Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 11. Las preguntas
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11. Las preguntas

LAS PREGUNTAS

He tenido pesadillas con esa mesa. Con sus manos.

Con la idea de que Loretta entre por la puerta para decirme que Sterling está interesado en que conozca a uno de sus nietos.

Me imagino obligada a relacionarme con una versión más joven de Silas y se me revuelven las tripas.

No soporto la idea de que me fuercen a convivir con nadie emparentado con ese ser repugnante.

Cómo me jode tener miedo de encontrármelo por los pasillos.

Nunca me había sentido así. Es una mezcla de vergüenza y rabia que me atraviesa por dentro.

Cada vez que recuerdo su mano deslizándose sobre mi muslo me entran ganas de romper todas las esculturas y los tapices de mi habitación.

Han pasado varios días, pero sigo notando sus dedos en mi piel, como si fuera un eco pasado del que no me puedo esconder.

Llevo la mano al lateral de mi pierna y noto el arma escondida bajo el tul.

Esa misma noche, después de un ataque de ansiedad incontrolable, arranqué una de las dagas decorativas de la pared de mi dormitorio y decidí improvisar una liga para tenerla siempre conmigo.

Es pequeña y está algo oxidada, pero colocarla sobre el muslo que él tocó me calma.

Respiro hondo y cierro los ojos para intentar controlar la respiración.

Loretta me cepilla el pelo mientras canturrea.

Le he pedido que me deje elegir a mí los vestidos, pero se ha negado en redondo.

Según ella, La Gobernadora está encantada de que siga usando la colección de su hija.

Miro hacia abajo y veo mis pechos abultados por el corsé marrón cubierto de hojas verdes. No lo soporto más.

—Anima esa cara, Nova. Llevas unos días muy rara. Ni siquiera te has terminado la tartaleta de manzana, con lo que te gusta. ¿Todo bien, querida?

Me encantaría gritarle que no. Que estoy harta de que me trate como a una muñeca a la que alimentar, vestir y peinar.

Que soy una jodida guerrera con más combates a las espaldas de lo que ella podría procesar.

Que puede meterse a los herederos de las cinco familias por el culo. Pero me encojo de hombros.

—Solo estoy un poco aburrida. Si me dejaras visitar la granja, asomarme aunque fuera al Círculo de Bronce…

Loretta chasquea la lengua y me da un tirón con el cepillo.

—¿Todavía estás con eso? ¡Santo cielo! Qué niña más testaruda. Y pensar que mi trabajo es atender a enfermos y me obligan a…

No termina la frase. Carraspea y me coloca un pasador verde sobre el pelo.

—¿Podría al menos visitar el Círculo Plateado?

Coge un ungüento rojo y empieza a darme toquecitos en las mejillas.

—Puedo intentar hablar con Malacai sobre eso, pero no te prometo nada.

Sonrío.

—Muchas gracias, Loretta.

Me mira con cariño.

—Muchas de nada. Te he dicho que no depende de mí, pero haré todo lo posible.

Llaman a la puerta y Loretta amplía tanto su sonrisa que parece fingida.

—Aquí viene tu pretendiente, imagino. ¡Pasa, muchacho!

Desmond abre la puerta y se acerca con pasos ágiles. Es la sexta partida que jugamos. Solo me salté un día. Fui incapaz de ver a nadie durante la jornada posterior al incidente con Silas. Dije que estaba indispuesta y me pasé llorando bajo las sábanas gran parte del día.

—Buenos días, Nova. Estás preciosa hoy.

—Gracias, Desmond.

Loretta nos mira aún con la sonrisa exagerada. Aprieta los dientes y se aleja a toda prisa para dejarnos solos.

—¿Preparada para la revancha?

Desmond ha ganado todas las partidas hasta el momento. En mi defensa debo decir que no he estado muy concentrada en las jugadas. Pero he repasado posibles movimientos para evitar pensar en otras cosas.

—Esta vez sí voy a ganar. Me apuesto lo que quieras.

—Ven al baile conmigo.

Lo dice tan rápido que me cuesta entenderlo.

—¿Al Baile de la Pureza?

Asiente con la vista clavada en el tablero.

—No hace falta que nos juguemos eso, Desmond. Iré contigo si quieres.

Me mira, sorprendido. No entiendo por qué le parece tan raro que acepte su invitación. Es, de lejos, la persona más amable y empática que he conocido en Babel.

—Gracias, Nova… ¿Se te ocurre qué más podríamos apostar?

—Podemos jugarnos preguntas, si quieres. Así lo hacía con un… amigo. —Sonrío con tristeza mientras agarro el rey negro—. Cuando el otro se comía una pieza, teníamos que responder.

Desmond se recoloca las gafas.

—Pero ¡qué idea tan estupenda! ¿Jugamos así?

Quizá esta sea mi oportunidad de oro para conseguir información útil.

Me concentro en el tablero para no sentir las punzadas de culpabilidad al replicar la misma estrategia que usé con Adrien.

—¿Cuál es tu libro favorito?

Pienso unos segundos antes de responder a su primera pregunta. Hace girar el peón que acaba de capturar, mirándome con curiosidad.

—Hay tantos… Pero si tuviera que elegir uno, sería 1984 , de…

Termina mi frase con el ceño fruncido.

—De Orwell, lo conozco… ¿En serio, Nova? Es aburridísimo.

Resoplo.

—¿También vais a decidir por mí los libros que tienen que gustarme?

—Me refiero a que…

Avanzo con mi torre y capturo uno de sus peones.

—¿Y tu novela favorita?

—Bueno, yo soy más de ensayos… ¿Conoces Rebelión contra el mundo moderno ?

Niego con la cabeza mientras coloco el peón a un lado.

—Es de Julius Evola. Habla de cómo la Humanidad perdió el rumbo cuando decidió que la comodidad era más importante que la trascendencia.

Según Evola existen dos tipos de personas: los que pertenecen a las masas y los que no se doblegan ante lo fácil.

Aunque sean una minoría, son los que poseen una naturaleza superior.

Y a ellos debe pertenecer el control. ¿Entiendes por dónde voy?

Me entran ganas de rebatir su discurso, pero respiro hondo.

—Lo entiendo perfectamente, pero sigo quedándome con Orwell.

Sonríe.

—Con el tiempo te haré entrar en razón. Quizá necesites conocer a los autores correctos.

Levanto una ceja.

—Quizá necesites conocerlos tú. Además, ¿cómo decide el tal Evola quién tiene esa… naturaleza superior? ¿No te das cuenta? Cuando alguien habla de superioridad, termina colocándose en la cima y pisando a los que tiene debajo.

Hace una mueca sin dejar de mirar el tablero.

—Confundes ambición con jerarquía. En fin, no todo el mundo necesita entenderlo. Evola no habla de intenciones, sino de hechos.

Mueve el alfil y captura mi caballo.

—¿Qué es lo que más echas de menos?

—¿De Unter?

Mierda. Me llevo las manos a la boca en un acto reflejo por haber contestado sin pensar.

—Unter… —Repite la palabra ladeando la cabeza—. ¿Te refieres a tu unidad subterránea?

No respondo. Bajo las manos hasta mi regazo y trago saliva.

—Nova, ya sabía que venías de una unidad subterránea. ¿De dónde si no? Me encantaría saber más sobre ella, claro, pero no pareces muy dispuesta a compartir detalles conmigo.

Respiro hondo. Supongo que tiene razón. Parecen tener información sobre la red U.N.T.E.R., así que no he dicho nada fuera de lugar.

—Echo de menos a mis amigos.

Y es cierto. Solo que están muertos.

—Háblame de ellos.

Se me empañan los ojos. Antes de que pueda responder, llaman a la puerta. Sira entra con la cabeza gacha y se acerca para recoger la bandeja del desayuno. Mira con odio a Desmond al pasar a su lado. Aprieta los puños y se marcha a una velocidad pasmosa.

Capturo una pieza blanca antes de que Desmond insista en escucharme hablar sobre mis amigos.

—¿Qué problema tienes con ella?

—¿Te refieres a Sira? —Me sorprende que pronuncie su nombre—. Todavía me guarda rencor, solo eso.

—¿Qué le hiciste?

—Eso son dos preguntas, pero si tanto te interesa…, hice lo correcto. Jaque.

Miro el tablero con incredulidad. Me ha vuelto a acorralar. Muevo el rey y lo desplazo hacia la izquierda.

—Ya has perdido, lo sabes, ¿no?

El final del juego se convierte en un baile entre su dama y mi rey hasta que termino dándome por vencida.

—Jaque mate. Parece que estoy en racha, Nova. —Se pone de pie y estira los brazos desperezándose—. Quizá tengas más suerte mañana. Te traeré el ensayo de Evola. Puede que así entiendas por qué el león no pide permiso para ser un león.