30 #5
—Es demasiado pronto para hablar de bodas —dijo secamente Ronica—.
Ya os he dicho que Malta es muy dada a gastar bromas infantiles.
Me temo que esta sea una de ellas, que no haya considerado el cortejo de tu hijo con la seriedad que se merece.
—Ronica paseó despacio la mirada de Caolwn a Jani—. No hay necesidad de precipitarse.
—Hablas como un mercader del Mitonar —repuso Jani—.
Vives muchos años y tienes muchos hijos.
Nosotros no tenemos el lujo del tiempo. Mi hijo tiene casi veinte años.
Por fin ha encontrado una mujer que desea, ¿y tú nos dices que esperemos?
¿Más de un año? —Se reclinó en su silla—. Imposible —susurró.
—No pienso forzar a mi hija —sentenció Keffria.
Jani sonrió con picardía.
—Mi hijo no cree que sea cuestión de forzar a nadie.
Y yo me fío de él. —Las miró a ambas—. Venga, todas somos mujeres.
Si fuera tan infantil como dices, la caja de sueños le habría revelado ese detalle a Reyn.
—Cuando nadie dijo nada, Jani continuó en un tono peligrosamente suave—: La oferta es generosa. No puedes esperar más de nadie.
—La oferta es algo más que generosa, es desorbitada —se apresuró a asentir Ronica—. Pero todas somos mujeres. Como tales, sabemos que el corazón de una mujer no está a la venta. Lo único que te pedimos es que esperes a que Malta sea un poco mayor para estar seguras de que sabe lo que quiere.
—Sin duda, si ha abierto la caja de sueños y tenido un sueño compartido, podemos decir que sabe lo que quiere. Sobre todo si, por lo que parece, ha tenido que desafiar a su madre y a su abuela para hacerlo. —La voz de Jani Khuprus estaba perdiendo su cortesía aterciopelada.
—El acto de una niña obstinada no debería confundirse con la decisión de una mujer. Te digo que debes esperar. —La voz de Ronica era firme.
Jani Khuprus se puso de pie.
—Con sangre u oro se pagará el desdoro —invocó—. El vencimiento del plazo está cerca, Ronica Vestrit. Y ya te has retrasado una vez con el pago. Según nuestro contrato, podemos determinar cómo queremos cobrarlo.
Ronica se incorporó para medirse con Jani.
—Ahí, en el cofre junto a la puerta. Ahí está tu oro.
Te lo entrego voluntariamente, el justo pago de una deuda.
—Sacudió la cabeza, trazando con lentitud un amplio arco—.
No te doy, ni te daré jamás, una hija o una nieta mía, a no ser que ella esté de acuerdo.
Eso es lo único que te digo, Jani Khuprus.
Y es una vergüenza para las dos que esto deba pronunciarse en voz alta.
—¿Me estás diciendo que no piensas honrar nuestro contrato? —inquirió Jani.
—¡Por favor! —La voz de Caolwn sonó estridente—.
Por favor —continuó en un tono más suave cuando todas se volvieron hacia ella—, recordemos quiénes somos.
Y recordemos también que disponemos de tiempo.
No es tan poco como creerían algunas ni tanto como desearían otras, pero tenemos tiempo.
Como tenemos que pensar en los corazones de dos jóvenes —sus entornados ojos violetas recorrieron sus rostros, buscando cooperación, y siguió en voz baja—, propongo un compromiso.
Uno que podría ahorrarnos muchos pesares.
Jani Khuprus debe aceptar tu oro. Esta vez.
Pues es innegable que está tan vinculada por lo que acordamos Ronica y yo, aquí en esta misma cocina, como lo está Ronica en última instancia por el contrato en sí.
En eso estamos todas de acuerdo, ¿verdad?
Keffria contuvo el aliento, sin moverse, pero nadie parecía estar mirándola. Jani Khuprus fue la primera en asentir, envarada. El asentimiento que vino al final de Ronica fue más bien una humillación de la cabeza en señal de derrota.
Caolwn exhaló un suspiro de alivio.
—Este sería mi compromiso. Hablo, Ronica, como alguien que conoce a Reyn de toda la vida: es un joven honorable y de confianza.
No temas que vaya a aprovecharse de Malta, ya sea niña o mujer.
Y por eso creo que podrías permitirle comenzar ahora su cortejo.
Con acompañantes, por supuesto. Y con la estipulación de que no habrá más regalos que pudieran llenar la cabeza de una chica de codicia más que de amor.
Deja simplemente que Reyn la visite con regularidad.
Si Malta es en verdad una niña, él se dará cuenta enseguida y se sentirá más avergonzado de lo que ninguna podríamos imaginarnos por haber cometido este error.
Pero si Malta resulta ser una mujer, dale una oportunidad, la primera de muchas, de conquistar su corazón.
¿Es eso mucho pedir? ¿Permitir que sea su primer pretendiente?
Hizo mucho por reparar cosas entre ellas que Ronica mirara a Keffria pidiéndole ayuda con la decisión.
Keffria se humedeció los labios.
—Creo que puedo permitir esto. Si están bien acompañados. Si no hay regalos caros que la condicionen. —Suspiró—. A decir verdad, es Malta la que ha abierto esta puerta. Tal vez esta deba ser su primera lección como mujer: que nunca hay que tomar el afecto de un hombre a la ligera.
El círculo de mujeres asintió mostrando su acuerdo.