Las Pruebas de Unter: Exodus (Trilogía de Unter 3) 9. Las pruebas #3
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9. Las pruebas #3

Me golpea la mandíbula con el puño cerrado. El impacto me hace chasquear los dientes y noto el sabor metálico de la sangre llenarme la boca.

Las gradas reaccionan con vítores y aplausos. Atticus levanta los brazos en su dirección mientras suelta un grito de euforia. Cuando todos se calman, Malacai vuelve a ponerse de pie y alza la voz.

—Suficiente, cadete Sterling. Sigamos con las pruebas. —Señala a la mujer de pelo tirante y ojos rasgados—. Todo tuyo, capitana Kuang.

Atticus se saca un pañuelo de seda del bolsillo y se limpia mi sangre de los nudillos mientras se aleja. No me mira cuando se despide.

—Ojalá te cuelguen del muro y te pudras allí.

La última descarga me ha dejado tocado. Se me tensan los músculos cuando veo a la capitana sacar dos bastones cortos de metal del cinturón. Están unidos por una cadena. Se acerca con calma mientras los extiende con un chasquido seco.

—¿Dónde nos quedamos en la sala de La Pica? Ah, sí… Te dije que destrozaría esa cara tan preciosa que tienes. Lo estoy deseando.

Se quita la chaqueta del uniforme. Debajo lleva una camisa azul que deja a la vista sus músculos fibrosos.

La voz de Malacai me llega alta y clara.

—Ahora mediremos tu resistencia. No puedes esquivar, así que bloquea los golpes desde el sitio. Y, por supuesto, ni se te ocurra ponerle un dedo encima a mi capitana. ¿Entendido?

Asiento y miro a Kuang. Hace girar los bastones con un movimiento de muñeca. Lanza el primer golpe en diagonal buscando mi cuello.

Subo el antebrazo izquierdo. El metal choca contra mi piel y siento la vibración recorrerme el hueso, pero no cedo ni un milímetro.

Recupera el bastón y ataca de nuevo. Esta vez con una combinación hacia las costillas, la cabeza y la rodilla.

Bajo el codo para bloquearla y cruzo las muñecas frente a mi cara.

Levanto la pierna lo justo para impedir que me golpee sobre los huesos más frágiles.

Mis movimientos son mínimos. Mientras ella gasta energía, yo solo ajusto la posición de mis brazos y piernas unos centímetros, aunque empiezo a resentirme.

El metal me golpea la carne una y otra vez dejando mi piel amoratada.

Intenta darme en la cara varias veces, pero logro bloquear los golpes con los antebrazos.

Percibo que la respiración se le acelera. La frustración la vuelve descuidada. Lanza un golpe horizontal con todas sus fuerzas hacia mi sien. Levanto la mano abierta y detengo el bastón en seco con la palma.

Kuang tira para liberarlo. No puede. Parece sorprendida por la fuerza de mi agarre.

Aprieta los dientes mientras habla.

—La orden era no tocar.

Sonrío.

—La orden era no tocarte a ti.

Tiene la cara roja de ira. Sus ojos rasgados me miran con odio.

—¡Suficiente!

La voz de Malacai me hace reaccionar. Suelto el arma y ella retrocede dos pasos con las fosas nasales hinchadas.

—Ojalá te envíe a la ciudad subterránea para que te pudras con el resto de la chatarra.

Suelta un grito de frustración y escupe sobre mis botas antes de irse.

Malacai se quita la chaqueta y la dobla con cuidado sobre el banco. Debajo lleva una camisa blanca. Se remanga con calma y se aproxima. Proyecta la voz para que todos lo escuchen.

—Y ahora, mediremos tu fuerza. Intenta derribarme.

Se coloca con las piernas abiertas a un metro de mí y me hace un gesto con la mano para que lo ataque.

—A ver si consigues ponerme de rodillas, mod 3.712.

Lo embisto con el hombro, pero no se mueve.

Frunzo el ceño. Es como chocar contra una pared de hormigón.

Me agarra el antebrazo e introduce una rodilla entre mis piernas para intentar tirarme al suelo.

Percibo el desequilibrio en su lado izquierdo y cambio mi centro de gravedad.

Clavo el talón derecho, le bloqueo la cadera con la mía y uso su propio impulso contra él.

Malacai se tensa al ver que ha perdido la ventaja e intenta darme un cabezazo en la cara, pero lo anticipo y bajo la barbilla para que su frente choque contra mi cráneo. Gruñe de dolor, pero no me suelta.

Me arden los músculos, pero la columna biónica me da el extra de estabilidad que necesito. Empiezo a forzar su cuerpo para que se doble hacia atrás. Malacai intenta resistirse. Las venas de su cuello parecen a punto de estallar. Le susurro al oído:

—Podría matarte en cinco segundos y humillarte en tres. Si quieres quedar bien delante de tus putos cadetes, detén esta mierda de pruebas ahora.

Baja la mano hasta su bolsillo, pero lo agarro de la muñeca antes de que pueda coger el mando.

—Envíame al mejor sitio que puedas y te dejaré ganar. ¿Trato hecho?

Malacai me mira a los ojos y asiente con un movimiento imperceptible de barbilla.

Cumplo mi parte. Aflojo la presión de los dedos sobre su muñeca y relajo la tensión de la cadera. Malacai cuela la pierna derecha entre las mías con violencia y carga todo su peso sobre mi pecho, empujándome hacia atrás.

Me lanza contra el suelo sin que me dé tiempo a frenar la caída con las manos. Mi sien choca contra el pavimento a tanta velocidad que pierdo el conocimiento.