Interludio
· · ·
«Mamá, ya sé que es tardísimo, no lo escuches hasta mañana. O escúchalo, que sé que estás despierta.
A ver. Que estoy contenta y te lo quiero decir aunque no entiendas la mitad, que ya sé que no la vas a entender, y me da igual.
He hecho una cosa bien. Por una vez en mi vida he hecho una cosa bien y a tiempo.
Lo del padre. Lo de lo que me dejó. Que llevo desde febrero con eso en la cabeza sin dormir, porque tú no querías ni oírlo y yo no tenía a quién preguntarle, y me daba una vergüenza horrible ir al banco y que un chaval de veinticinco me explicara mi vida.
Pues ya está. Ya lo tengo en un sitio aparte, en una cosa mía, a mi nombre, que no es la cuenta de siempre.
Aparte. Y no te voy a dar la brasa con cómo funciona porque además me lo tendría que volver a mirar, pero es que me lo explicaron con papel y boli, mamá, con un boli encima de una mesa, dibujándolo, hasta que yo dije vale, ya.
Y ahora ya me puedo casar tranquila. Que era eso. Que yo lo que no quería era llegar al doce, digo al treinta y uno, ay, perdón, al treinta y uno, sin tener esto en su sitio.
Ya te lo enseño el domingo con la carpeta.
Y no, no me lo he gastado en nada. Que te conozco.
Anda, duérmete. Un beso.»