21. La jaula
La jaula
A las once y media de la noche saco la libreta y me pongo con la distribución de mesas, porque hay que darla el veinte y porque si me quedo quieta me va a dar algo.
Levanto el lápiz.
Puedo ir a la Guardia Civil. Es lo primero que se le ocurre a cualquiera y lo digo en voz alta en la cocina para oírmelo: puedo coger el aparato, ir al cuartel de Reus, ponerlo encima del mostrador y contar lo que sé.
Y entonces me preguntan cómo he llegado a los nombres.
Y yo tengo que decir que una amiga que trabaja en antifraude de una operadora me hizo dos consultas sin causa, en una gasolinera, en agosto, dos veces. Sílvia tiene cuatro personas a su cargo y una auditoría en octubre.
Y después me preguntan si he consultado los expedientes.
Mesa 3: los compañeros de Álvaro del gremio, seis.
Mesa 4.
Porque eso es lo que hay al final de esa salida, y no la vergüenza.
Yo entro en un cuartel a decir que hay una lista de mujeres muertas en un teléfono, y a las dos semanas alguien de mi propia compañía saca la trazabilidad y aparece que la denunciante entró siete veces en esos expedientes en las últimas seis semanas, dos de ellas a las once de la noche, sin expediente asignado y sin causa.
Y en ese momento dejo de ser la que avisa.
Lo he visto. He visto a un tasador presentarse voluntariamente a explicar una irregularidad y salir imputado, porque lo primero que se mira no es lo que cuenta: es qué hacía él ahí.
Mesa 4: la gente de mi oficina. Ferran y su mujer, Sergi, Montse la de siniestros y su marido, dos más.
Ferran y su mujer.
Puedo contárselo a mi jefe. Subir mañana al despacho de Vidal, cerrar la puerta y decir que hay accesos con mi usuario que yo no reconozco. Eso se llama comunicar un incidente y está en el procedimiento, página once.
Lo que pasa cuando comunicas un incidente es que abren una revisión. Y una revisión no se para donde tú la abres. Empiezan por julio y agosto de 2026 y terminan sacando el histórico entero de once años, y en ese histórico hay una noche de agosto de 2018.
Mesa 5.
Y lo de 2018 está en el sistema antiguo, y el sistema antiguo no se lee, y por eso llevo ocho años durmiendo.
En el último trimestre se lee.
Mesa 5: las amigas del instituto de mi madre, que no sé por qué vienen, pero vienen.
Puedo contárselo a Álvaro.
Me quedo con esta un rato largo, con el lápiz apoyado, mirando la puerta de la cocina.
Para contarle a Álvaro que su hermano tenía un teléfono con cuatro números y que dos de esos números son de dos mujeres muertas, tengo que explicarle cómo he llegado hasta ahí, y el camino pasa por el 30 de julio a las seis y treinta y cinco de la tarde.
Y hay algo peor, y por eso esta salida no es una salida.
El teléfono estaba en su taller. Con carga. Detrás de un rodapié que él ha quitado y puesto cuatro veces y que tiene cuatro tornillos nuevos.
Yo no le estaría contando nada a Álvaro. Le estaría avisando.
Borro la mesa 5 con la goma y la vuelvo a escribir igual.
Puedo preguntárselo a Gabriel , y eso ya lo cerré ayer en el sofá con el móvil en la mano.
Puedo no hacer nada. Puedo casarme el doce, irme cinco días a Menorca, volver, y esperar a que en noviembre o en diciembre un técnico de Madrid ejecute un proceso automático que va a leer un fichero plano que lleva ocho años sin que lo lea nadie.
Mesa 6.
Mesa 7.
A la una y veinte me doy cuenta de que he puesto a la vecina de Rosa en dos mesas.
A la una y media he vuelto a comprobar por tercera vez que el doce de septiembre cae en sábado. Cae en sábado. Lo he mirado en el móvil, en el calendario de la cocina y en la libreta, y las tres veces caía en sábado.
A las dos menos cuarto cuento la lista entera.
Ciento diecisiete.
La cuento otra vez, con el lápiz, tocando cada línea.
Ciento dieciocho.
La tercera vez me sale ciento diecisiete y encuentro el problema, que llevaba once días delante de mí: hay una línea en amarillo, en la hoja de confirmaciones, sin marcar.
Roser Sarrià — 1 — pendiente.
Mi tía es la número ciento dieciocho y todavía no ha dicho que sí.