09 #5
—Hice lo que me pidieron —continuó con sencillez.
Las palabras sonaron débiles, quejumbrosas—.
Partí de aquí y me fui con un desconocido.
El camino hasta el monasterio fue difícil, y cuando llegué allí, todo era extraño.
Pero me quedé y lo intenté. Y después de algún tiempo, se convirtió en mi hogar, y comprendí lo correcta que había sido vuestra decisión para mí.
—Los recuerdos de su primer contacto con el sacerdocio eran agridulces; la extrañeza y luego lo apropiado de todo aquello volvieron a embargarlo.
Le escocían los ojos por las lágrimas cuando añadió—: Adoro servir a Sa.
He aprendido muchas cosas, he madurado mucho, de formas que ni siquiera puedo explicaros.
Y sé que solo estoy al comienzo, que todo está empezando a desplegarse ante mí.
Es como… —Intentó encontrar la metáfora adecuada—.
Cuando era pequeño, era como si la vida fuera un hermoso regalo, envuelto en un papel exquisito y adornado con cintas.
Y me encantaba, aunque lo único que conocía de ella era el envoltorio.
Pero, a lo largo del último año, por fin he empezado a ver que hay algo todavía mejor dentro del paquete.
Estoy aprendiendo a ver más allá de la llamativa superficie, hasta el corazón de las cosas.
Estoy justo al borde. No puedo parar ahora.
—Me equivoqué —concedió de pronto su padre.
Pero antes de que el corazón de Wintrow pudiera comenzar a elevarse de alivio, el capitán de navío prosiguió—: Todos estos años he sabido que era un error enviarte lejos de casa.
Me quedé ahí plantado con la boca cerrada y dejé que tu madre se saliera con la suya porque parecía importante para ella.
Y, aunque Selden era tan pequeño, también era un muchachito valiente, y yo sabía que tendría un hijo que siguiera mis pasos.
—Se levantó de la mesa y cruzó la habitación para asomarse a la ventana como hiciera aquella mañana tantos años atrás.
Kyle Haven meneó la cabeza para sí—. Pero tendría que haber hecho caso a mi instinto.
Sabía que era una mala decisión, como se ha demostrado.
Ahora, cuando yo, cuando esta familia, necesita un hijo joven que dé la cara y asuma su sitio en el barco de la familia, no estamos preparados.
Selden todavía es demasiado pequeño. Dos años más, uno quizá, y me lo llevaría como grumete.
—Se giró de cara al salón—. Nosotros nos lo hemos buscado, todos nosotros.
Y por eso todos debemos soportar, sin quejarnos, el dolor de enmendar ese error.
Eso significa que vosotras, mujeres, tendréis que arreglároslas aquí otro año.
Nuestros acreedores tendrán que esperar de algún modo, y vosotras deberéis hacer lo que sea preciso para extraer beneficios de nuestras posesiones.
Las que no puedan rentabilizarse deberán venderse para impulsar las que sí puedan.
Eso significa otro año en la mar para mí, y un año duro, pues tendremos que navegar deprisa y traficar con lo que más lucrativo nos resulte.
Y para ti, Wintrow, eso significa un solo año en el que deberé enseñarte todo lo que deberías haber aprendido en los tres últimos, un solo año para que aprendas a ser un hombre y un marinero.
—Deambulaba por la estancia mientras hablaba, desgranando órdenes y objetivos con los dedos.
Wintrow supo de pronto que así era como se dirigía a su primer oficial a bordo del barco, enumerando las tareas pendientes. Este era el capitán Haven, acostumbrado a recibir obediencia incondicional; sin duda, se sorprendería ante lo que estaba a punto de ocurrir.
Wintrow se levantó y echó su silla hacia atrás con cuidado.
—Vuelvo al monasterio. Tengo poco equipaje y ya he hecho todo lo que podía hacer aquí. Me iré hoy. —Miró alrededor de la mesa—. Le prometí a Vivacia , cuando la dejé esta mañana, que bajaría alguien para pasar el resto del día con ella. Sugiero que despertéis a Althea y le pidáis que vaya.
Una rabia instantánea enrojeció el semblante de su padre.
—Siéntate y deja de decir tonterías —ladró—. Harás lo que se te diga. Esa será tu primera lección.
Wintrow pensó que eran los latidos de su corazón lo que hacía que todo su cuerpo se estremeciera.
¿Tenía miedo de su propio padre? Sí. Hubo de recurrir a toda su capacidad de desafío para mantenerse en pie.
No tenía nada más que rebatir. Pero mientras sostenía la iracunda mirada de su padre sin apartar los ojos, mientras permanecía inmóvil y callado cuando el hombre avanzó furioso hacia él, una fría parte de sí mismo observó: «Sí, pero solo es miedo físico a cosas físicas».
Ese pensamiento atrapó toda su mente en su telaraña, de modo que no prestaba atención cuando su madre gritó primero y exclamó después:
—¡Oh, Kyle, no, por favor, por favor, no, habla con él, convéncelo, no lo hagas, oh, por favor no lo hagas!
Y la voz de su abuela se alzó en una orden, un feroz grito de:
—Esta es mi casa y no vas a…
Llegó entonces el primer impacto contra su cara, que produjo un golpe tremendo al conectar.
Cayó muy deprisa, o tal vez muy despacio, asombrado o avergonzado por no haber levantado una mano para defenderse ni haber huido, y todo el tiempo, en alguna parte, un filósofo sacerdote decía: «Miedo físico, ah, ya veo, pero ¿acaso lo hay de otro tipo?
, ¿qué haría falta para hacerme sentirlo?
». Luego el suelo de baldosas saltó sobre él, duro y frío pese al creciente calor del día.
Perder el conocimiento era como hundirse en el suelo, convertirse en uno con él como había hecho con el barco, solo que el suelo únicamente pensaba en la oscuridad. Wintrow lo imitó.