Interludio
· · ·
«Sara.
Ya sé que no me vas a contestar y no pasa nada, ¿eh, que lo entiendo, que estuve fatal el domingo y os hablé fatal a las dos.
Perdona. Perdóname tú, que mamá ya me perdonará cuando le dé la gana.
Solo te quiero decir una cosa y ya me callo. Que lo del dinero está bien. Que no me lo he gastado, ni se lo he dado a nadie, ni soy tonta. Lo he movido yo, ¿vale? Yo, con mis claves, sentada en mi sofá, un lunes por la noche, mirándolo en la pantalla. Nadie me ha tocado nada.
Está donde tiene que estar hasta después de la boda y luego ya se verá, y si dentro de un año resulta que era una tontería, pues habrá sido una tontería mía y me la como yo.
Es que yo lo único que quería era llegar al treinta y uno sin tener esto encima. Y ya está. Y ahora estoy tranquila, Sara. Llevo dos años sin estar tranquila y ahora estoy tranquila.
Dile a mamá que el jueves voy a comer si me deja.
Y que lo de las sillas al final no lo pago, que se sienten en el suelo.
Perdona, ya paro. Que son las once y media y tú mañana madrugas.
Un beso, guapa. Te quiero.»