandante se acerca un paso más y Adrien aprieta la cadena contra mi cuello. Me agarro a su antebrazo para no caer. El contacto con su piel me acelera el corazón. Cierro los ojos y lo acaricio con la yema de los dedos.
Malacai recula.
—Hecho. Suéltala y te llevaré ahora mismo a la ciudad subterránea. Será como si nunca hubieras estado aquí.
La modificada de pelo fucsia se acerca corriendo. Tiene la cara salpicada de sangre. Adrien la señala con la cabeza.
—Ella se viene conmigo. Ahora.
Malacai asiente.
Echo la cabeza hacia atrás para mirar a Adrien. Antes de retirar la cadena y de empujarme hacia el comandante, se inclina. Por un segundo, siento que me reconoce.
—Te espero abajo. No me falles, Nova. Otra vez no. —Se me corta la respiración—. Me lo debes, por Inferno.