28 #6
Instantes después, su padre lo compró por siete piezas de plata y cinco cobres enteros.
Desataron a Wintrow de la cuerda de prisioneros y lo sacaron tirando de sus grilletes, justo como harían con una vaca.
Al pie de los escalones, se lo entregaron a Torg.
Su padre ni siquiera se había acercado a recibirlo.
Wintrow sintió una oleada de intranquilidad.
Elevó las muñecas a Torg para que le quitara las cadenas, pero el marinero fingió no darse cuenta.
En vez de eso, inspeccionó a Wintrow como si fuera un esclavo cualquiera que acabara de comprar su señor.
—Conque cristal tintado, ¿eh? —resopló, y arrancó la risa generalizada de los cuidadores y otros espectadores curiosos al pie de la tarima de subastas. Asió la cadena entre las muñecas de Wintrow y tiró de él, arrastrándolo.
Wintrow se vio obligado a trastabillar tras él, con los tobillos atados todavía.
—Quítame las cadenas —le soltó en cuanto se hubieron alejado del gentío.
—¿Para darte la oportunidad de volver a escaparte? Ni lo sueñes —replicó Torg. Sonreía.
—No le dijiste a mi padre que yo estaba aquí, ¿verdad? Esperaste. Para que me marcaran como esclavo y tuviera que comprar mi libertad.
—No sé de qué estás hablando —repuso afablemente Torg.
Estaba de un excelente humor—. Yo que tú daría gracias por que a tu padre se le ocurriera quedarse hasta tan tarde en las subastas, te viera y te comprara.
Zarpamos mañana, ¿sabes? La bodega está llena, es solo que se le ocurrió que podría conseguir alguna ganga de última hora. En vez de eso, te tiene a ti.
Wintrow cerró la boca. Consideró lo acertado de informar a su padre de lo que había hecho Torg.
¿Sonaría como si estuviera lamentándose, lo creería siquiera?
Escudriñó los rostros mientras caminaban, buscando a su padre en el creciente ocaso.
¿Cuál sería su expresión? ¿De rabia? ¿De alivio?
El propio Wintrow se debatía entre el temor y la gratitud.
Divisó entonces el rostro de su padre. Estaba lejos, sin mirarlos siquiera. Parecía estar pujando por los dos labradores que se vendían juntos. No echó ni un vistazo a su hijo encadenado.
—Mi padre está allí —señaló Wintrow a Torg. Se detuvo, obstinado—. Quiero hablar con él antes de volver al barco.
—Vamos —protestó animadamente Torg—, no creo que le apetezca hablar contigo.
—Sonrió para sí—. De hecho, dudo que piense que serías un buen segundo de a bordo cuando ceda el puesto de capitán a Gantry.
Creo que ahora me reserva a mí ese puesto —anunció esto con enorme satisfacción, como si esperara asombrarle.
El muchacho insistió en no caminar.
—Quiero hablar con mi padre, ya.
—No —respondió Torg, sucinto. Su mayor corpulencia y su musculatura superaban con mucho la resistencia de Wintrow—.
Anda o ve a rastras, lo mismo me da —le aseguró.
Los ojos de Torg oteaban sobre las cabezas de un corrillo de personas que parecían estar allí plantadas sin propósito fijo—.
Ah —exclamó de repente, y volvió a ponerse en marcha, remolcando a Wintrow.
Se detuvieron frente al tajo de un tatuador. El hombre estaba liberando a una mujer aturdida del collar mientras su impaciente comprador tiraba de sus grilletes para instarla a que lo siguiera. El tatuador levantó la cabeza y asintió.
—¿La marca de Kyle Haven? —preguntó, señalando cordialmente a Wintrow. Era evidente que tenían un largo historial de colaboración a sus espaldas.
—Para este no —dijo Torg, para inmediata y gran tranquilidad de Wintrow. Supuso que allí habría algún símbolo o baratija que comprar, algo que indicara su libertad. Ese gasto añadido tampoco complacería a su padre.
Wintrow empezaba a preguntarse si no habría alguna manera de borrar o desteñir el reciente tatuaje de su cara.
Por dolorosa que fuera, sería mucho mejor que llevar esta marca en el rostro el resto de su vida.
Cuanto antes dejara atrás esta desgracia, mejor.
Ya había decidido que, cuando su padre se dignara dirigirle la palabra, le haría la solemne promesa de quedarse a bordo del barco y servirle hasta el fin de su decimoquinto año.
Puede que hubiera llegado el momento de aceptar el papel que le había dado Sa.
Quizá esta fuera su oportunidad de reconciliarse con su padre.
El sacerdocio, al fin y al cabo, no era un lugar, sino una actitud.
Podría encontrar la forma de seguir con sus estudios a bordo de la Vivacia .
Y la misma Vivacia era algo que le apetecía ver de nuevo, descubrió.
Una pequeña sonrisa comenzó a formarse en sus labios al pensar en ella.
De alguna manera tendría que compensar su deserción, tendría que convencerla de que…
Torg lo agarró por los cabellos y le pegó la cabeza al tajo.
El tatuador se apresuró a asegurar el collar.
Presa del pánico, Wintrow se debatió, pero no consiguió sino estrangularse.
Demasiado ceñido, lo habían apretado demasiado.
Iba a desmayarse, aunque solo intentara quedarse quieto y respirar, no obtenía el aire necesario y ni siquiera se lo podía decir. A lo lejos, oyó que Torg decía:
—Ponle una marca como la de este anillo. Va a ser propiedad del barco. Apuesto a que es la primera vez en la historia de la ciudad de Jamaillia que una nao rediviva se compra un esclavo.