Las protagonistas de nuestra mentira (Lapislázuli nº 2) 29. Iris
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29. Iris

—¿Quién es ese tío que está hablando con Gabrielle? —le pregunto a Candela sin parar de mirarlos a una distancia prudente—. Me ha mosqueado cómo la ha cogido del brazo.

Ese tipo ha interrumpido su camino cuando ella se dirigía hacia el baño y la ha sujetado del brazo con muy mala hostia para que se diera la vuelta hacia él.

Al principio, he pensado que podría ser uno de sus infinitos invitados para saludarla, pero he descartado esa opción al descubrir cómo la francesa se ha soltado de su agarre de un tirón y se ha cruzado de brazos, en expresión defensiva.

Y yo me muero de la intriga por saber quién es. Me están entrando ganas de ir hacia allí y darle un guantazo, aunque no llegue a su cara ni poniéndome de puntillas, porque el tío rondará los dos metros y le saca como cuarenta cabezas a Gabrielle.

Candela desvía la vista hacia ellos y entrecierra los ojos.

—Es su ex, Gaston Moreau, un modelo francés superfamoso que le puso los cuernos con la influencer Paulova Putalova —me informa, y yo la contemplo atónita, porque no tenía ni idea de lo bien enterada que está sobre esa clase de cotilleos—. Yo la sigo en Instagram.

Vuelvo a mirar a los otros dos y supongo que estarán manteniendo una conversación no muy agradable, puesto que el tipo está amenazando a Gabrielle con el dedo; en cambio, ella sigue de brazos cruzados, pero ya con una actitud serena.

—¿Y qué hace aquí?

—Acércate y te enteras —me anima mi amiga—. Defiende a tu mujer de ese caracartón y luego nos cuentas el chisme.

Seguro que es por el lanzamiento de su nueva canción, que ha afectado a su ego.

Sin dudarlo más, recorro la distancia que nos separa a pasos agigantados y me paro delante de ellos.

—¿Hay algún problema? —les pregunto con mi mirada centrada en Gabrielle.

—No pasa nada, Iris —me contesta ella, y ladea la cabeza hacia mí, divertida—. Solo se ha colado una rata venenosa en el local, pero no te preocupes, que la estoy invitando a encerrarse en su cloaca antes de avisar a seguridad.

Alzo la vista hacia el tipo, que me observa como con animadversión, y me habla en francés, aunque yo me quedo con cara de lerda porque no entiendo nada de lo que dice. De nuevo, se dirige hacia Gabrielle y los dos reanudan su pelea, discusión, conversación o lo que sea que estén teniendo.

Me fijo en que el ex luce cabreadísimo a medida que parlotea casi sin respirar, que parece que va a sufrir una embolia de un momento a otro, y la francesa permanece tranquila y se comunica con él con muecas de burla.

Me cago en todo. Debería haber avanzado más en mis lecciones de Duolingo en francés, porque necesito enterarme de cada detalle. Que hablen en inglés, por lo menos, si el otro no sabe español, y así nadie se queda excluido de la tertulia.

Sin embargo, no me hace falta saber francés para darme cuenta de que la discusión entre ellos se vuelve más acalorada cuando él la vuelve a coger del brazo con brusquedad; a mí me entran los mil demonios y me decanto por usar el idioma universal: el de la violencia.

Por mi estatura, no llego hasta su careto para propinarle un puñetazo y girarle la cabeza, pero sí alcanzo hacia otra zona más sensible.

Sin más dilación, me armo de valor y le asesto una fuerte patada en la entrepierna con la que lo obligo a soltar el brazo de la francesa y a doblarse sobre sí mismo para proteger sus partes íntimas con las manos y quejarse de dolor.

Gabrielle se tapa la boca, anonadada, apreciando cómo su ex lloriquea y me dedica todos los insultos que existen en su idioma natal.

Pero como ya voy conociendo a mi novia de mentira después de compartir tantas horas juntas, me percato de que lo que de verdad está haciendo es aguantarse la risa.

Echo un vistazo a nuestro alrededor y descubro que los invitados han dejado de bailar, beber, charlar o lo que demonios estuvieran haciendo y se han amontonado a escasos metros de nosotros para mirarnos mientras cuchichean, con la música sonando de fondo; otros nos graban y fotografían con sus móviles y Candela, como siempre, está descojonándose de la risa como si fuera una foca con asma.

El personal de seguridad que ha contratado Gabrielle brota de la nada y se lleva al ex a rastras para echarlo del local y que deje de dar por culo. Luego, Lucien se coloca delante de nuestro público para decir, en tres idiomas diferentes para que todos los asistentes lo entiendan:

—Vamos a continuar con la fiesta. Aquí no ha pasado nada.

Tras este espectáculo y las palabras del lameculo, la masa se disuelve y continúan con la celebración, pero presiento que mañana nos despertaremos con millones de titulares sobre lo sucedido y Bruna me arrancará la cabeza por haberla liado sin quererlo, dejando estéril a ese mendrugo.

Menuda racha llevo. Con lo tranquila que estaba en mi garaje tocando con mi guitarrita antes de entrar en el asqueroso y tóxico mundo de la fama…

Bah, da igual. Ese tío se merecía la patada y mucho más por haber tratado así a Gabrielle. De lo único de lo que me arrepiento es de no habérsela dado más fuerte.

—Por fin puedo ir al baño —suelta ella marcándose un bailecito para aguantarse el pis—. Espero un minuto más y me lo hago encima. Ahora vuelvo. —Y se marcha corriendo hacia los servicios.

Yo me río, negando con la cabeza, y voy tras ella para esperarla en la zona de los lavabos y aprovechar para echarme agua en la nuca, que me he estresado con la situación que acabo de vivir.

Un par de minutos después, Gabrielle sale del habitáculo y se lava las manos; yo le pido que me explique lo que ha pasado con su ex y por qué parecía tan enfadado.

Ella me responde que no sabe cómo se ha colado aquí, porque ni siquiera lo había invitado, y que ha venido para amenazarla con contar que nuestra relación es falsa como venganza por haber publicado esa canción.

—Si le pica, que se rasque. Es lo que toca cuando se sale con artistas.

—Desvío la mirada hacia los cubículos por si hay alguno ocupado, pero todos se hallan vacíos; después, me vuelvo a centrar en Gabrielle y añado en un susurro—: ¿Y cómo se ha enterado de que lo nuestro es un paripé si nadie más lo sabe?

Lucien y Bruna no han sido, porque confiamos en ellos y trabajan para nosotras, y mi banda, tampoco, porque somos una familia y nos protegemos entre nosotros. Es imposible que a alguno se le haya ido la lengua si ni siquiera conocen personalmente a ese francés.

—Lo más seguro es que se lo haya inventado por si cuela, para meterme miedo. Si dice algo, nadie lo va a creer. —Esboza una sonrisa—. Y menos, tras tu declaración de amor y tu patada mortal.

Se me escapa una risotada.

—Se la merecía.

—Desde luego que sí.

Abandonamos el baño entre risas y nos volvemos a unir a la fiesta para seguir disfrutando de su cumpleaños.

El glamuroso cumpleaños de Gabrielle Leroux y la aparición estelar de un fantasma del pasado.

Ayer, la estrella del pop más cotizada de Francia celebró su vigésimo séptimo cumpleaños en el Lumière Royale, uno de los clubs más exclusivos y elegantes de París, donde invitó a infinidad de caras conocidas del mundo de la farándula francesa y española.

Los integrantes de la banda Lapislázuli también hicieron acto de presencia: Daniel Domènech, que lucía su precioso anillo de su reciente compromiso con el fisioterapeuta catalán Axel de la Rosa; Rober Guerrero, que no se acercó en toda la noche a Lucien Dupont (¿posible pelea o ruptura?); Candela Guerrero, que disfrutaba de su soltería mientras se reía de lo que sucedía a su alrededor, sin preocuparse por los dramas amorosos (en la vida, yo soy Candela); y, por supuesto, Iris Llorens, demostrándole su amor a Gabby encima del escenario al regalarle su púa de la suerte.

Fue un momento tan romántico y emotivo que no pudimos evitar soltar varias lagrimillas.

¡Un aplauso para esta pareja, que está enamorada!

No obstante, cuando la celebración parecía ir viento en popa, un fantasma del pasado de Gabby resurgió de sus cenizas: el impresentable Gaston Moreau, su ex.

Fuentes cercanas nos informan de que asistió a la fiesta para quejarse sobre la nueva canción de la estrella del pop francés, pero acabó poniéndose agresivo y nuestra Iris le paró los pies, atizándole una superpatada en su zona más sensible.

¡Muy bien, defendiendo a su chica! Nosotras no apoyamos la violencia, pero en este caso estamos de acuerdo en usarla. Nuestra única duda es si habrá dejado a ese esperpento estéril para que no se reproduzca jamás.

Para finalizar, compartimos el texto que publicó Gaston en sus stories de Instagram nada más abandonar el local, que lo hemos traducido del francés con mucho amor para vosotras, nuestras lectoras más fieles:

«Que sepáis que la relación entre Gabrielle y esa rubia es más FALSA que los seguidores de las dos, que son solo bots.

Todo es una estrategia de marketing para llenar sus bolsillos, ganar más fama y evitar que Francia y España se odien.

Y otra cosa: pienso demandar a esa españolita por agresión y a Gabrielle, por difamación. Nos veremos en los tribunales».

Ninguna de las artistas se ha pronunciado todavía frente a esta acusación tan grave, pero estaremos atentas a sus redes.

¿La verdad? No nos creemos ni una palabra del modelo francés, porque se nota que está dolido por la composición de nuestra Gabby. El que se pica, ajos come, y el que podría llevarse la demanda por difamación es él.

Pero no os preocupéis, que tenemos Gabiris para rato y ni un tsunami las podrá separar.

Nos vemos en los siguientes salseos.

Gracias por vuestra atención.

Firmado: Fina Segura.

Termino de leer la cutre noticia que salió a la luz ayer por la mañana.

Madre mía, cómo está el mundo de los cotilleos y qué ascazo le tengo. Lo bueno es que casi nadie le ha hecho caso a ese imbécil y se han puesto de nuestra parte porque piensan que lo ha hecho por venganza, así que mi relación de mentira con Gabrielle no corre ningún peligro.

Por ahora.