Las naves de la magia (Las leyes del mar 1) 30 #4
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Era como la danza de cortejo de un ave, reflexionó Keffria. El corazón volvió a darle un vuelco en el pecho. Jani Khuprus se giró de pronto hacia ella, como si Keffria hubiera hecho algún ruidito que hubiese atraído su mirada. Sin previo aviso, esbozó una sonrisa deslumbrante y dijo:

—Recibí tu mensaje el otro día, querida. Pero confieso que no lo entiendo. Ese es uno de los motivos por los que le rogué a Caolwn que organizara esta visita, ¿sabes?

—Lo suponía —dijo débilmente Keffria. Miró de soslayo a su madre.

Ronica le sostuvo la mirada y asintió con discreción.

Keffria extrajo fuerzas de su calma restaurada—.

La verdad, me encontré en una posición muy embarazosa.

Pensé que lo mejor sería escribir y ser sincera acerca de lo ocurrido.

Te garantizo que, si aparece la caja de sueños, os la devolveremos sin tardanza.

Podría haber formulado esa frase con más elegancia. Keffria se mordió el labio inferior. Jani ladeó la cabeza.

—Eso, naturalmente, fue lo que me desconcertó.

Llamé a mi hijo y lo interrogué. Un gesto tan impulsivo y apasionado solo podía ser obra de mi pequeñín.

Reyn tartamudeó un poco y se puso rojo como un tomate, pues antes nunca había mostrado el menor interés por noviazgos.

Pero confesó lo de la caja de sueños. Y también lo de la bufanda y la joya de fuego.

—Sacudió la cabeza con maternal cariño—.

Lo he regañado por esto, pero me temo que no se arrepiente de nada.

Está cegado por Malta. No quiso contarme el sueño que han compartido, claro.

Eso sería, eh, poco delicado por parte de un caballero.

Pero sí me dijo que estaba seguro de que ella aprobaba su petición.

—Volvió a sonreírles—. Por lo que supongo que a la joven dama le complació encontrar la caja.

—Es de suponer, por supuesto —intervino Ronica antes de que Keffria pudiera abrir la boca.

Las dos Vestrit intercambiaron una mirada subrepticia cuyo significado no podría haberle pasado por alto a nadie.

—Oh, querida —suspiró Jani en tono de disculpa—. Deduzco que no compartes el entusiasmo de tu jovencita por el cortejo de mi hijo.

Keffria tenía la boca seca. Dio un sorbo a su vino, pero eso no pareció ayudar. En vez de eso, tosió y se atragantó. Comenzaba a recuperar el aliento cuando su madre habló en su lugar:

—Me temo que nuestra Malta es una niña traviesa.

Llena de bromas y mañas, esa es nuestra pequeña.

—El tono de Ronica era leve, pero su expresión indicaba comprensión—.

No, Jani, no es el cortejo de tu hijo lo que vemos desfavorable.

Es la edad de Malta y su conducta infantil.

Cuando Malta sea lo bastante mayor para tener pretendientes, sin duda lo recibiremos encantadas.

Y si se gana su favor, solo podríamos sentirnos honradas por semejante enlace.

Pero Malta, aunque tenga la apariencia de una mujercita, solo cuenta la edad de una niña, me temo, una niña dada a fingimientos y engaños.

Tiene apenas trece años. Todavía no ha sido presentada en sociedad.

Reyn debe de haberla visto vestida con su manto de mercader, en la reunión que celebrasteis.

Estoy segura de que si la hubiera visto vestida normalmente, con su ropa de niña pequeña, habría comprendido su… error.

Se hizo el silencio. Jani miró de una mujer a otra.

—Entiendo —dijo al cabo. Ahora parecía incómoda—. Es por esto, entonces, que la joven no está presente esta noche.

Ronica le dedicó una sonrisa.

—Lleva ya tiempo acostada, como la mayoría de los niños. —Bebió un sorbo de vino.

—Me veo en una posición algo violenta —admitió lentamente Jani.

—Me temo que la nuestra es mucho más incómoda —contestó Keffria, zalamera—.

Te seré sincera: a las dos nos ha sorprendido la mención de una bufanda y una joya de fuego.

Te aseguro que no teníamos conocimiento de esos regalos.

Y si la caja de sueños se ha abierto…, no, seguro que se ha abierto, porque tu hijo ha compartido el sueño…

, en fin, también de eso tiene Malta la culpa.

—Exhaló un hondo suspiro—. Debo disculparme humildemente por sus malos modales.

—Pese a sus esfuerzos por conservar el control, Keffria sintió cómo se apretaba el nudo que tenía en la garganta—.

Estoy consternada. —Oyó cómo empezaba a temblarle la voz—. No la creía capaz de estos engaños.

—Mi hijo se sentirá desconcertado, qué duda cabe —dijo Jani Khuprus en voz baja—.

Me temo que es demasiado ingenuo. Tiene casi veinte años, pero nunca había mostrado ningún interés por cortejar a una novia.

Y ahora, me temo, se ha precipitado. Oh, vaya.

—Sacudió la cabeza—. Esto cambia muchas cosas.

—Cruzó una mirada de reojo con Caolwn, que se la sostuvo con una sonrisa incómoda.

—La familia Festrew ha cedido el contrato de la nao rediviva Vivacia a la familia Khuprus —explicó Caolwn con delicadeza—. Se les han transferido todos los derechos y deudas.

Keffria se sintió trastabillar y caer en un blanco silencio. Apenas necesitaba escuchar las palabras que pronunció Jani a continuación:

—Mi hijo lo negoció con los Festrew. Si he venido esta noche es para hablar en su nombre. Pero está claro que lo que iba a decir ahora resulta inapropiado.

No hacía falta explicar nada. La deuda habría quedado zanjada como regalo de bodas.

Un obsequio extravagantemente caro, un gesto típico de los Territorios Pluviales, pero a una escala que Keffria no se hubiera imaginado jamás.

¿La deuda de una nao rediviva cancelada a cambio de un consentimiento nupcial? Era absurdo.

—Tremendo sueño tuvo que ser —murmuró su madre con tono seco.

Era inapropiado, casi vulgar por sus implicaciones.

Keffria habría de preguntarse siempre si su madre sabía lo que ocurriría a continuación.

Al prorrumpir en carcajadas todas las mujeres, riéndose de la susceptibilidad de los hombres, se dispersó la tensión.

Eran de repente madres atrapadas en la torpeza del titubeante cortejo de su progenie.

Jani Khuprus tomó aire.

—Me parece —dijo con arrepentimiento— que nuestro problema no es algo que no pueda reparar el tiempo.

Mi hijo tendrá que esperar. Eso no le hará daño.

—Sonrió con maternal tolerancia a Ronica y a Keffria—.

Hablaré con él muy en serio. Le diré que su cortejo no podrá dar comienzo hasta que vuestra Malta se haya presentado como mujer en sociedad.

—Hizo una pausa, calculando mentalmente—.

Si eso es esta primavera, la boda podrá ser en verano.

—¿Boda? ¡Pero si tendrá apenas catorce años! —exclamó incrédula Keffria.

—Será joven —convino Caolwn—. Y adaptable. Para una mujer del Mitonar que pase a formar parte de una familia de los Territorios Pluviales, eso siempre es una ventaja. —Sonrió, y las carnosas protuberancias de su rostro ondearon espantosamente en dirección a Keffria—. Yo tenía quince años.

Keffria inspiró hondo; no sabía si iba a soltar un alarido o a expulsarlas de su casa. La mano de su madre cayó sobre su brazo y le dio un apretón. Consiguió mantener la boca cerrada.