Las naves de la magia (Las leyes del mar 1) 10 #4
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—Althea —imploró su madre—. Por favor, intenta ser imparcial.

He sido tan justa como podía. Si se te hubiera cedido el barco, apenas habrías podido gobernarlo.

Hace falta dinero para aprovisionar una nave y contratar una tripulación que la mantenga y repare, e incluso un viaje rentable te podría dejar luchando por pagar la hipoteca y tener dinero suficiente para volver a zarpar.

Y si no consiguieras beneficios, entonces ¿qué?

El crédito sobre el barco está avalado con nuestras tierras.

No había manera de dividir con sensatez la herencia.

Debe emplearse íntegra para cubrir las deudas.

—Así que no tengo nada —musitó Althea.

—Althea, tu hermana nunca te dejaría sin nada… —comenzó su madre, pero Althea la sorprendió soltando un:

—Me da igual. Me da igual, en serio, si soy una indigente o no.

Sí, soñaba con que Vivacia fuera mía. Porque es mía, madre, de un modo que no lograría hacerte entender.

Del mismo modo que los caballos de Seddon Dib tiran de su carruaje, pero todos saben que sus corazones pertenecen al mozo de cuadra.

El corazón de Vivacia es mío y yo soy suya.

No aspiro a un matrimonio mejor que ese.

Quedaos con todas las monedas que consiga, digamos todos que pertenece a Keffria.

Pero dejad que la gobierne. Es lo único que pido, madre, Keffria.

Dejadme navegar en ella y no os causaré problemas, no os contrariaré en nada más.

—Sus ojos desesperados buscaron primero el rostro de su madre y luego la faz surcada de lágrimas que elevó Keffria hacia ella—. Por favor —exhaló—, por favor.

—No. —Fue Kyle el que habló—. No. Ya he dado órdenes de que no se te permita subir al barco y no pienso cambiarlas.

Ya veis cómo es —anunció, volviéndose hacia Keffria y Ronica—: no tiene una sola idea práctica en la cabeza.

Lo único que quiere es salirse con la suya, seguir igual que siempre.

Continuaría siendo la obstinada hija de su padre, viviendo a bordo del barco, sin asumir ninguna responsabilidad más allá de jugar a los marineros, y volviendo a casa para pasearse por las tiendas, tomando lo que le apetezca y cargándolo en la cuenta de su padre.

Solo que ahora sería la cuenta de su hermana y, por ende, la mía.

No, Althea. Tu niñez ha terminado con la muerte de tu padre.

Ya es hora de que empieces a comportarte como le corresponde a una hija de esta familia.

—¡No estoy hablando contigo! —estalló Althea—.

No tienes ni idea de lo que estoy hablando.

Para ti Vivacia no es más que una embarcación, aunque se dirija a ti en voz alta.

Para mí es un miembro de la familia, más cercano que una hermana.

Me necesita a bordo y yo necesito navegar con ella.

Surcaría las aguas por mí como jamás lo hará por ti, movida por su corazón más que por el viento.

—Fantasías de chiquilla —se mofó Kyle—. Sandeces.

Te apartaste de ella enfadada el día en que se avivó, dejando que Wintrow pasara la primera noche con ella.

Si de verdad albergaras todos estos sentimientos tan nobles hacia ella, no podrías haber hecho algo así.

Por lo que parece, Wintrow le cae bastante bien, y él estará a bordo para hacerle compañía o lo que sea.

Y además aprenderá a trabajar como un auténtico marinero, no a zanganear por todo el barco y emborracharse en puertos extranjeros.

No, Althea. A bordo de la Vivacia no hay sitio para ti, y no toleraré que siembres la discordia ni inicies una rivalidad con Wintrow por el favor de la nave.

—¿Madre? —rogó Althea, desesperada.

Ronica parecía apesadumbrada.

—Si no te hubiera visto anoche, ebria y desaliñada, le llevaría la contraria a Kyle.

Pensaría que está siendo demasiado estricto.

—Exhaló un sonoro suspiro—. Pero no puedo negar lo que he visto con mis propios ojos.

Althea, sé que amas la Vivacia . Si tu padre viviera…

, no tiene sentido pensar en eso, me imagino.

Quizá vaya siendo hora, en cambio, de que te olvides de ella.

He visto que Wintrow es buen chico. Se portará bien con el barco.

Déjalo. Hace tiempo que deberías haber dado la cara y ocupado el lugar que te corresponde en el Mitonar.

—Mi lugar está a bordo de Vivacia —dijo Althea con un hilo de voz.

—No —rechazó Kyle, y su madre lo subrayó meneando la cabeza.

—En tal caso, no tengo ningún lugar, ni en esta familia ni en el Mitonar.

—Althea se oyó pronunciar estas palabras con una suerte de asombro.

Escuchó el timbre definitivo en ellas y se sorprendió.

Como una piedra arrojada a las aguas tranquilas, pensó, pues tenía la vertiginosa impresión de que sus palabras se expandían como una onda cada vez más amplia, cambiando todas las relaciones que tenía, alterando para siempre sus días por venir. Se le cortó el aliento.

—¿Althea? ¡Althea!

La voz de su madre repicó fuerte a su espalda.

Mientras cruzaba el pasillo, su hogar se convertía en un lugar extraño.

Hacía años, comprendió, que no pasaba más de un mes seguido en este sitio.

¿Desde cuándo colgaba ahí ese tapiz, cuánto hacía que se habían agrietado esas baldosas?

No lo sabía, no estaba aquí, no; en realidad, no estaba cambiando nada, hacía años que no vivía bajo este techo.

Hacía años que este no era su hogar. Tan solo estaba admitiendo la realidad, no creándola.

Sin nada más que la ropa que llevaba encima, traspuso el umbral de la puerta principal y salió al ancho mundo.

—Si vuelve borracha a casa otra vez, la tendré encerrada en su cuarto una semana entera.

Le dejaré bien claro que no pienso tolerar que mancille el nombre de la familia y su reputación en el Mitonar.

—Ahora Kyle estaba sentado en el banco junto a Keffria, rodeándola con el brazo en ademán protector.

—Kyle. Cállate. —Ronica Vestrit se oyó decir estas palabras sin suavidad pero con calma.

Todo se desmoronaba: su familia, su hogar, sus sueños para el futuro.

Althea hablaba en serio; Ronica había escuchado la voz de su padre en sus palabras.

Su hija no iba a aparecer en el umbral esta noche, ni borracha ni de ninguna otra manera.

Se había ido. Y lo único que sabía hacer ese idiota con el que se había casado Keffria era jugar a ser el Rey de la Colina e inventarse formas de poner a prueba su autoridad.

Suspiró con pesadez. Quizá ese fuera el único problema que podía resolver ahora.

Y quizá resolviéndolo encontrara el camino para solucionar los demás—.

Kyle, he evitado decir esto delante de Althea porque no necesita que nadie aliente su rebeldía, pero llevas toda la mañana comportándote como un cretino.

Como tú mismo has señalado con tan poco tacto, poco puedo hacer yo por intervenir entre tu hijo y tú.

Mi hija Althea es otro cantar. No está bajo tu autoridad, y tus intentos por corregirla me han parecido muy ofensivos.

Esperaba que se mostrara cuando menos arrepentido.

En cambio, la afrenta ennegreció el semblante de Kyle y Ronica se preguntó, no por primera vez, si no habría juzgado mal el sentido común de este hombre cuando dejó la fortuna familiar en manos de su hija mayor.

La respuesta de Kyle confirmó sus peores temores:

—Ahora soy el hombre de esta casa. ¿Cómo puedes decir que no está bajo mi autoridad?

—Es mi hija, no la tuya. Es la hermana de tu esposa, no la tuya.

—Y comparte su apellido con las dos, y sus actos repercuten en ese apellido.

Si Keffria y tú no lográis llegar hasta ella por medio del razonamiento, tendré que controlarla por medios más estrictos.

No tenemos tiempo para andarnos con miramientos y delicadezas; tanto Wintrow como Althea deben aceptar sus responsabilidades y cumplirlas.

—Cuando se trata de Althea, tú no eres quién para decidir cuáles son sus responsabilidades. Yo sí. —La férrea resolución que tan bien le había venido a la hora de afrontar las negociaciones acudió ahora en su ayuda.

—Quizá tú lo veas así. Yo no. Me has cedido el control de su cuidado. Al juzgar qué cuidado necesita, podría convencerla para que rebaje su conducta a niveles aceptables.

La voz de Kyle era calmada y racional, pero aun así el significado de sus palabras aguijoneaba a Ronica.

—Cuando criticas la conducta de mi hija, criticas la formación que ha recibido de sus padres.

Aunque no estés de acuerdo con la forma en que Ephron y yo criamos a Althea, tampoco te corresponde expresarlo.

Además, no he dado a Keffria el control de las finanzas de Althea como un método para dominarla, tan solo para determinar el presupuesto que sea posible destinarle.

No es de rigor que una hermana dirija a la otra.

Menos aún que lo haga su marido. Y nunca fue mi intención obligar a Althea a abandonar la Vivacia , solo animarla a descubrir otra vida para ella tras ver que el barco estaba en buenas manos.

—Ronica se desplomó en un banco junto a la mesa, sacudiendo la cabeza ante lo mal que habían salido sus planes—.

Ephron tenía razón con ella. Necesita una mano abierta.

No se dejará empujar ni arrastrar hacia lo que sea mejor para ella.

Anoche, en fin, estaba dolida. Y pienses lo que pienses sobre Brashen, sé que Ephron lo tenía en alta estima.

Puede que solo se propusiera acompañarla a casa sana y salva, algo lógico por parte de un caballero que se tropieza con una dama en apuros.

—Y también puede que se hubieran pasado todo el día tomando té —replicó Kyle con exagerado sarcasmo.

Un error. Un lamentable error. Ronica traspasó a Kyle con la mirada, fijándola en Keffria hasta que su hija se dio cuenta y se la devolvió fugazmente.