Interludio VII
(letra de Lucía, diecisiete años)
Este año lo he pensado mucho antes de escribirlo porque no sé si esto es una vida o es otra cosa.
La vida sin nadie mirando es esta: yo, sola, tres días, sin que nadie sepa lo que hago ni me pregunte qué tal. Sin quedar. Sin contarlo. Sin que en la cena alguien diga «y tú qué has hecho hoy».
Lo escribo porque este curso me he dado cuenta de una cosa que me da un poco de miedo: yo no sé si hago las cosas porque me gustan o porque quedan bien contadas.
Me apunté a debate y no me gusta debatir, me gusta que se sepa que estoy en debate.
Me leí un libro de novecientas páginas en verano y no sé si me gustó, pero sé exactamente a quién se lo dije.
Hasta cuando estoy triste, y estoy triste bastante, lo estoy como si hubiera alguien delante.
Entonces yo quiero probar tres días sin nadie. A ver qué queda.
Porque a lo mejor no queda nada, y eso es lo que me da miedo. A lo mejor si nadie mira, yo no hago nada. Me quedo en la cama. No me visto. No pienso cosas interesantes. A lo mejor todo lo que soy es para que lo vean.
Y si eso es así prefiero saberlo ahora que a los cuarenta.
(En el margen, en letra de contar hilos:)
Esta te va a costar.
Yo llevo cincuenta años probándolo. Queda algo. Poco al principio.