Las Nuevas Aventuras de Jimmie Dale (Las Crónicas de Jimmie Dale 2) CAPÍTULO XV - ATRAPADO EN EL ACTO #3
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CAPÍTULO XV - ATRAPADO EN EL ACTO #3

—¡Te crees que te enfrentas a un juego de aficionados!

—exclamó Laroque con malicia—. ¡Pues olvídalo!

No la habías tenido en el bolsillo ni media hora antes de que te la levantara uno de los mejores carteristas de toda la vieja Nueva York.

—Estaba sacando una carta de su sobre y desplegando la hoja—.

¡Ese es el tipo de gente que está metida en esto, machote!

Escucha, te leeré la carta. Parecía bastante inofensiva cuando la recibiste, en vista de lo que te conté de que conocía a un hombre que te prestaría el dinero.

Pero fíjate cómo suena con la caja fuerte de Sonnino llena de agujeros.

¿Estás escuchando? «Todo está listo. Niccolo Sonnino tiene su caja fuerte atiborrada esta noche.

Reúnete conmigo en lo de Bristol Bob a las once. J. Barca.»

Se hizo el silencio en la habitación. Clarie Archman se había dejado caer en una silla, y había ocultado el rostro entre los brazos que se extendían sobre la mesa.

Entonces Laroque volvió a hablar:

—¿Ves en qué situación estás... Clarie? Cuenta tu historia.

.. y es una historia que suena a una ingeniosa «artimaña» de tu abogado para sacarte del apuro.

Solo te hundes más ante el jurado por intentar engañarles , ¿lo pillas?

Aquí tienes las pruebas... y te tienen bien pillado.

Sonnino te reconoce. Identifican la carta en el local de la Sexta Avenida, y te identifican a ti como el tipo que se hace llamar Martin Moore.

J. Barca ha volado del nido y no pueden dar con él, y. .. bueno, supongo que lo captas, ¿no?

—¿Qué... qué quieres? —El muchacho no levantó la cabeza.

—Queremos que tu padre lo deje estar, y que lo deje estar muy rapidito —dijo Laroque con frialdad—.

Pero te daremos la oportunidad de escabullirte, y puedes tomarla o dejarla.

.. a nosotros no nos importa. Tu padre tiene los papeles y las declaraciones juradas del caso del «Club Privado» en su caja fuerte en casa esta noche, y muchas de esas declaraciones nunca podrá reemplazarlas.

.. ¡nos hemos asegurado de eso! ¡Muy bien!

Tú tienes la combinación de la caja fuerte.

Ve a casa, coge esos papeles y tráelos aquí.

Si están aquí a las cuatro... eso te da unas tres horas.

.. estás libre. Si no lo están, entonces a tu padre le llega información confidencial de que la banda sabe que su hijo ha dado un golpe esta noche, pero que pueden mantener cerrada la boca de Sonnino si él tira la toalla, y que si no abandona lo de la «Red de los Clubes Privados», si es tan jodidamente aficionado a procesar gente, ¡tendrá la oportunidad de procesar a su propio hijo. .. por ladrón!

El muchacho no se movió.

—Y solo una última palabra —añadió Laroque con dureza—.

No cometas el error de pensar que si te niegas a conseguir las declaraciones nos vas a fastidiar.

Tienes la opción de elegir únicamente porque estamos siendo legales contigo y queremos darte una oportunidad.

No teníamos intención de darte ninguna, pero no queremos ser demasiado duros contigo, así que si quieres librarte de esta forma y aceptas seguir saboteando el plan de tu padre si vuelve a intentarlo, de acuerdo.

Pero tienes que entender que nosotros tenemos una amenaza igual de grande sobre la cabeza de tu padre de la otra manera.

—¡Legales! ¡Siendo legales ! ¡Oh, Dios mío! —Clarie Archman se había puesto en pie de un salto desde su silla. Su rostro, demacrado y desencajado, era el de un condenado.

—¡Buenas noches! —dijo Laroque con insensibilidad—.

¡Ya sabes por dónde se sale! Tienes hasta las cuatro.

Si no has vuelto aquí para entonces... —se encogió de hombros de manera significativa—.

Ya ves que ni siquiera te pregunto qué vas a hacer.

No nos importa. Depende de ti. Cualquiera de las dos opciones nos viene bien. Y ahora... ¡lárgate!

Jimmie Dale retrocedió por segunda vez aquella noche hacia el pasillo.

Un paso, lento, vacilante, inestable, como el de un hombre ciego, salió de la habitación interior, y recorrió toda la longitud de la habitación delantera.

.. y la puerta se abrió y se cerró. Clarie Archman, solo Dios sabía con qué propósito en su corazón, se había marchado.

Del fino estuche de metal, ayudándose de las minúsculas pinzas, Jimmie Dale sacó un sello gris, colocó el sello en su pañuelo, lo dobló con cuidado, se lo metió en el bolsillo.

.. y volvió a acercarse sigilosamente hacia la puerta interior.

Los dos hombres estaban inclinados sobre la mesa, sobre el dinero que había en ella, repartiéndolo.

Los labios de Jimmie Dale eran despiadadamente finos; una furia, no el blanco e impetuoso calor de la pasión, sino una furia fría, mortal, implacable, se había apoderado de su alma.

Se acercó más a hurtadillas... todavía más.

—Los que organizaron esto dicen que nos lo quedemos para nosotros por el trabajo —dijo Laroque secamente—.

Un tercio para ti, el resto para mí. ¿Estás seguro de haber metido todo lo que te dieron en la caja fuerte.

.. Niccolo? —Entrecerró los ojos con suspicacia—.

¿Estás seguro de que no intentas ocultarme nada? Si lo haces, te haré...

Las palabras murieron de golpe en sus labios... la mandíbula se le cayó con impotencia.

Jimmie Dale estaba de pie en el umbral.

—¡Niccolo, suelta ese revólver! —dijo Jimmie Dale con suavidad. Su automática apuntaba directamente a los dos hombres.

El revólver cayó haciendo ruido sobre la mesa. Ninguno de los dos hombres habló... solo que sus rostros se movían de una manera extraña y convulsiva, mientras miraban a Jimmie Dale con asombrada fascinación.

—¡Gracias! —dijo Jimmie Dale con educación.

Entró con paso ágil en la habitación, empujó a Sonnino hacia un lado sin ceremonias, hundió la boca de su revólver con no demasiada delicadeza en las costillas de Laroque, y registró las ropas de este último—.

Sí —dijo—, imaginé que muy probablemente tendrías una.

—Se guardó en el bolsillo el revólver de Laroque, y también el de Sonnino que estaba en la mesa—.

Y ahora esa carta... ¡gracias! —Sacó rápidamente la carta del bolsillo interior de la chaqueta de Laroque y se la metió en el suyo, luego dio un paso atrás y sonrió.

.. pero la sonrisa no tenía nada de amistosa—.

Solo tengo unos cinco minutos libres —murmuró Jimmie Dale—.

Tengo prisa , Niccolo. Veo un poco de papel de envolver y cordel allí encima de la caja fuerte. ¡Tráelo!

El hombre obedeció mecánicamente, en un estado de estupor, y colocó varias de las hojas y una buena cantidad de cordel sobre la mesa. Laroque, callado, hosco, bajo el hechizo de la automática de Jimmie Dale, observaba los acontecimientos sin decir palabra.

—Ahora —dijo Jimmie Dale, y una nota gélida empezó a deslizarse en sus tonos aterciopelados—, ustedes dos van a hacer el primer donativo caritativo que han hecho en toda su vida.

.. digamos, a uno de los hospitales de la ciudad.

Haz un paquete tan ordenado y pequeño como puedas con ese dinero, Niccolo.

—¡Ni hablar! —rugió Laroque de repente—. ¡Quién demonios eres tú! ¡Maldito seas, yo...! —Se encogió de hombros a toda prisa ante la amenaza de la automática de Jimmie Dale.

—¡Envuélvelo, Niccolo, y átalo con un cordel! —espetó Jimmie Dale.

Y de nuevo, pero ahora gruñendo y maldiciendo, el hombre obedeció.

La mano de Jimmie Dale fue a su bolsillo y salió con su pañuelo. Se llevó el pañuelo a la boca, humedeció la cara adhesiva del sello de papel gris y presionó el pañuelo sobre la parte superior del paquete.

—No le vendría bien a nadie saber de dónde procede realmente el dinero, ¿verdad? —observó Jimmie Dale, volviendo a esbozar una sonrisa poco amistosa.

Los dos hombres estaban inclinados, estirándose hacia delante, con los ojos clavados en el sello gris en forma de rombo... y en sus rostros asomó un miedo enfermizo.

—¡El Sello Gris! —balbuceó Sonnino.

—¡Ponle un segundo envoltorio a ese paquete!

—ordenó Jimmie Dale con frialdad. Observó cómo Sonnino realizaba la tarea con dedos temblorosos; y luego, colocándose el paquete bajo el brazo, Jimmie Dale retrocedió hasta la puerta.

Había una llave en la cerradura por el lado interior.

La cambió a la parte exterior con total frialdad.

.. y su voz sonó de repente áspera con la furia que por fin encontraba salida.

—Sois un par de sabuesos del infierno —dijo entre dientes—; pero sois unos angelitos en comparación con la banda que os contrató para esto.

Bueno, ¡el juego ha terminado! David Archman ajustará cuentas con ellos cuando se enfrenten a la investigación.

.. ¡y yo ajustaré cuentas con vosotros !

Una noche, hace un año, el pasado mes de enero, a cierto banco de la Cuarta Avenida le robaron dieciocho mil dólares.

.. ¿te acuerdas, Laroque? ¡Ah, ya veo que sí!

La policía sigue buscando al hombre que dio ese golpe.

¿Cuál dirías tú, Laroque, que sería la condena impuesta por ese asuntillo a un hombre con, digamos, tu historial delictivo?

A Laroque le temblaban los labios; su rostro se había vuelto gris.