CAPÍTULO XXI - SILVER MAG
No estaba lejos del Santuario, solo a la mitad de la corta manzana hasta la esquina del callejón; pero a Jimmie Dale le pareció una distancia interminable.
Su cerebro daba vueltas en una agitación caótica; y la agitación parecía erizada con un miedo horrible que le robó por un momento su aplomo mental.
Fue como un hombre aturdido, inconsciente del proceso físico por el cual había llegado allí, que se encontró de pie en el Santuario, apoyado como un hombre exhausto por el esfuerzo contra la puerta que, de forma maquinal, había cerrado a sus espaldas.
En una repetición odiosa, funesta y burlona, aquellas palabras que ella había escrito corrían por su cerebro.
«Estoy muy feliz esta noche, y quería decírtelo.
.. feliz esta noche... feliz esta noche.
.. feliz esta noche». Feliz esta noche..
. ¡qué profunda ironía! Feliz esta noche.
.. y la habían atrapado... mientras el «camino se estaba despejando».
.. ¡con el fin del peligro, con el fin de la existencia miserable y acosada que se había visto obligada a llevar justo a la vista!
Silver Mag... ¡ La Campana de Alarma ! Y él.
.. él, que también había estado feliz aquella noche, él, que había sentido aquel inmenso júbilo, él, que había soñado que el mañana podría traer vida, amor y luz de sol.
.. se enfrentaba ahora a una negrura de desesperación que nunca antes había conocido.
Involuntariamente, si cabía hacer mayor el peligro en que ella se encontraba, él lo había hecho.
Si el bajo mundo era el enemigo implacable de Silver Mag, porque se sabía que Silver Mag había sido aliada en los viejos tiempos de Larry the Bat , y, por tanto, se la conocía como aliada de El Sello Gris ; así, exactamente por la misma razón, ¡la policía era su enemiga implacable!
Y, tanto si caía en manos de uno como de otro, el fin en última instancia difería solo en el método por el cual se llevaría a cabo su muerte; era asesinato a manos del Topo y su banda; era la silla de la muerte en Sing Sing como cómplice de El Sello Gris a manos de la policía.
«¡Muerte a El Sello Gris !»... ese era el lema del bajo mundo.
« El Sello Gris vivo o muerto... pero El Sello Gris ».
.. ese era el mandato de la policía. ¡Y ambas cosas valían para Silver Mag!
Con el Topo a solas tal vez habría habido una oportunidad.
.. pero ahora, él había lanzado también a la policía contra ella, los había enviado a lo del Topo, pues ese sería el primer lugar en el que harían una redada en su búsqueda del Pippin.
Gotas de sudor asomaron a la frente de Jimmie Dale.
Ella había desechado el personaje de «Silver Mag» aquella noche en el incendio del edificio de vecinos cuando él había desechado el personaje de « Larry the Bat ».
.. y a «Silver Mag» no se le había vuelto a ver hasta esa noche.
Pero él, Jimmie Dale, sí que había aparecido desde entonces como Larry the Bat .
.. y por alguna razón aquella noche ella debía de haber considerado necesario, sin duda en el desarrollo de sus planes hasta su consumación, asumir de nuevo el personaje de Silver Mag.
.. ¡y la habían atrapado! Pero era absolutamente seguro que el Topo, de no haber intervenido nadie más, primero agotaría todos los medios a su alcance para obligar a Silver Mag a revelar la información que naturalmente creería que ella tenía sobre el paradero de El Sello Gris , antes de descargar sobre ella la venganza del bajo mundo; pero igualmente el Topo, si la policía lo interrumpía, en una especie de bárbara rivalidad, si es que él, Jimmie Dale, conocía algo del bajo mundo, jamás entregaría a Silver Mag.
.. con vida. Sería el viejo grito, espantosamente formulado, tal como lo había oído aquella noche de hacía tanto tiempo en el ataque al antiguo Santuario.
.. ¡ El Sello Gris y Silver Mag eran suyos !
Algo parecido a un gemido brotó de los labios de Jimmie Dale.
Con la policía fuera de escena habría habido tiempo; con la policía como factor, incluso concediendo que el Topo la entregara, su muerte era segura.
La mente trabaja a gran velocidad. Parecía que había transcurrido una eternidad mientras permanecía allí apoyado en la puerta, con las manos apretadas contra las sienes.
.. en realidad apenas había pasado un segundo.
¡Tiempo! Fue como un toque de clarín, esa palabra, despejando su cerebro, fustigándole a la acción instantánea.
Había tiempo, un margen pequeño y lastimosamente inadecuado, pero un margen al fin y al cabo.
.. los pocos minutos que quedaban antes de que Carruthers tuviera a la policía aporreando la puerta del Topo.
Había una oportunidad, todavía una oportunidad de salvarle la vida.
Y si conseguía sacarla de lo del Topo...
¡qué pasaría entonces! ¡Estaría a un tris del abismo!
¿Y después... una vía de retirada... un santuario temporal? ¡Sí, sí... tenía que pensar en todo!
Trabajaba a una velocidad de locos ahora, quitándose la ropa, ahondando en aquel escondite secreto detrás de la sección móvil del zócalo, cerca de la puerta.
Y ahora el gas, con su mezquina, pobre y amarilla llama, iluminaba el lugar débilmente.
.. y Jimmie Dale, con su caja de maquillaje y un espejo resquebrajado, trabajaba a contrarreloj frente a los veloces minutos.
Solo había una manera de ir... como Larry the Bat .
Ello no dejaría al Topo ni al bajo mundo ninguna pista que seguir después si Larry the Bat acudía al rescate de Silver Mag; y si lograba salir airoso entonces aún quedaría el santuario de «Smarlinghue», este lugar aquí, como refugio temporal.
La transformación en Larry the Bat robó un minuto o dos extras del preciado tesoro de tiempo, pero era la única manera.
.. arriesgarse como Smarlinghue o Jimmie Dale, arriesgarse a ser reconocido, sería el acto de un tonto, pues abortaría el éxito inicial, si, por cualquier medio, lograra siquiera alcanzar ese punto.
Gracias a Dios por las circunstancias que, con anterioridad a esto, le habían llevado a duplicar la indumentaria andrajosa de Larry the Bat ; gracias a Dios por la única oportunidad de vida —para ella— que esto le brindaba ahora.
El gas se apagó de nuevo, la habitación quedó a oscuras.
Por la pequeña ventana francesa, y arrimado a la pared del edificio, y por la tabla suelta de la valla que daba salida al callejón, Jimmie Dale, como Larry the Bat ahora, avanzó furtivamente.
Y entonces, en el callejón, echó a correr.
Y ahora, surgió un peligro añadido... ¡que cualquiera de la fraternidad de las bandas, hombre o mujer, atisbara a Larry the Bat , y sería el fin!
¡Su situación ahora era análoga a la de ella como Silver Mag antes de que la atraparan!
No habría oportunidad de hablar... ¡sería el fin!
Pero ese era el riesgo que corría, la única oportunidad que había. .. para ella .
Pero Jimmie Dale conocía el East Side. Por callejones y callejuelas, a través de patios y saltando vallas, Jimmie Dale se abrió paso; y cuando se vio obligado a salir a la luz para cruzar una calle, eligió un tramo oscuro y mal iluminado, y allí donde en una corta distancia por aquí y por allá tuvo que mantenerse en la calle, se mantuvo sumido en las sombras de los edificios, agachándose en los portales para evitar a los transeúntes.
Le llevó tiempo... no se atrevía a calcular cuánto.
¡Carruthers no era un hombre que se durmiera en los laureles!
Probablemente Carruthers, antes de salir de casa, habría telefoneado a algún agente de la Jefatura para que se reuniera con él.
.. el detective habría telefoneado a la Jefatura desde lo de Melinoff.
.. ¡y después de eso la policía no tardaría en llegar a lo del Topo!