Las otras muertes de Abel 21
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De los diarios de Abel Oliver

Será que cuando cumplimos los cuarenta empezamos a ver las cosas con más distancia.

Debe ser eso: que he pasado la frontera y ahora el tiempo se va descontando de mi reloj vital.

Igual que mi cuerpo, mi alma lo sabe. Ahora saboreo de otra manera las cosas, como si las fuera a perder de un momento a otro, creo que por eso estoy disfrutando de una forma mucho más intensa de mi hijo pequeño.

Veo a Alex cómo crece cada día, cómo se le alegran los ojitos y me alarga sus brazos entre balbuceos y tengo la sensación de que a mis pulmones les cabe más aire, y se me olvidan los problemas que haya acumulado durante el día. Que digan lo que quieran, es mi hijo.

Hoy, nuevamente, me ha llamado Silvia por teléfono.

Parece que sigue sin quedarle claro y no me va a quedar más remedio que cambiar de número.

Realmente me da mucha lástima esa mujer, sé lo que ha sufrido y sigue sufriendo al haber perdido a su pequeño de esa manera tan absurda, tan de repente.

Puedo sentir yo también su dolor, ha debido ser terrible y no quisiera estar en su pellejo, ni siquiera se lo deseo a mi peor enemigo que, paradójicamente, es el padre de esa pobre criatura.

Insiste en que Alex no es mi hijo, sino de su marido y que haría bien en entregárselo, como si fuera una cosa, como un mueble nuevo que sustituye a otro destartalado. Seguramente cree que esa es la forma de que Fidel vuelva a ella como antes, como cuando estaban recién casados.

Silvia no puede ni imaginarse el amor que siento por mi niño. Me da igual lo que piense, ni siquiera tengo intención de comprobar quién aportó la semilla de este ser del que no van a conseguir separarme nunca, antes tendrán que pasar por encima de mi cadáver.

Ni siquiera es capaz de entender que el niño, además de un padre, tiene una madre, para ella, Rebeca no existe.

Puedo entender su rencor, pero no hasta ese punto.

La aventura entre ella y Fidel acabó antes de que naciera Alex y si, como cree Silvia, no es así, sabe que en una demanda de divorcio, yo apostaría fuerte por la custodia de mis tres hijos y estoy seguro de que Rebeca no va a arriesgarse a eso.