CAPÍTULO XV - ATRAPADO EN EL ACTO #4
—Catorce años sería una condena leve, ¿verdad?
—reanudó Jimmie Dale, con una amenaza aún más fría en su voz—.
Y te acuerdas de Stangeist, del Mope y de Australian Ike, ¿verdad, Laroque?
¿Recuerdas que fueron a la celda de la muerte en Sing Sing.
.. y recuerdas que El Sello Gris los envió allí?
Sí, ya veo que sí; ¡ya veo que tu memoria es buena esta noche!
¡Escucha, entonces! He oído decir que Gentleman Laroque, con sus gángsters a sus espaldas, no se detendría ante nada si el pellejo del propio Gentleman Laroque estuviera en juego.
He oído decir que allí donde se conocía a Gentleman Laroque, se le temía .
Muy bien, Laroque, es tu turno de elegir.
Puedes elegir entre tú mismo y esta «Red de los Clubes Privados» que ha comprado tus servicios en este juego de esta noche.
Me imagino que podrás encontrar la manera de convencer a Sonnino aquí presente para que mantenga la boca cerrada; y me imagino que, de los dos males —mantener al joven Archman como una amenaza sobre su padre, o que tus jefes se enfrenten a un juicio y a una condena— podrás convencer a la «Red de los Clubes Privados» de que el mal menor, el menor en lo que a tus riesgos respecta, digamos, es enfrentarse a ese juicio y a esa condena.
¿Me explico con claridad... Laroque? Se trata simplemente de que no se diga ni una palabra de lo que ha pasado esta noche.
.. ¡o de catorce años en Sing Sing para ti!
No creo que te resulte difícil la tarea si añades, a los argumentos propios que estimes oportuno emplear, el hecho de que El Sello Gris , si tus mandamases mueven un dedo, los desenmascarará por el trabajito de esta noche, además de por lo que ya tendrán que responder. ¿Y bien... Laroque?
Se hizo el silencio durante un minuto. Sonnino, encogido, desaparecida su suavidad y su actitud untuosa, un hombre asustado, mantenía la mirada en la mesa, y no dejaba de frotarse las manos una contra la otra. Laroque era el jugador empedernido... forzó una sonrisa torcida en sus labios.
—Tú ganas —dijo con voz ronca—. Puedes creerme, no voy a ir a chirona catorce años por nadie.
.. ¡ya me encargaré yo muy bien de eso! Pero tú.
.. —una rabia incontrolable y elemental encontró su voz en un torrente repentino de insultos blasfemos—.
.. ¡tú... ya te pillaremos! Algún día te pillaremos, maldito chivato, tú. ..
—¡Buenas noches! —dijo Jimmie Dale con severidad, y, retrocediendo rápidamente por el umbral, cerró la puerta y le echó la llave.
Llegó a la calle, alcanzó su coche delante de La Esfinge.
.. y, veinte minutos después, tras una carrera vertiginosa en la que Benson desafió por segunda vez aquella noche todos los límites de velocidad, Jimmie Dale se apeó de su coche en una esquina de la calle bastante más al norte de la ciudad, despidió a Benson por el resto de la noche, deshizo la mitad del camino andando por la manzana, desapareció por un callejón y, poco después, saltando una alta valla con la agilidad de un gato a pesar de su estorboso paquete, se dejó caer sin ruido en un patio trasero.
Era terreno bien conocido para Jimmie Dale.
.. de niño había jugado allí en el patio trasero de los Archman, había jugado allí con Clarie Archman.
Con el rostro enmascarado de nuevo, se dirigió velozmente hacia la parte trasera de la casa.
Todavía quedaba Clarie Archman. ¿Qué haría el muchacho?
La mano de Jimmie Dale, de nuevo con una ganzúa, se apretó con fiereza.
Era una elección infernal la que le habían dado al muchacho.
.. ¡robar a su padre, o hundirse él mismo, y arrastrar a su padre con él, en la ruina y en la desgracia!
¿Qué haría el muchacho? Jimmie Dale estaba trabajando en silencio en la puerta trasera ahora.
Se abrió y entró. Había llegado mucho antes que el otro, no había ninguna posibilidad, aun concediéndole la ventaja de salida que había tenido el muchacho, de que Clarie Archman hubiera podido hacer el viaje hasta aquella zona de la ciudad en el mismo tiempo.
Lo más probable era que el muchacho se demorara incluso mucho rato sumido en la tristeza y la indecisión antes de volver a casa.
Por eso él, Jimmie Dale, había despedido a Benson y al coche por esa noche, y. ..
Con una sacudida mental, Jimmie Dale centró su atención en el entorno inmediato.
Estaba a oscuras; no había luces en ninguna parte de la casa, pero no las necesitaba, ni siquiera su linterna.
.. conocía la casa tan bien y tan íntimamente como la suya propia.
Ahora se encontraba en el pasillo trasero, y al abrir una puerta, se detuvo con cautela mientras el apagado resplandor amarillo de un fuego que se extinguía en la chimenea iluminaba tenuemente la habitación, y luego entró.
Era la biblioteca de los Archman, la habitación donde David Archman hacía gran parte de su trabajo por las noches.
Había un escritorio en el extremo inferior de la habitación; y en la esquina, cerca de las ventanas con cortinajes, estaba la caja fuerte del abogado.
Jimmie Dale cerró la puerta, se dirigió hacia la ventana, descorrió las cortinas, soltó el pestillo de la ventana, y la levantó en silencio... ¡había solo una caída de un par de metros hasta el patio! Y entonces Jimmie Dale se sentó al escritorio.
Un reloj en algún lugar de la casa dio una campanada.
.. sería la una y media. El tiempo pasó despacio, de forma interminable.
El reloj volvió a dar campanadas... las dos.
Y entonces, de repente, Jimmie Dale se levantó de la silla y se deslizó en el hueco de la ventana tras los cortinajes.
La puerta principal se cerró, se oyó un paso por el pasillo, la biblioteca se abrió, volvió a cerrarse.
.. y Clarie Archman, con el rostro como el de un muerto bajo la parpadeante luz del fuego, avanzó hacia el interior de la habitación.
Por un momento el muchacho permaneció inmóvil junto al escritorio, con los ojos clavados en la caja fuerte con una especie de horrible fascinación.
.. y luego, con lentitud, avanzó hacia ella, se dejó caer de rodillas enfrente y sus dedos empezaron a girar el pomo del dial.
Le temblaban los dedos y tardó mucho en su tarea.
.. y entonces la manija giró y la caja fuerte quedó abierta, pero Clarie Archman no abrió la puerta.
En lugar de eso, retrocedió bruscamente, se puso en pie tambaleándose y se cubrió el rostro con las manos.
—¡No puedo! ¡Oh, Dios mío, yo... no puedo! —gimió. Bajó las manos al cabo de un momento, y miró a su alrededor sin ver; una expresión extraña y cadavérica asomó a su rostro—. Supongo... supongo que solo hay una... una forma de... de ganarles —susurró—. Una forma de ganarles, y...
El paquete que Jimmie Dale tenía en la mano cayó de pronto al suelo, descorrió las cortinas de un tirón y, con un grito bajo y agudo, saltó hacia delante.
El muchacho había sacado un revólver del bolsillo y se lo estaba llevando a la cabeza.
Jimmie Dale golpeó la mano del otro hacia arriba.
.. pero solo a tiempo de desviar el disparo; demasiado tarde para impedir que se disparara.
Hubo un fogonazo en el aire, el estruendo de la detonación retumbó por la silenciosa casa, y el revólver, saliendo despedido de las manos del otro, chocó contra la pared al otro lado de la habitación.
Y entonces Jimmie Dale agarró al muchacho por los hombros y le zarandeó con violencia. Clarie Archman estaba como aturdido, paralizado y privado de sus sentidos.
—¡Todo va bien... estás libre! ¿Me oyes?
... Intenta comprenderlo... ¡estás libre!
—susurró Jimmie Dale con fiereza—. ¡Aquí tienes tu carta!
—Se la metió en la mano al otro—. ¡Destrúyela!
Esos hombres... Sonnino... Barca... no dirán nada.
No le debes dinero a nadie... ese chiringuito financiero estaba metido en el ajo con los demás, y.
.. —Gritos y voces llegaban ahora desde arriba; y Jimmie Dale, como una exhalación, se apartó del muchacho, saltó hacia la caja fuerte, abrió la puerta de un tirón, metió ambas manos y, cogiendo un brazo entero del contenido, derramó libros y papeles por el suelo.
En un instante volvía a estar junto al muchacho—.
¡Escucha! Oíste a alguien aquí cuando entraste en la casa.
.. entraste en la habitación... me pillaste con las manos en la masa.
.. disparaste... fallaste. Y ahora... ¡pelea!
Pelea... recupérate... pelea. ¡Ya vienen!
Agarró al muchacho por la cintura y los dos, enzarzados, se tambalearon de un lado a otro de la habitación.
Una silla, volcada deliberadamente por Jimmie Dale, cayó al suelo con estrépito.
Los gritos se acercaban. Unos pasos bajaban corriendo locamente por las escaleras.
.. y entonces la puerta de la biblioteca se abrió de golpe, y David Archman, en pijama, irrumpió por el umbral y, sin dudarlo ni un segundo, se abalanzó hacia las dos figuras que forcejeaban.
.. y Jimmie Dale, soltando al muchacho, empujó al otro de repente hacia atrás para que tropezara de lleno con David Archman, frenando la arremetida de este.
.. y, girándose, saltó hacia la ventana, recogió su paquete, se lanzó por el alféizar, se dejó caer al suelo y, corriendo hacia la valla, la trepó y alcanzó el callejón, justo cuando un disparo, de David Archman sin duda, se efectuaba desde la ventana.
Un momento más y Jimmie Dale, con el antifaz en el bolsillo, había salido del callejón y caminaba con aire despreocupado hasta la esquina de la calle; un poco más y se había subido a un tranvía.
.. pero bajo el abrigo de Jimmie Dale había un bulto sumamente sospechoso.
Consciente de ello, se bajó del tranvía unas cuantas manzanas más allá, cuando estuvo lo bastante lejos para tener la certeza de haber eludido toda persecución.
.. y caminó el resto del trayecto hasta Riverside Drive.
Si él había escapado ileso, el paquete de billetes no.
.. era su abrigo lo que los ocultaba de la vista, no los envoltorios, pues los envoltorios se habían desgarrado casi por completo en su precipitada huida por encima de la valla.
Llegó a su casa y subió los escalones con cautela.
Tenía que pensar en Jason... Jason con su adorable y perniciosa costumbre de quedarse despierto esperando a su amo.
Jason no debía ver aquellos billetes, eso era obvio, y si Jason.
.. ¡sí!... Jimmie Dale miraba ahora a través del encaje con el monograma que cubría las puertas de cristal del vestíbulo.
.. sí, Jason todavía estaba despierto. Y entonces Jimmie Dale esbozó aquella extraña sonrisa caprichosa suya.
Jason seguía esperando despierto... dormido en la silla del vestíbulo.
Con suavidad, sin el menor ruido, Jimmie Dale abrió la puerta principal, entró, pasó de largo al anciano y subió las escaleras.
En su vestidor, escondió el paquete que mañana, o en la primera oportunidad, enriquecería alguna obra de caridad merecedora y, tan silenciosamente como había subido las escaleras, volvió a bajarlas, volvió a pasar junto al anciano y salió a la calle una vez más.
Solo había una razón por la que Jason, agotado y dormido, estaba sentado allí.
.. solo una... porque Jason, el viejo Jason, el fiel y generoso Jason, amaba a su amo Jim.
Los ojos de Jimmie Dale se empañaron de niebla. Tal vez fuera por eso, por no ver con claridad, por lo que volvió a tropezar al subir los escalones; tal vez por eso hizo tanto ruido que fue Jason quien abrió la puerta y extendió las manos para recoger el abrigo y el sombrero de Jimmie Dale.
—¡Cómo! —dijo Jimmie Dale con severidad—. ¿Esperando despierto otra vez, Jason? ¡Jason, vete a la cama inmediatamente!
—Sí, señor —dijo Jason—. Gracias, señor. Gracias, amo Jim, señor... lo haré.