Las novias de la línea muerta 11. El segundo plazo
14%

11. El segundo plazo

El segundo plazo

Hago la transferencia a las ocho y diez de la mañana, sentada en la cama, con el móvil, antes de ducharme. Quince mil novecientos treinta euros.

La aplicación se lo piensa, me pide la huella otra vez y me devuelve un mensaje naranja: operación pendiente de revisión .

A las once y cuarenta me llaman del banco.

Estoy en mi mesa. Ferran está a metro y medio con los cascos puestos, que es su manera de decir que hoy no.

—¿Doña Irene Sarrià Ferré?

—Sí.

—Le llamamos del servicio de seguridad. Es por una operación que ha ordenado usted esta mañana. ¿Podría confirmarme el importe?

—Quince mil novecientos treinta.

—¿Y el beneficiario?

—Mas Ventalló, sociedad limitada.

—¿Conoce usted personalmente al beneficiario?

—Es la finca donde me caso.

Una pausa muy corta al otro lado. Es una chica joven y se le nota que tiene un guion delante y que el guion no contempla nada.

—Perfecto. ¿Y el origen de los fondos, me lo puede indicar?

—Un depósito a plazo que vencía en junio. Del mismo banco. Lo tienen ustedes.

—Ya, es que a nosotros nos salta igual. —Baja el tono, sale un segundo del guion—. Es que como es un importe alto y a una sociedad y usted no tiene histórico con ese beneficiario…

—Lo sé —digo—. Trabajo en esto.

—¿Ah, sí?

—Investigación de siniestros. Nosotros hacemos lo mismo con los talleres.

Se ríe. Se le pasa el apuro. Me hace las tres preguntas que le quedan, me lee la advertencia de que nadie del banco me va a pedir nunca las claves y me libera la operación.

Ferran se quita un casco.

—¿Todo bien?

—El banco.

—Menudos somos.

Vuelve a ponérselo.

Lo que me deja el resguardo en la pantalla es esto: la orden ejecutada, la fecha, el importe, y el beneficiario con su nombre completo y su CIF.

MAS VENTALLÓ, S.L. — B-43…

Y ahí es donde no puedo evitarlo, y quiero dejar claro que en este momento no lo hago por nada. Lo hago porque llevo once años leyendo CIF y porque cuando veo uno lo miro entero, igual que hay gente que corrige las faltas de ortografía de los carteles.

Un B es una sociedad limitada. Un 43 es Tarragona.

Abro la consulta del Registro Mercantil en otra pestaña. Es pública. Cuesta unos euros y se hace en cuatro minutos y la hago dos veces por semana con talleres, con corredurías y con empresas de asistencia en carretera.

Datos generales. Constitución en marzo de 2017. Objeto social: explotación de establecimiento de restauración y organización de eventos. Domicilio en el mismo camino de los cipreses. Administradora única.

Y en el histórico de asientos, dos líneas.

Ampliación de capital. 2022. Ampliación de capital. 2024.

No hay importes en la consulta básica. No hay quién suscribe. No hay nada más que dos entradas con dos años y la palabra ampliación .

Me quedo con eso en la pantalla mientras se me enfría el café.

Una sociedad de bodas es un negocio de márgenes estrechos y de temporada.

Se cobra por adelantado, se paga a proveedores a treinta días y se ahorra o no se ahorra.

Lo normal, en cuatro años, es no tocar el capital social nunca.

Yo he mirado los datos de doscientas empresas pequeñas de esta provincia y la mayoría siguen con los tres mil euros de la constitución.

Que amplíes una vez tiene explicación. Un socio nuevo. Una reforma que el banco no te financia si no pones más.

Que amplíes dos veces en cuatro años quiere decir que en 2022 y en 2024 entró dinero.

Cierro la pestaña.

No es una sospecha. No sirve para nada. Es una empresa que ha crecido, y he visto crecer así a un montón de gente que se levanta a las seis y trabaja los sábados, y una de esas personas me está reservando la mesa de mi tía junto a la puerta sin escalón.

Lo apunto igual, porque es lo que hago con los ruidos: no los interpreto, los guardo.

Cuando salgo a las tres, Álvaro me ha escrito.

¿Pagado?

Pagado.

Vale. Esta noche te enseño una cosa.