Las novias de la línea muerta 9. B-01
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9. B-01

Quedamos a las nueve de la mañana en la cafetería de una gasolinera de la avenida de Andorra, que es donde queda la gente que no quiere que la vean quedando.

Llega con la ropa de oficina y el bolso grande y pide un cortado.

—Estás delgada.

—Todo el mundo me dice eso.

—Pues cómete un cruasán.

Le doy el papel doblado por la mitad. Tres números escritos a mano.

Sílvia no lo abre. Lo deja al lado de la taza y me mira.

—¿Esto qué es?

—Tres líneas dadas de baja. Necesito saber cuándo se dieron de alta y si tienen incidencias.

—¿Expediente?

—No hay expediente.

—Irene.

—Ya lo sé.

—No, dime que lo sabes bien. —Se echa hacia atrás—.

Yo llevo desde marzo con el equipo. Tengo cuatro personas debajo y una auditoría del grupo en octubre.

Si yo hago una consulta sin causa, eso queda.

Queda mi usuario y queda la línea consultada y en diciembre viene un señor de Madrid y me pregunta por qué.

—Lo sé.

—¿Y me lo pides igual?

—Sí.

Se queda callada. Fuera, un camión cisterna maniobra para entrar en los surtidores y el conductor se baja a fumar donde no se puede.

—¿Estás metida en algo?

—No.

—Esa es la respuesta que damos todos.

—Es un tema de familia.

Y eso, por algún motivo, sí funciona. Sílvia coge el papel, lo abre, lo mira ocho segundos, lo dobla y se lo mete en el bolsillo de la chaqueta.

—Los titulares no te los voy a dar —dice—. Eso ni de coña. Eso me lo traes con un requerimiento judicial o no existe.

—Vale.

—Lo demás lo miro. Y no te llamo. Vuelve esta noche, a las ocho y media. Aquí mismo.

Son once horas y media y las paso enteras haciendo otras cosas y sin enterarme de ninguna.

Llega a las ocho y treinta y cinco, con el bolso grande y la misma ropa arrugada de la mañana, y esta vez pide un café solo y no se sienta enseguida.

—El primero, el que empieza por seis siete —dice, ya sentada, sin sacar nada—. Alta en marzo de 2018. Baja en septiembre de 2018. Y hasta ahí.

—¿Cómo que hasta ahí?

—Que el resto está purgado. Titular, documentación, dirección, todo. —Abre las dos manos—. Seis años de conservación y luego se va. Es lo que hay que hacer y por una vez lo hacemos bien.

Seis meses. Esa línea vivió seis meses.

—Los otros dos —sigue— son más entretenidos.

Saca el móvil, mira una nota y lo vuelve a guardar. No enseña pantallas. Lo lleva memorizado o casi.

—Los dos tienen una incidencia de duplicado de SIM. El de 2020, a los cinco meses del alta. El de 2022, a los cuatro.

Dejo la taza.

—¿Duplicado normal?

—Duplicado presencial. En tienda física. Los dos. —Ahora sí baja la voz—. Con documentación del titular, en mano, y en las dos hay reclamación posterior por pérdida de servicio.

—O sea que el titular se quedó sin línea.

—El titular se quedó sin línea un rato, sí. Eso es lo que pasa. Tú vas a una tienda con el DNI de otro, pides un duplicado, te dan una tarjeta nueva y la del titular deja de funcionar. Y el titular se pasa dos días pensando que se le ha estropeado el móvil.

—¿Y en esos dos días?

—En esos dos días le entran a él los mensajes del banco. —Bebe—. Pero eso ya te lo sabes tú.

Me lo sé. Lo he visto en expedientes. Lo he leído en circulares internas. Lo he explicado yo en una formación de dos horas en 2023, con diapositivas.

Lo que no había visto nunca es una lista de cuatro números en la que dos de ellos hayan pasado por eso.

—¿Los puntos de venta son el mismo?

—No te lo he dicho.

—Sílvia.

—No te lo he dicho porque no te lo voy a decir hoy.

—Se limpia la comisura con la servilleta y la deja doblada—.

Mira, te voy a explicar dónde estoy yo. Lo que te acabo de contar es técnico y agregado y si alguien me pregunta puedo decir que estaba comprobando un patrón.

Los titulares y los puntos de venta son datos personales de gente que no es tú.

Eso ya no es hacerte un favor, eso es dárselos a alguien que no debería tenerlos.

—Entendido.

—No, escúchame. —Y se inclina—. Yo lo del 2021 no lo he olvidado y no lo voy a olvidar. Pero si esto que llevas entre manos acaba en algún sitio, tú no me has visto en agosto en una gasolinera. Y si acaba en un sitio con jueces, tú vas a tener que explicar de dónde has sacado lo que sabes.

—Sí.

—Que lo vas a tener que explicar tú, Irene. No yo. Tú.

Paga ella. Salimos juntas al aparcamiento y a las nueve de la noche el asfalto todavía devuelve el calor del día entero, y huele a gasolina y a la freidora del bar de al lado.

Antes de subirse al coche se para con la puerta abierta.

—Una cosa que no me has preguntado —dice.

—Dime.

—El del 2020 y el del 2022. Los dos están de baja por defunción del titular.