Las naves de la magia (Las leyes del mar 1) 10 #6
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—Y todas las estaciones hay barcos corrientes que zarpan para no regresar jamás. Las tormentas y los piratas tienen tantas probabilidades de ser la causa de que una nao rediviva no vuelva como su locura —le interrumpió Kyle con impaciencia.

—Pero con Wintrow y contigo a bordo, podría perder a la mitad de mi familia de un plumazo —se lamentó de pronto Keffria—. Oh, Kyle, ¿crees que es buena idea? Papá ganaba dinero con la Vivacia y nunca transportó mercancías ilegales ni peligrosas.

El ceño de Kyle se tornó aún más sombrío.

—Keffria, cariño, tu padre no ganaba bastante dinero.

Eso es justo lo que estamos discutiendo.

Cómo evitar sus errores y hacer que esta familia vuelva a ser financieramente sólida y respetable.

En vista de lo que estamos comentando, me viene a la cabeza otra de sus estrafalarias decisiones.

—Miró a Ronica a los ojos y estudió su gesto—.

Si el comercio de esclavos no os seduce, podríamos navegar el río Pluvia.

Sin duda, de ahí proceden los bienes más preciados del mundo.

Todas las demás naos redivivas remontan el Pluvia. ¿Por qué no hacerlo nosotros?

Ronica le sostuvo la mirada con calma.

—Porque Ephron decidió hace años que la familia Vestrit no iba a seguir con el negocio fluvial. Y así ha sido. Nuestros contactos comerciales con la gente de los Territorios Pluviales ya han muerto.

—También Ephron está muerto ya. No sé qué es lo que temía, pero estoy dispuesto a afrontarlo. Dadme las cartas de navegación del río Pluvia y yo estableceré mis propios contactos.

—Morirías —declaró Ronica con certeza.

Kyle resopló.

—Lo dudo. Puede que el río de los Territorios Pluviales sea indómito, pero no es la primera vez que capitaneo un barco por un río.

Vamos. —Hizo una pausa, antes de musitar—: Me llevaré esas cartas.

Son de Keffria por derecho propio, no puedes seguir denegándonoslas.

Así todos estaremos contentos. Nada de esclavos a bordo de la Vivacia y un lucrativo negocio navegando por el río Pluvia.

Ronica no vaciló. Mintió:

—Podría ser así si todavía existieran esas cartas de navegación.

Pero no es el caso, Kyle. Ephron destruyó todos los mapas relacionados con el río Pluvia hace años, cuando decidió cortar las conexiones comerciales que teníamos allí.

Quería poner fin al negocio de la familia Vestrit en el Pluvia. Y lo consiguió.

Kyle se puso en pie de un salto.

—¡No me lo creo! —rugió—. Ephron no era ningún estúpido, y solo un estúpido destruiría unas cartas tan valiosas. No quieres dárnoslas, ¿verdad? ¿Pretendes guardarlas para la preciosa Althea y el que quiera que encuentres para casarse con ella?

—No consiento que me acusen de mentirosa —siseó Ronica. Eso, al menos, era verdad.

—¡Y yo no consiento que me traten como a un imbécil!

—estalló Kyle a su vez—. En esta familia nadie me ha tratado nunca con el respeto que me merezco.

Estaba dispuesto a soportarlo por parte del viejo Ephron.

Era un hombre y muchos años mayor que yo.

Pero no pienso tolerarlo por parte de nadie más que viva bajo este techo.

De una vez por todas, quiero la verdad. ¿Por qué interrumpió Ephron el negocio familiar con el río Pluvia y qué tenemos que hacer para recuperarlo?

Ronica se limitó a quedarse mirándolo.

—Maldita sea, mujer, ¿es que no te das cuenta?

¿De qué sirve tener una nao rediviva si no la aprovechamos para explotar el comercio fluvial?

Todo el mundo sabe que solo las familias dotadas de una nao rediviva pueden remontar el Pluvia.

Nuestra familia cuenta con una nao rediviva y ¿qué ha hecho tu marido con ese privilegio y esa deuda?

Comerciar con sedas y brandy, lo que podría hacer cualquiera con una balsa y una vela, viendo cómo aumentaba nuestra deuda a cada año que pasaba.

El dinero baja por el río Pluvia más deprisa que sus aguas y tú prefieres que nos quedemos muertos de hambre en sus orillas.

—Hay cosas peores que morir de hambre, Kyle —se oyó decir Ronica.

—¿Como qué?

La anciana no pudo contenerse:

—Como tener a un necio codicioso por yerno. No sabes lo que dices cuando hablas del río Pluvia.

Kyle esbozó una sonrisa glacial.

—Entonces ¿por qué no me das las cartas de navegación y dejas que lo averigüe? Si tienes razón, te librarás de mí como yerno. Serás libre de sumir a tus hijas y a tus nietos en la miseria.

—¡No! —chilló Keffria—. ¡No puedo soportar esto!

No hables de esas cosas. Kyle, no debes remontar el río Pluvia.

¡Los esclavos son mucho mejores, comercia con esclavos y llévate a Wintrow si quieres, pero no debes remontar el Pluvia!

—Los miró a ambos, implorante—. Jamás regresaría.

Las dos lo sabemos. Papá acaba de morir y ahora hablas de dejar que Kyle se mate.

—Keffria. Estás demasiado tensa y reaccionas exageradamente.

—La mirada que lanzó Kyle a Ronica sugería que ella era la culpable de estimular la imaginación de su hija.

Una diminuta chispa de ira se avivó en el corazón de la anciana, pero la sofocó implacable, pues su hija contemplaba a su esposo con los ojos anegados de dolor.

Oportunidad, suspiró para sí. Oportunidad.

—Deja que me encargue de ella —sugirió conciliadora a Kyle—. Estoy segura de que tienes muchas cosas que preparar en el barco. Ven, Keffria. Vamos a mi salón. Le pediré a Rache que nos traiga un poco de té. Yo también me siento un poco tensa. Ven. Dejemos que Kyle se ocupe de todo.

Se levantó, rodeó a Keffria con un brazo y la condujo fuera de la estancia. «Lo rescataré —susurró en silencio para Ephron—. Rescataré lo que pueda de lo que me has dejado, cariño. Al menos habré de mantener una hija a salvo, a mi lado».