Las Nuevas Aventuras de Jimmie Dale (Las Crónicas de Jimmie Dale 2) CAPÍTULO XV - ATRAPADO EN EL ACTO #2
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CAPÍTULO XV - ATRAPADO EN EL ACTO #2

Laroque empezó a sacar lo que evidentemente eran fajos de billetes de la caja fuerte.

.. pero Jimmie Dale ya no miraba la escena.

Había retrocedido de repente hacia el umbral del pasillo, y escuchaba ahora con profunda atención.

Un paso... podría haber jurado que había captado el sonido de un paso.

.. parecía provenir de justo afuera, junto a la ventana principal.

Pero todo volvió a quedar en silencio. Tal vez se había equivocado.

¡No! Por muy leve que fuera el sonido, oyó, ahora de forma inconfundible, cómo una llave chirriaba en la cerradura.

.. y luego, con sigilo, la puerta delantera empezó a abrirse.

Una mirada de perplejidad asomó al rostro de Jimmie Dale, mientras retrocedía ahora aún más hacia el propio pasillo.

Probablemente era Sonnino; pero ¿por qué entraba Sonnino a hurtadillas en su propia casa como.

.. bueno, como cualquiera de los tres invitados depredadores que ya se le habían adelantado?

Y entonces el rostro de Jimmie Dale se aclaró.

¡Por supuesto! Desde la ventana se podía ver el resplandor de la linterna en la habitación interior.

Sonnino estaba avisado y, sin duda... ¡armado!

La puerta principal se cerró con suavidad, con tanta suavidad que si Jimmie Dale, con lo hipersensible que era su oído, no hubiera estado pendiente de ello, se le habría escapado.

El resplandor de la habitación interior, por muy débil que fuera, puso en sombrío relieve la figura de un hombre que avanzaba de puntillas. .. y entonces una tabla crujió.

—¡Qué es eso! —surgió en un susurro desesperado de Clarie Archman.

—¡Otra vez con los nervios! —le espetó Laroque—. ¡Me tienes harto!

—¡Vámonos de aquí! ¡Salgamos de aquí... rápido! —La voz de Clarie Archman, que ya no era tan baja, encerraba un tono de súplica frenética.

—¡Ni hablar! —dijo Laroque, con una mueca perversa—.

¡No hasta que el trabajo esté hecho! ¿Te crees que me voy a pasar media hora reventando una caja para arriesgarme a perder algún premio?

Tenemos la pasta, de acuerdo, pero debe de haber uno o dos de los brillantes de Sonnino por ahí tirados en alguno de estos cajones, y. ..

Se oyó el clic del interruptor de la luz eléctrica, un grito de Clarie Archman, la habitación interior se inundó de luz, y —Jimmie Dale se había adelantado de nuevo saliendo del pasillo— Sonnino, revólver en mano, estaba de pie justo en el umbral, frente a Gentleman Laroque y el hijo del ayudante del fiscal del distrito.

Luego, el silencio... un silencio de segundos que parecieron minutos. Y entonces Gentleman Laroque soltó una risa chirriante.

—¡Hola, Sonnino! —dijo con frialdad—. Llegas un poco tarde, ¿no? Me has tenido haciendo tiempo los últimos cinco minutos. ¿Conoces a mi amigo... el señor Martin Moore, alias el señor Clarie Archman? Clarie, este es el signor Niccolo Sonnino, el dueño del local.

Y entonces a Jimmie Dale, allí donde antes su mente había andado a tientas en la oscuridad para conciliar detalles aparentemente incongruentes, le llegó la luz como en un relámpago. La «trampa» era un poco más enrevesada, un poco más astuta, un poco más infernal... ¡eso era todo!

El muchacho, pálido hasta los labios, se tambaleaba de pie, aferrándose a la mesa en el centro de la habitación. Miraba de uno a otro, con una miserable y naciente comprensión en sus ojos.

—¿Ustedes... conocen mi nombre? —Su voz era apenas audible.

—¡Seguro! —dijo Laroque... y bostezó con insolencia.

—¡Vaya! —ronroneó Sonnino, en un excelente inglés—. ¡Conque esas tenemos! ¡Un ladrón! El hijo del tan honrado señor fiscal... ¡un ladrón!

—¡Es mentira! —Las manos del muchacho, cerradas en puños, se alzaron por encima de su cabeza, y luego se agitaron casi maniáticamente en el rostro de Gentleman Laroque—. ¡Es mentira! No... no lo entiendo, pero... ¡ustedes dos, demonios, están compinchados en esto!

—¡Seguro! —replicó Laroque, con la misma insolencia que antes... y apartó las manos del otro de un manotazo—. ¡Claro que lo estamos!

—¡Es mentira! —repitió el muchacho—. Estaba en un aprieto. Necesitaba dinero. Tú me dijiste que conocías a un hombre que me lo prestaría. Por eso vine aquí contigo, y luego... y luego me retuviste aquí con tu revólver y empezaste a abrir esa caja fuerte.

—¡Seguro! —respondió Laroque, por tercera vez—. ¡Seguro... así es! Bueno, ¿cuál es tu respuesta a eso?

—¡Esta! —gritó el muchacho enloquecido—.

¡No sé de qué va vuestro juego, pero esta es mi respuesta!

¡Te crees que habría tocado ese dinero, o que te habría dejado a ti.

.. una vez que hubiera salido de aquí donde pudiera haber conseguido ayuda!

No soy un ladrón... independientemente de lo que pueda ser. ¡Esa es mi respuesta!

La sonrisa de Niccolo Sonnino era untuosa.

—Ya es un poco tarde, ¿no crees? —le miró con lascivia—.

Escucha, mi joven amiguito; te contaré una historia.

Trabajas para un banco, ¿eh? Al banco no le gusta que sus jóvenes empleados especulen.

.. ¿verdad? Pero, ¿por qué no habrías de especular un poco, muy poquito, si quieres.

.. si recibes buenos y muy confidenciales soplos, ¿eh?

No tiene nada de malo... no, desde luego que no.

Pero al mismo tiempo el banco no debe enterarse.

¡Muy bien! No se enterarán... nadie se enterará.

Ya no eres el joven señor Archman, eres.

.. ¿cuál es el nombre?... Martin Moore. Pero Martin Moore debe tener una dirección, ¿eh?

¡Muy bien! En la Sexta Avenida hay una tiendecita donde se alquilan buzones para correo privado y donde nunca se hacen preguntas.

.. ¿a que sí, mi queridísimo joven amigo?

El muchacho miraba con expresión demente el rostro de Sonnino, pero no dijo nada.

—¡Ah, suéltaselo sin rodeos! —le interrumpió Gentleman Laroque con rudeza—.

No quiero pasarme la noche aquí. ¡A ver, Archman, escúchame!

Te fichamos en ese asuntillo hace unas dos semanas.

.. y nos pareció bien, y apostamos a caballo ganador, ¿lo pillas?

Te presentaron a mí, te parecí un buen tipo, y nos hicimos amigos inseparables.

.. ya lo sabes todo sobre eso. Además, te presentaron a unos nuevos corredores de bolsa, que te dijeron que cuidarían bien de tus márgenes.

.. ¡a lo mejor solo llevaban un chiringuito financiero, pero tú no lo sabías!

¡Muy bien! Te enredaste hasta el fondo. Ayer te quedaste a cero, y encima con tres mil dólares de deuda, y estaban pidiendo su dinero a gritos y amenazando con desenmascararte.

Te dieron hasta mañana por la mañana para pagar.

Me lo contaste. Yo te dije esta mañana que creía conocer a un hombre que te prestaría la tela, y.

.. —rio con tono de burla, e hizo un ademán con la mano hacia la caja fuerte—.

.. bueno, te traje hasta ella, ¿no es así?

—Yo... no lo entiendo —masculló el chico con impotencia.

—¡No lo entiendes! —se mofó Laroque—. ¡Pues es tan grande que lo vería hasta un ciego!

¡Te hemos encasquetado este robo de cabo a rabo!

Un joven que especula, que usa un nombre falso, que tiene un buzón privado en la Sexta Avenida, y dispone de cuarenta y ocho horas para saldar sus deudas o enfrentarse al escándalo, ¡tiene unas posibilidades formidables con un jurado. .. y un cuerno!

El muchacho se humedeció los labios con la punta de la lengua.

—Pero ¿por qué... por qué? —susurró—. Yo... yo nunca os he hecho nada.

—¡Claro que no! —El tono de Laroque era ahora brutalmente amable—. Es tu padre. Tenemos la idea de que tal vez no le haga tanta gracia seguir adelante con esa pequeña investigación sobre los clubes privados después de que le hagamos una cierta proposición sobre su hijo.

—¡No, no! ¡No... no lo haréis! —La voz de Clarie Archman se elevó de repente estridente, fuera de control—. ¡No lo haréis! ¡No podéis! Vosotros también estáis metidos en esto —señaló con el dedo de forma desesperada a uno y luego al otro de los dos hombres—: ¡tú... tú!

—¿Tú crees? —arrastró las palabras Laroque—.

Muy bien, díselo... cuéntaselo al jurado, cuéntaselo a tu padre, que es todo un experto en pruebas.

Seguro, estoy metido en esto contigo... pero no sabes quién soy.

¡Se las van a ver y desear para encontrar al señor J.

Barca! ¡Estoy pensando en hacer un viajecito a Florida por mi salud, y mi ayuda de cámara ya me ha hecho el equipaje!

¿Lo pillas? Y ahora escucha a Sonnino. Sonnino es una maravilla en el estrado.

Niccolo, dile al jurado lo que sabes sobre este desdichado joven.

Sonnino, con una sonrisa malvada en el rostro, hizo un floritura dramática con la mano que sostenía el revólver.

—Bueno, estaba dormido arriba. Me desperté.

Me pareció oír un ruido abajo. Escuché. Entonces me levanté y bajé las escaleras silencioso como un ratón.

Encendí la luz rápido... así —chasqueó los dedos—.

Dos hombres han forzado mi caja fuerte y tienen mi dinero, mucho dinero, porque guardo allí todo mi dinero; no uso bancos.

.. no. Se abalanzan sobre mí, me tiran al suelo, escapan, pero reconozco a uno de ellos.

.. es el joven señor Archman, a quien he visto muchas veces en el Café La Esfinge.

.. sí. Y bien, entonces encuentro una carta en el suelo.

—Volvió a sonreír con perversidad—. ¿Tiene Usted la carta que encuentro. .. señor Barca?

—Claro —dijo Gentleman Laroque... y metió la mano en su bolsillo—. Estaba dirigida a Martin Moore en la Sexta Avenida, ¿no es así?

—¡Dios mío! —Surgió en un grito súbito y lastimero del muchacho, y su mano se dirigió instintivamente a su propio bolsillo—. ¡Tú... tienes esa carta!