19. Mi nombre en tres sitios
Mi nombre en tres sitios
A las tres de la tarde vuelvo a la oficina y hago lo que llevo dos días diciéndome que voy a hacer solo para descartar.
Busco por nombre en el maestro de siniestros.
Dos de dos.
Me quedo con eso un minuto largo antes de seguir, porque en mi trabajo esto es lo primero que hay que pesar.
Mi compañía tiene alrededor de una cuarta parte del mercado en esta provincia.
En hogar y en comunidades sube más. Que dos personas muertas en Tarragona en años distintos tengan un expediente con nosotros no es una casualidad extraordinaria: es lo que sale si haces la cuenta.
De cada cuatro cosas que pasan en esta provincia, una acaba en mi planta.
Lo que ya no me gusta tanto es que Bea también.
Bea también, porque el coche de Álvaro estaba asegurado con nosotros. Por eso el expediente cayó en la mesa de Ferran y por eso a mí no me lo dieron.
Tres de tres empieza a picar. No prueba nada. Pica.
Y entonces, porque soy imbécil y porque llevo once años en esto y es un gesto que hago cien veces al mes, abro la trazabilidad.
Es una pestaña. Pone Accesos . Sale una tabla con cuatro columnas: usuario, fecha y hora, operación, terminal.
Expediente de Nàdia Cots. Cuatro accesos en los últimos dos meses.
I.SARRIA — 21/07/2026 22:14 — consulta I.SARRIA — 30/07/2026 18:35 — consulta I.SARRIA — 30/07/2026 18:41 — consulta documental I.SARRIA — 06/08/2026 23:02 — consulta
Expediente de Carme Rosell. Tres.
I.SARRIA — 24/07/2026 21:50 — consulta I.SARRIA — 30/07/2026 18:47 — consulta documental I.SARRIA — 06/08/2026 23:09 — consulta
Y en la ficha espejo del expediente de 2018, esa cáscara que Sistemas ha ido creando en el entorno actual para el inventario previo a la migración y que no tiene dentro más que una referencia y cuatro campos, dos accesos.
I.SARRIA — 30/07/2026 18:55 — consulta I.SARRIA — 06/08/2026 23:16 — consulta
Me levanto y voy al baño y me lavo las manos, que es lo que hago.
Vuelvo. Está igual.
El jueves 30 de julio a las seis y treinta y cinco de la tarde yo estaba en un piso de Tarragona con las persianas bajadas hasta el suelo.
Eso lo sé sin dudar ni un segundo, porque los jueves eran los jueves.
Ocho meses de jueves. El jueves 30 de julio salí del trabajo a las seis menos cuarto, aparqué en la calle de detrás a las seis y diez y me fui de allí a las nueve menos veinte, y en ese piso no hay un ordenador conectado a la red de mi empresa ni yo llevaba el portátil de trabajo, porque el portátil de trabajo se queda en la oficina y hay que firmar un papel para sacarlo.
Y el 21 de julio a las diez y cuarto de la noche, y el 24 a las diez menos diez, y el 6 de agosto a las once, yo estaba en mi casa, sola, y podría haber hecho cualquiera de esas consultas desde el móvil corporativo sin acordarme al día siguiente.
Podría. He hecho consultas a las once de la noche muchas veces.
Es lo que tiene un trabajo que se te mete en la cabeza a la hora de dormir.
Ahí está el problema y voy a escribirlo con la frase con la que se escribiría en un pliego de descargo, porque es la frase que me van a poner delante:
Un acceso realizado con las credenciales de un usuario se imputa a ese usuario.
No hay más. No existe la contraprueba. Yo he redactado catorce informes en once años en los que un empleado de un taller o de una correduría decía que él no había entrado, y en los catorce escribí lo mismo, y en los catorce tuve razón.
Puedo demostrar dónde estaba el 30 de julio a las seis y treinta y cinco de la tarde.
Puedo demostrarlo enseñándole a mi empresa, a mi jefe y eventualmente a un juez que estaba desnuda en la cama del hermano del hombre con el que me caso dentro de cinco semanas.
Cierro la pestaña.
Y por primera vez en once años miro mi propia pantalla y no sé si lo que hay en ella lo he escrito yo.