23. Iris
El momento tan tierno de la pareja de moda que derritió nuestros corazones.
¿Os suena la típica escena tan cliché que aparece en las películas románticas, cuando el interés amoroso de la protagonista se quita su chaqueta y se la presta porque la ve tiritando de frío?
Sí, ¿verdad? Lo hemos visto infinitas veces en la gran y pequeña pantalla, e incluso lo hemos leído en incontables libros.
Sin embargo, ninguna nos ha derretido tanto el corazón como lo hicieron ayer nuestras estrellas favoritas.
Como sabéis, anoche se celebró el evento London Stars y nuestros reporteros y yo no quisimos perdérnoslo.
Pero no os escribo este artículo para contaros lo espectacular que fue, sino para traeros noticias tan frescas como tu vecina del quinto que te roba los tangas nuevos cuando los tiendes en tu balcón, patio de luces, terraza comunitaria o donde cuelgues tus trapos después de sacarlos de la lavadora, si es que acaso los lavas y no eres una cerda.
Tres noticias frescas, para ser más exactos.
En primer lugar, anoche, cuando finalizó el evento y las divas atendían a sus fans mientras se dirigían a sus taxis, nuestras cámaras capturaron la imagen que llenó de calidez el frío aire de Londres: Iris Llorens se desprendió de su cazadora de cuero y se la colocó a Gabrielle Leroux.
Como la artista francesa iba en tirantes y no paraba de temblar, a la roquera misteriosa no le importó quedarse en manga corta.
Un gesto que demuestra lo enamorada que está de la reina del pop y que, en el fondo, tiene su corazoncito y no es tan dura como quiere aparentar.
Tampoco se nos pasaron desapercibidas las miraditas y sonrisitas de complicidad que se dedicaron la una a la otra.
Cada vez hacen mejor pareja y nos genera muchísima envidia, porque todo el mundo debería tener a una Iris que te preste su chaqueta cuando tienes frío.
La segunda noticia del día es que un pajarito nos ha chivado que una de las canciones del nuevo álbum de Gabrielle, que pronto saldrá a la luz, ha sido una colaboración con el DJ italiano Pizzarra.
¿Será la francesa la nueva Shakira y el single tratará sobre lo que le hizo su ex con aquella influencer?
Ya sabéis que en esta casa apoyamos que las mujeres facturen con sus problemas, sobre todo si son de carácter examoroso.
Estamos deseando escuchar sus próximos temazos.
Y la última noticia, y no para ello menos importante, es que tenemos ciertas sospechas sobre otro posible affaire relacionado con otro de los integrantes de Lapislázuli, pero por ahora os dejaremos con la miel en los labios.
Nos vemos en los próximos salseos, fieles lectoras.
Gracias por vuestra atención.
Firmado: Fina Segura.
Gabrielle termina de leerme la porquería de noticia sobre nosotras y ese desenlace sobre otra posible pobre pareja, porque esa periodista con nombre de compresa no va a dejar títere con cabeza.
Después, me enseña nuestra foto saliendo del evento y en la que aparecemos recreando esa escena tan cursi: yo, cubriendo a Gabrielle con mi chaqueta con sonrisa de pánfila.
Las dos con sonrisas de pánfilas, más bien.
¿Qué coño…? ¿Por qué sonrío de esa manera? ¿Cuándo demonios he sonreído así? ¡Jamás! Me estoy dando vergüenza ajena viéndome de esa guisa. ¿En qué momento se me pasaría por la cabeza que sería buena idea prestarle mi cazadora? Ni siquiera había bebido para hacer algo tan absurdo.
—Qué bonita foto —comenta Gabrielle, y yo desvío la mirada hacia ella, arrugando la nariz.
—Preciosísima —le respondo con ironía—. La voy a imprimir a tamaño real para colgarla en la pared de mi habitación como si fuera un póster.
Ella se vuelve a centrar en su móvil, porque está enganchada a lo que la gente dice sobre nosotras por las redes, y yo vuelvo a dirigir la vista al techo.
Y sí, seguimos acostadas en la cama del hotel de Londres y desnudas, pero con las sábanas echadas por encima.
No tenemos ganas de levantarnos, a pesar de que deberíamos haberlo hecho hace media hora, cuando ha sonado la alarma en el móvil de la francesa: una llamada de su lameculo para asegurarse de que no se ha quedado dormida, ya que dentro de unas horas toca coger un avión.
Ella le ha contestado en francés algo que no he entendido y, cuando ha colgado, le he preguntado, con un ojo medio cerrado, por lo que le había respondido.
Me ha confesado que le ha mentido diciéndole que está casi lista y ha añadido que siguiera comiéndose a ese Rober con tranquilidad y que no se preocupara por ella; yo me he echado a reír.
—Oye —rompo el silencio sin dejar de contemplar el techo—. ¿Crees que el tercer cotilleo de ese artículo iba sobre Lucien y Rober? —Y ladeo la cabeza hacia ella.
Gabrielle hace una mueca con los labios.
—No. Lucien es muy discreto; nunca me entero de quiénes son sus ligues hasta que me lo cuenta él. Será Dani o Candela.
Chasqueo la lengua, no muy convencida, porque Rober es la indiscreción personificada.
Sea quien sea, le arrancaré la cabeza por armar escándalo, así que más le vale que se vaya preparando.
Me obligo a abandonar el sobre, porque soy capaz de quedarme dormida otra vez, y me estiro delante de Gabrielle. Ella despega los ojos de la pantalla de su smartphone para posarlos en mí y recorrer mi cuerpo con su mirada.
—Me tienes que contar el significado de cada tatuaje, eh. —Se incorpora sobre la cama y se sienta con las piernas cruzadas.
—¿Qué significado? —le pregunto haciéndome la tonta y arqueando una ceja.
A continuación, me llevo una mano al hombro izquierdo para señalar el primero con el dedo, bajo su atenta mirada—.
Esto es una media luna, que significa «media luna».
—Hago lo mismo con el del hombro derecho—.
Esto es una estrella, que significa «estrella».
—Ahora, con el del abdomen—. Esto es una llama, que significa «llama».
—Luego le toca el turno al antebrazo derecho—.
Una guitarra, un pentagrama y una frase que, si sabes leer y entiendes el inglés, pone «si es ilegal hacer rock and roll, metedme en la cárcel», que significa exactamente eso.
—Poso el dedo índice sobre el antebrazo izquierdo—.
Aquí pone «Lapislázuli», que no tiene demasiado misterio.
—Por último, le muestro el que tengo detrás de la oreja derecha, con el pelo apartado hacia un lado—.
Y un escorpión, que supongo que sabrás lo que es.
Eso es todo. Fin de la explicación tatuadoril.
—¡Anda, el escorpión no te lo había visto! —exclama, sorprendida—. ¿Y el del corazón?
—Una constelación, sin más. —Me encojo de hombros y ella pone los ojos en blanco.
—Pero no me refería a ese tipo de significado tan literal, sino a por qué decidiste hacértelos. El motivo de cada uno. Aunque sospecho que me has estado vacilando durante tu explicación, porque los españoles sois así de cómicos.
Qué cansina es esta chica con querer mantener conversaciones profundas.
—Y los francesitos, unos aburridos —contraataco con una sonrisa chulesca, y le lanzo un beso por el aire—. Me voy a la ducha. Chaooo —la imito con su voz de diva del pop repelente, y me doy la vuelta para esconderme en el baño.
Como he ofendido a Gabrielle por llamarla por enésima vez «aburrida», se mete en el servicio cuando ya estoy en la bañera, con el grifo recién abierto, y se cuela conmigo para acorralarme entre ella y los azulejos y comerme la boca.
—Tu lameculo nos va a regañar por retrasarnos —le digo entre risas y besos.
—Que le den a mi lameculo.
Le contagio mis carcajadas y nos dejamos llevar, con el agua caliente cayendo sobre nosotras.
Tacho el dieciocho de abril en el calendario (sí, tengo un almanaque colgado en la nevera del apartamento, donde dibujo una equis roja sobre cada número todos los días) y me doy cuenta de que queda poco más de un mes para que se celebre EuroStars y finalice el paripé con la francesa.
La semana siguiente a Londres, me tocó viajar con los lapislázulis a Ámsterdam, Estocolmo e Italia para seguir promocionando la canción de EuroStars (sin Gabrielle, que tenía cosas que hacer en su país), y nuestra última parada será el veintiséis de abril en Francia, por lo que todavía tengo unos cuantos días libres para descansar del mundo de la farándula.
Debo confesar que se notó la ausencia de Gabrielle en mis tres últimos viajes.
No sé por qué, pero ya me había acostumbrado a compartir habitación con ella y no con mis amigos; a dormir en la misma cama, ya sin una almohada de por medio, y no con Dani, que le da por abrazarme mientras ronca; a estar pegadas las veinticuatro horas del día; a que no pare de cacarear con su acentaco de gabacha, a su olor floral de perfume caro; a fingir ser su novia…
En resumen: quizá la haya echado algo de menos.
Me siento a la mesa de la cocina para chutarme un café con tres tostadas de Nutella, en pijama y despeinada; Dani se encuentra frente a mí, con su desayuno y dándoles a las gatas trocitos de jamón de york con la mano.
Un mensaje interrumpe mi siguiente sorbo.
Eduarda: «Bonjouuuur. Ya estoy en el aeropuerto y en unas horas aterrizaré en Barcelona. Podemos quedar, si te apetece»
Y me envía un selfi donde sale sonriendo; de fondo, veo a su lameculo mirándola por el rabillo del ojo.
Gabrielle se fue a Francia porque tenía que sacar su nuevo tema, grabado en colaboración con el DJ Pizzarra; yo no tenía ni idea de quién era ese artista hasta antes de ayer, cuando escuché la canción y vi el videoclip, que ya se ha convertido en un éxito, igual que lo hará su disco cuando lo publique en unas semanas.
Al exnovio no le ha encantado tanto el sencillo, parece ser, porque trata sobre los cuernos que le puso con una influencer.
De hecho, no se ha mantenido quieto y ha subido una historia a Instagram con el texto: «Hay que caer demasiado bajo para airear tus trapos sucios en una canción de mierda, porque ni talento tienes», sin etiquetar a nadie.