33. Un kilómetro que no existe
Un kilómetro que no existe
Ferran me lo pasa el jueves a las once y media y viene a mi mesa a decírmelo en persona.
—¿Lo has abierto?
—Lo he abierto y se ve fatal.
Se va a comer a la una y me dice que por la tarde lo mira conmigo. Le digo que vale.
Los abro yo.
Los PDF del sistema antiguo se exportaban con una plantilla de impresión de 2011 y una fuente incrustada que ya no existe en ningún sitio.
Lo que sale en pantalla es medio documento legible y medio documento hecho de cuadraditos.
Los bloques de texto largo se leen. Las tablas, no. Los campos numéricos, según.
El expediente de mi prima está entero, con fecha de exportación 20 de agosto de 2018, 19:14.
Está la carátula. Está el atestado resumido. Está la póliza del vehículo. Está el bloque de daños personales.
Y está la nota de Ferran, con sus cuatro líneas, en el bloque financiero, tal y como me la sé de memoria, palabra por palabra.
En el registro de llamadas del terminal de la fallecida figura un número no identificado con doce llamadas salientes el 14 de agosto entre las 18:00 y las 23:00 horas.
Y el número, que va dentro de la tabla del adjunto, es una fila de cuadraditos.
Nueve cuadraditos.
Lo intento todo durante cuarenta minutos.
Cambio de visor. Lo abro en el navegador.
Copio y pego en un documento en blanco y me sale una ristra de símbolos que no son ni números.
El adjunto original, el que tendría el volcado de llamadas de verdad, no está: en las exportaciones antiguas los adjuntos no viajaban, solo viajaba la referencia.
Está delante de mí y no lo puedo leer.
A la una y media me obligo a dejarlo y a ir a lo que le dije a Ferran que iba a hacer, que es lo de la migración y los campos.
Y aquí es donde para todo.
Para leer los campos técnicos de una exportación así hay que abrir el panel de metadatos del formulario, que es una cosa que se hace tres veces al año y que enseña lo que el impreso no enseña: las etiquetas internas, los códigos y los campos heredados, que son los que el sistema arrastra de una versión a otra aunque ya nadie los rellene.
En el bloque de localización del expediente de Bea, en el campo heredado, pone esto:
LOC_PK_HER: 1418,3
Me quedo mirándolo con la mano en el ratón.
La N-340 termina en la provincia de Cádiz, y por el norte, aquí, va por el mil ciento cuarenta y tantos. El punto kilométrico mil cuatrocientos dieciocho no existe. No existe en esa carretera y no existe en ninguna de esta provincia.
Es mío.
Es de las tres y doce de la madrugada del 21 de agosto de 2018, cuando la recodificación me vació el formulario de localización y tuve que teclear otra vez la vía, el sentido y el punto kilométrico, y bailé dos cifras con los ojos como puños.
Está ahí. Ocho años ahí, en un campo que no imprime, en un documento que no lee nadie.
Y entonces hago lo que llevo dos semanas haciendo con todo, que es ir a comprobarlo en los otros dos.
Los expedientes de Nàdia Cots y de Carme Rosell están en el sistema de ahora.
Son de 2021 y de 2023. No tienen nada que ver con una carretera: una es una balsa de riego en una finca y la otra es una casa en la montaña, y en el impreso, en la casilla de localización, pone lo que tiene que poner, con su municipio y su polígono y su parcela.
Abro el panel de metadatos del primero.
LOC_PK_HER: 1418,3
El segundo.
LOC_PK_HER: 1418,3
Me echo hacia atrás en la silla.
Un expediente se puede crear de cero o se puede crear duplicando otro y vaciándolo, que es lo que hace todo el mundo para no volver a montar el formato. Cuando duplicas, el impreso sale limpio. Los campos heredados, no: esos se quedan, porque no los ve nadie.
En el sistema de mi compañía hay tres expedientes que llevan escrito dentro un punto kilométrico que no existe, y ese punto kilométrico lo escribí yo una noche de agosto de 2018 en el expediente de mi prima.
Alguien cogió el expediente de Bea y lo usó de plantilla. Dos veces. En 2021 y en 2023.
Y durante unos treinta o cuarenta segundos, con la sala vacía y el aire acondicionado zumbando, lo que siento es alivio.
Alivio del bueno, del que afloja los hombros.
Porque esto es una prueba. Esto es física.
Esto es un número imposible repetido tres veces y eso no lo hace el azar y eso lo entiende cualquiera, un juez, mi jefe, un perito, mi tía.
Aguanta cuarenta segundos.
Lo que se me cae encima después lo escribo entero porque tengo que verlo escrito.
Ese campo prueba que alguien clonó el expediente de mi prima.
No prueba quién.
Y para clonar el expediente de mi prima hay que tenerlo abierto delante. Hay que estar dentro de un expediente de 2018 al que no se te ha asignado, entrando por gusto, sin causa, en un sistema que registra tu usuario.
Y en once años solo hay una persona en esta empresa de la que conste que hizo exactamente eso.