Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 14. Las disculpas
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14. Las disculpas

LAS DISCULPAS

La gente se aparta, formando un círculo a nuestro alrededor. Me incorporo con dificultad y nos quedamos a pocos centímetros. Noto el calor de su piel.

—Adrien…

Vocalizo su nombre casi en silencio. Él frunce el ceño.

Mi primer impulso es abrazarlo. Siento la urgencia de lanzarme contra su pecho, llorar y besarlo hasta borrar el dolor de su ausencia. Necesito decirle que lo amo y que voy a sacarlo de aquí. Pero no puedo exponernos a los dos. Sería un error.

Tiene los labios agrietados y la piel quemada en algunos puntos, como si hubiera estado muchas horas expuesto al sol.

Su cuerpo está lleno de golpes y heridas.

Le han dado una paliza. O muchas. Viste un pantalón gris, nada más.

Sobre su pecho desnudo lleva el arnés con cadena típico de los mods.

El roce con las cintas de cuero que cruzan desde los hombros hasta las caderas le ha provocado heridas, cubiertas de sangre seca.

Alguien tira de mi mano con tanta fuerza que suelto un grito. Me giro para confrontarlo.

Atticus me retuerce el brazo y me lo coloca a la espalda.

—Querida, no me gusta que te acerques tanto a estos salvajes. Y menos a este monstruo. Le di una buena paliza durante sus pruebas de aptitud, pero sería capaz de destrozarte en dos segundos, te lo aseguro.

Adrien lo mira con asco y ladea la cabeza, como si hiciera un esfuerzo por reconocerme. El guardia que sostiene su cadena lo empuja para que siga andando.

Intento zafarme de Atticus para seguirlo, pero su agarre es implacable. Me susurra al oído a mi espalda.

—Compórtate, Nova. No voy a darte más avisos.

Veo pasar al resto de los modificados. Detrás de Adrien aparece una mujer joven con el pelo teñido de fucsia y recogido en dos coletas altas.

Tiene un ojo biónico rosa con la pupila en forma de corazón.

Y junto él, a la altura del pómulo, el tatuaje de un diamante del mismo color.

No viste de gris, lleva un diminuto vestido negro de cuero y unos zapatos altos con plataformas de metal.

Un hombre a mi lado escupe a sus pies y ella abre la boca para enseñarle la lengua partida en dos mitades.

Varias personas gritan asustadas al verla. Me guiña el ojo humano al pasar.

Atticus susurra detrás de mí:

—Si algún día dirijo Babel, tengo muy claro qué hacer con despojos como ella…

La siguiente también es una mujer. Debe de rondar los cuarenta años y lleva el uniforme gris de los mods que sirven en Babel. Tiene la cabeza entera cubierta de placas de metal. Camina mirando el suelo con las manos hechas un ovillo a la altura del pecho.

Cerrando el grupo, otro hombre vestido de gris. Lo recuerdo del primer día en el Círculo Dorado. Limpiaba las ventanas frente a la Sala Edén. ¿Significa eso que Adrien es uno de los invitados de la ciudad subterránea?

Los guardias los obligan a subir a la tarima. Intento soltarme de nuevo del agarre de Atticus y él me aprieta más el brazo.

Podría hacerle una llave ahora mismo. Lanzarlo por los putos aires y patearle esa cara de impostor que tiene. Pero sería un suicidio. En el fondo tiene razón. Si quiero conservar mis privilegios y salvar a Adrien, debo fingir que tienen control sobre mí.

Acerco mi cara a la de Atticus y da un paso atrás por el movimiento inesperado. Pronuncio las palabras mientras noto cómo cada una de ellas me quema la garganta.

—Tú ganas. Pero si quieres que obedezca, tendrás que tratarme con más delicadeza. Así que suéltame. Ahora.

Me mira sorprendido y sonríe con sorna. Afloja el agarre.

—Así me gusta, fierecilla. —Me suelta del brazo y me enseña el suyo—. Agárrate a mí, Nova. Le prometiste al bueno de Desmond ir al baile con él, así que hoy eres oficialmente mi pareja. Y si te portas bien, a partir de mañana podrás ser mucho más que eso.

Siento la bilis subirme hasta la boca.

—¿Lo harás? ¿Serás una buena chica?

No respondo. Me aferro a su brazo y mantengo la espalda recta. Muestro una expresión dócil y neutra, pero por dentro me descompongo.

El eco de la campana resuena por toda la sala. Miro hacia la tarima y veo que Adrien está de pie junto con el resto de los mods. Detrás de ellos hay cuatro guardias sosteniendo las cadenas de los arneses. Y delante, en primer plano, La Gobernadora. Levanta ambas manos y sonríe satisfecha.

—¡Aquí los tenemos! Nuestros invitados… Resulta fascinante lo que alguien es capaz de hacer cuando deja de respetarse a sí mismo…

Durante siglos, el ser humano perfeccionó el cuerpo, la mente y el espíritu a través del esfuerzo y la disciplina.

Y, sin embargo, algunos decidieron tomar un atajo.

—Todos asienten a mi alrededor—. ¿Cómo pudieron llamar progreso a injertarse metal cuando es un material que se oxida con el tiempo?

Miradlos. Ellos dicen que llevan mejoras , pero sus implantes les han corrompido el juicio, la empatía, incluso la humanidad.

Por eso los llamamos mods, porque ya no son personas completas, sino modificaciones de lo que alguna vez fueron.

Se gira para observarlos.

—El precio que pagáis por traicionar la pureza del cuerpo es la degradación de vuestro espíritu. Y nuestra misión es asegurarnos de recordároslo cada día de vuestra vida como penitencia. Pero hoy… Oh, queridos, hoy os concedo el privilegio de probar en carne propia lo que pudisteis haber elegido.

Coloca los brazos en cruz, echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos.

—¡Abuelo, si levantaras la cabeza! Si vieras lo preparados que estamos… Cómo hemos logrado mantener la pureza…

Hace un gesto al guardia que sujeta a Adrien y este lo empuja hacia delante para que quede a su altura.

—Sé que han corrido muchos rumores durante las últimas semanas. Sí, este es el mod de grado 9 que el equipo del comandante Reed atrapó a cuatro mil kilómetros de nuestra posición.

Se me contrae el estómago al oír sus palabras. ¿Cuatro mil kilómetros? No podemos estar tan lejos… Entro en pánico. Noto mis pulsaciones en el oído.

—Puede pareceros una distancia razonable, pero hemos descubierto que proviene de un ejército de setenta mil mods ubicados en este mismo continente, listos para atacar en cualquier momento.

—Oigo gritos ahogados. El salón se llena de murmullos.

Los silencia con un ademán—. ¡No os preocupéis!

Tranquilos… No solo hemos capturado a uno de sus líderes, sino que lo hemos doblegado hasta reducirlo a lo único que puede hacer para redimirse: servirnos.

Se acerca al borde de la tarima y alarga uno de sus largos dedos llenos de anillos en mi dirección.

—Nova, querida, sube.

No me muevo. La gente a mi alrededor se gira para mirarme. Atticus murmura entre dientes y me empuja para que avance.

—¿Estás sorda? La Gobernadora te ha dado una orden.

Trago saliva y me dirijo hacia el estrado. Intento mantener los ojos en un punto fijo, pero al subir los escalones, conectan con los de Adrien y siento un gancho en el estómago.

Me obligo a mirar a Sitara, que sonríe con sorna.

—Ya conocéis a Nova Black, nuestra nueva integrante del Círculo Dorado.

Se coloca detrás de mí y apoya las manos sobre mis brazos. Noto el aliento junto a mi oreja cuando se inclina para poner su cara a la altura de la mía.

—Nova es el vivo ejemplo de lo que hacemos en Babel: proteger la pureza de los mods. La rescatamos de él. Por lo que tengo entendido, la habría degollado de no ser por los nuestros.

Me obliga a colocarme junto a Adrien. Hace un gesto al guardia que lo retiene para hacerlo girar a él también. Volvemos a quedarnos cara a cara, a pocos centímetros de distancia.

La voz de La Gobernadora es melosa y suave.

—Pídele perdón a Nova, mod 3.712. Vamos, querido. Di: «Perdón, Nova Black».

Adrien me mira y veo el dolor en sus ojos. No sé qué le han hecho, pero algo ha cambiado en él.

—Perdón, Nova Black.

Cuando pronuncia mi nombre, aprieto los labios para evitar echarme a llorar. Aunque he tratado de recordar su voz todos los días, oírla de nuevo me desarma.

La Gobernadora se coloca entre los dos y apoya las manos en nuestros hombros.

—Muy bien, así me gusta. Pero… en Babel somos justos . Siempre justos. Y nuestras normas dicen que si un mod ataca a un puro, este tendrá derecho a elegir su castigo. Así que Nova, querida, ahora que eres una de los nuestros, dime: ¿qué decides? ¿Pena de muerte, quizá?

Abro mucho los ojos y la miro con terror.

—Lo… Lo perdono…

Me aprieta el hombro y amplía su sonrisa.

—Oh, Nova, lo imaginaba. Sin embargo, te he preguntado sobre su castigo.

Tú decides: pena de muerte o destierro a la ciudad subterránea.

Puedes añadir un nuevo castigo disciplinario en el muro, si lo deseas.

Decidas lo que decidas, lo apoyaremos. Lo que sí puedo asegurarte es que jamás volverá a ponerte un dedo encima.

Me quedo en silencio durante unos segundos que me parecen eternos. El dolor me atraviesa. Pronuncio la palabra en voz baja:

—Destierro…

—¿Cómo dices, querida? Más alto.

Me aclaro la voz sin dejar de mirar a Adrien.

—Destierro. Elijo el destierro.

—Nova ha elegido. ¡Para que después haya quien diga que Babel no da opciones a sus ciudadanos!

Y como veis, la pureza es magnánima. Mod 3.

712, serás enviado a la ciudad subterránea.

Eso significa que, desde este mismo momento, pierdes los privilegios que podrías haber tenido como ciudadano de Babel en el Círculo de Bronce.

Sitara se aleja y vocalizo un «lo siento» silencioso, pero Adrien tiene la mirada perdida. Ojalá pudiera decirle que todo va a ir bien. Que no pienso parar hasta solucionar esta mierda de situación en la que nos he metido.

Si Dorian no le hubiera arrebatado la memoria, ya lo habríamos logrado. Puede que Adrien no lo recuerde, pero juntos somos invencibles.

Aprovecho que La Gobernadora se acerca al borde de la tarima y doy un paso más hacia él. Susurro con un hilo de voz para que nadie más me escuche:

—Hay que bajar a la Zona Cero.

Frunce el ceño y responde con los ojos fijos en el salón.

—¿De qué coño hablas?

—Es la única manera de contactar con…