Las Naranjas Van en el Segundo Cajón Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—No saber cómo resolver algo hoy no significa que quiera renunciar a ello.

—¿Y si no cambia?

—Lo descubriremos.

—¿Durante cuánto tiempo?

—El que haga falta.

Liam negó con la cabeza.

—Eso es precisamente lo que no quiero hacerte.

Nico se tensó más.

—¿Hacerme qué?

—Dejarte esperando una vida que quizá nunca vuelva.

—Ya te he dicho que no estoy esperando.

—La echas de menos.

—Echarla de menos no es esperarla.

—Quizá para ti haya una diferencia suficiente.

—La hay.

Liam lo miró y deseó creerlo.

No pudo.

—Creo que tenemos que terminar.

Nico no se movió.

Liam oyó su propia frase después de que ya estuviera entre los dos y sintió el impulso inmediato de retirarla.

No lo hizo.

—¿Hablas en serio? —preguntó Nico.

—Sí.

La respuesta salió demasiado rápido.

Nico se dio cuenta.

—Mírame y responde otra vez.

Liam levantó los ojos.

Nico estaba herido, pero no lloraba. Tampoco parecía enfadado.

Solo esperaba.

—¿Es realmente lo que quieres?

Liam tardó.

Ese era el problema.

No quería perder a Nico.

Quería seguir despertando a su lado, discutir por cosas pequeñas, recibir mensajes en mitad del trabajo y descubrir qué harían la semana siguiente. Quería más tiempo. Quería descubrir si algún día volvería a pensar en años sin sentir que estaba imitando a otra persona.

Pero también creía que mantener a Nico allí significaba pedirle que viviera permanentemente entre una relación perdida y otra en construcción.

—Sí —respondió.

El rostro de Nico se endureció un poco.

—¿Has dejado de amarme?

La pregunta fue peor.

—No.

Nico apartó la mirada. Esta vez el dolor apareció entero.

—Entonces estás terminando conmigo porque me amas.

Liam sintió que se le cerraba la garganta.

—Estoy terminando porque creo que amar no resuelve esto.

—Y lo has decidido tú solo.

—Acabas de decir que no sabes cómo resolverlo.

—He dicho que no lo sé . No he dicho que quiera marcharme.

—Si te quedas, seguirás echando cosas de menos.

—Liam, puedo elegir quedarme aun así.

—Y yo puedo elegir no pedirte eso.

Nico volvió a mirarlo.

Durante un instante, Liam pensó que seguiría discutiendo.

Tenía motivos de sobra. Podía recordarle todo lo que se habían dicho desde el hospital, insistir en que la decisión también le pertenecía, decirle que Liam estaba repitiendo exactamente el comportamiento que criticaba en los demás: decidir lo que otra persona debería sentir.

En lugar de eso, Nico guardó silencio.

Cuando habló, su voz era más baja.

—En el hospital dije que no iba a utilizar lo que habíamos vivido para obligarte a seguir conmigo.

Liam lo recordó.

—Lo sé.

—Después dije que respondería a lo que preguntaras, pero que no intentaría convencerte de que tenías que amarme.

—Nico...

—No he terminado. —Respiró hondo—. Pensé que esa promesa significaba respetar tus decisiones cuando no recordabas quererme. No imaginé que tendría que hacerlo después de que decidieras amarme otra vez.

Liam no encontró respuesta.

—Pero sigue siendo válida —continuó Nico—. Si estás diciendo que quieres terminar, no voy a utilizar dos años de relación para convencerte de que no puedes hacerlo.

Aquello debería haberle producido algo de alivio.

Solo lo empeoró todo.

—No quería hacerte daño.

Nico soltó una breve respiración sin humor.

—Lo sé. Creo que eso también forma parte del problema.

Liam bajó los ojos.

Nico miró a su alrededor durante unos segundos. Había ropa suya en el dormitorio, objetos repartidos por la casa y cosas que había traído poco a poco durante las últimas semanas.

—Vendré otro día a recoger lo que he vuelto a traer.

Liam levantó la cabeza.

—Te avisaré antes —dijo Nico.

Liam asintió.

Nico cogió únicamente lo que necesitaba para aquella noche. Cerca de la puerta, se detuvo.

Liam deseó que se girara y dijera algo que hiciera imposible mantener aquella decisión.

Nico solo preguntó:

—¿Estás seguro?

Era la última oportunidad.

Liam sintió la respuesta equivocada en cada parte de su cuerpo.

—Sí.

Nico asintió.

—Entonces lo respetaré.

La puerta se cerró.

Liam permaneció donde estaba.

No sintió alivio.

Tampoco sintió la certeza que esperaba que acompañara a una decisión supuestamente correcta.

Solo sintió ausencia.

◆◆◆

Durante los primeros dos días, Liam intentó interpretar el dolor como una confirmación de que terminar había sido necesario.

Era obvio que lo echaría de menos. Seguía amando a Nico.

Ninguna decisión responsable venía acompañada de indiferencia solo porque la lógica detrás de ella pareciera generosa.

Al tercer día, aquella explicación empezó a resultar más difícil.

Seguía esperando mensajes que no llegaban.

Seguía viendo objetos de Nico por el apartamento y teniendo que recordar que serían retirados.

En el trabajo, tuvo ganas de mandarle una queja sobre una reunión y solo se dio cuenta cuando ya tenía el móvil en la mano.

Por la noche, todavía elegía mentalmente algo que contarle antes de recordar que ya no existía ninguna obligación de hablar.

Nico no insistió.

No pidió otra oportunidad.

No apareció.

Tampoco mandó ningún mensaje emocional intentando reabrir la conversación.

Liam había pedido una elección.

Había recibido exactamente eso.

Durante los días siguientes siguió esperando que apareciera algo de tranquilidad.

Quizá solo necesitaba tiempo para entender que había hecho lo correcto.

Nico sería libre de reorganizar su propia vida sin tener que comparar presente y pasado.

Liam podría dejar de sentir que competía con un hombre que no conseguía recordar haber sido.

Nada de aquello le trajo paz.

Seguía amando a Nico.

A veces la conclusión parecía tan sencilla que Liam se enfadaba consigo mismo por haberla convertido en una razón para separarlos. Después recordaba la expresión de Nico cuando hablaba de la facilidad perdida, los gestos que reconocía, las cosas que quizá echaría de menos durante muchos años.

Entonces se repetía que aquel era el precio.

No de haber dejado de amar.

De haber amado lo suficiente como para no atar a Nico a una vida dividida.

Fue casi una semana después cuando llegó el mensaje. Liam estaba trabajando cuando vio el nombre en la pantalla.

Lo abrió inmediatamente.

Necesito recoger el resto de mis cosas. ¿Puedo ir el jueves después de las siete, si te viene bien?

Ningún «hola». Ninguna pregunta sobre cómo estaba. Ningún intento de prolongar la conversación.

Estrictamente práctico.

Liam se quedó mirando el mensaje demasiado tiempo.

Podía responder que no había prisa. Podía sugerir otro día. Podía preguntar si Nico estaba bien.

Nada de eso cambiaría lo que había decidido.

Escribió:

Sí. Estaré en casa.

La respuesta llegó pocos minutos después.

Vale.

Eso fue todo.

Liam dejó el móvil sobre la mesa e intentó volver al trabajo.