Capítulo 15
D urante los días siguientes, Liam empezó a percibir diferencias que probablemente ya llevaban semanas allí. El problema era que ahora las buscaba.
No había ninguna incompatibilidad concreta entre él y Nico.
Seguían despertándose bien juntos, yendo a trabajar, intercambiando mensajes durante el día y encontrando maneras de compartir el apartamento sin grandes conflictos.
Liam seguía riéndose con las mismas provocaciones, seguía disfrutando de esperar a que Nico llegara y seguía echándolo de menos cuando sus horarios no coincidían.
Nada había cambiado en la relación desde la noche en que le había dicho que lo amaba.
Lo que había cambiado era la forma en que Liam observaba.
Cuando Nico mencionaba algo sobre el futuro, Liam empezaba a medir la distancia entre aquello y las anotaciones que había encontrado en los documentos de la boda.
Cuando tomaban una decisión sencilla para la semana siguiente, recordaba que el hombre de los veinte meses borrados había planeado años.
Cuando Nico hablaba de algún hábito antiguo sin importancia, Liam se preguntaba cuántos otros seguían escondidos detrás de lo que conocía ahora.
Incluso los buenos momentos empezaron a adquirir una segunda capa.
Podían pasar una noche entera juntos y Liam terminaba preguntándose si Nico consideraba aquella facilidad comparable con la que habían tenido antes del accidente.
Sabía que estaba haciendo aquello.
No conseguía parar.
Nico también lo notó, aunque tardó unos días en comentarlo.
—Me estás observando otra vez —dijo una noche.
Liam apartó los ojos del libro que en realidad no estaba leyendo.
—Estoy sentado al otro lado del salón. Es difícil no mirarte en algún momento.
—No me refería a eso.
Nico cerró el portátil y esperó.
Liam podía cambiar de tema. Lo había hecho dos veces durante los últimos días cuando casi habían llegado a la misma conversación. Esta vez dejó el libro.
—¿Todavía esperas que todo vuelva a ser como antes?
Nico no respondió de inmediato.
—¿Todo qué?
—Nosotros.
—No.
La respuesta rápida no tranquilizó a Liam.
—¿Ni siquiera una parte?
Nico dejó el portátil a un lado.
—Eso es diferente.
—Entonces sí hay una parte.
—Hay una diferencia entre esperar que todo vuelva y echar de menos cosas que existían.
Liam sintió cómo aumentaba la tensión antes incluso de que la conversación empezara de verdad.
—Si mis recuerdos nunca vuelven, ¿vas a echarlos de menos para siempre?
Nico sostuvo su mirada. Liam percibió el momento en que podría haber elegido una respuesta cómoda y decidió no hacerlo.
—Algunas cosas, probablemente sí.
Liam asintió despacio.
Era la respuesta que temía.
También era la única que habría podido creer.
—¿Durante cuánto tiempo?
—No lo sé.
—¿Años?
—Quizá.
—¿Para siempre?
Nico se pasó una mano por la nuca.
—Liam, no puedo responder eso.
—Pero crees que es posible.
—Creo que es posible echar de menos algunas partes de nuestra vida y, al mismo tiempo, ser feliz con lo que tenemos ahora.
Liam apartó la mirada.
—No entiendo cómo pueden caber las dos cosas juntas.
—Caben porque una no borra la otra.
—Para ti.
—Para cualquiera. —Nico respiró hondo—. Puedo disfrutar de lo que estamos construyendo y seguir recordando lo que existía. El accidente se llevó tus recuerdos. No se llevó los míos.
Liam lo sabía.
Se lo había repetido a sí mismo desde el encuentro en casa de Maya. Había ido hasta casa de Daniel precisamente porque había llegado a la conclusión de que la memoria de Nico no tenía que ser una amenaza.
Pero la certeza que había tenido aquella noche empezaba a parecer más difícil cuando pensaba en el futuro.
—Cuando me miras, ¿todavía ves cosas de aquel Liam?
Nico frunció el ceño.
—No voy a entrar otra vez en esa idea de «aquel Liam».
—Responde a la pregunta.
—A veces reconozco cosas que hacías antes.
—¿Qué?
Nico tardó.
—Expresiones. Algunos gestos. Formas de reaccionar. Sigues haciendo ciertas cosas cuando estás irritado, sigues moviendo la boca de una manera específica cuando intentas no reírte y a veces utilizas exactamente el mismo tono cuando crees que alguien acaba de decir una estupidez.
Liam se quedó inmóvil.
—Entonces las buscas.
—No.
—Acabas de hacer una lista.
—Porque me lo has preguntado.
—Pero te das cuenta.
—Claro que me doy cuenta. —La paciencia de Nico empezó a disminuir—. Pasé casi dos años contigo. No existe ningún botón que haga que deje de reconocer tu cara, tu voz o tus gestos solo porque tú no recuerdes ese período.
—¿Y cuando reconoces algo, qué sientes?
Nico cerró los ojos durante un instante.
—A veces nada. A veces me hace gracia. A veces lo echo de menos.
La última frase bastó.
—¿Me echas de menos a mí o a él?
Nico abrió los ojos.
—A ti.
—Sabes que no es eso lo que estoy preguntando.
—Y tú sabes que no acepto esa división.
Liam se levantó, más porque necesitaba moverse que porque quisiera terminar la conversación.
—Para ti es sencillo porque recuerdas la continuidad.
—No es sencillo para mí.
—Sabes quién era yo ayer, hace seis meses, hace un año. Todo forma una secuencia. Para mí hay un agujero. Despierto siendo una persona, todo el mundo me cuenta que me convertí en otra y después espera que acepte que no existe ninguna diferencia entre las dos.
—Nadie te está pidiendo eso.
—Acabas de decir que encuentras cosas de él en mí.
Nico se levantó también.
—Porque eras tú .
—Yo no lo recuerdo.
—Sé que no lo recuerdas.
—Entonces deja de hablar como si eso no hiciera ninguna diferencia.
La irritación de Nico apareció por fin.
—He pasado semanas midiendo cada palabra para no hacerte sentir que necesitabas recuperar nada.
Me fui de mi casa. Dejé de tocarte. Respondí solo a lo que preguntabas.
Aprendí a preguntar antes de hacer cosas que entre nosotros nunca habían necesitado una pregunta.
Acepté terminar un compromiso que todavía significaba todo para mí porque entendí que no significaba lo mismo para ti.
Y aun así parece que cualquier recuerdo mío se convierte en una prueba de que estoy esperando que aparezca otra persona.
Liam guardó silencio.
Nico respiró hondo, pero no retrocedió.
—No voy a pedir disculpas por recordarte.
La frase golpeó exactamente donde tenía que hacerlo.
Liam apartó la mirada.
—No te estoy pidiendo que lo hagas.
—Te estás acercando mucho. —Nico se pasó una mano por el rostro—. No puedo convertir mis recuerdos en un defecto moral porque tú no tengas acceso a los tuyos. Yo no elegí seguir recordando.
—Lo sé.
—Entonces deja de tratar lo que echo de menos como algo que estoy haciendo contra ti.
Liam asintió despacio.
—Tienes razón.
Nico pareció sorprendido por la facilidad de la respuesta.
—Pero eso no lo resuelve.
La irritación de su rostro disminuyó un poco.
—¿Qué crees que hay que resolver?
Liam tardó en responder porque la conclusión llevaba días formándose y seguía pareciendo demasiado terrible al convertirla en palabras.
—Creo que mereces no tener que vivir entre esas dos cosas para siempre.
Nico frunció el ceño.
—No decidas lo que merezco.
—No estoy intentando decidir por ti.
—Estás empezando exactamente así.
—Estoy mirando lo que está ocurriendo. —Liam intentó mantener la voz estable—.
Tienes que aprender quién soy ahora y, al mismo tiempo, cargas con toda una vida conmigo que yo no puedo compartir.
Cada vez que algo te recuerda el pasado, tienes que decidir si hablar de ello.
Si lo haces, corres el riesgo de hacerme daño.
Si no lo haces, sientes que estás ocultando parte de tu propia vida.
—Ese es mi problema y yo decido cómo gestionarlo.
—Y yo soy la causa.
—El accidente es la causa.
—Para ti da lo mismo cuando me miras.
Nico negó con la cabeza.
—No.
—No me echas de menos a mí. Lo echas de menos a él.
El silencio que siguió fue peor que cualquier respuesta inmediata.
Nico simplemente se quedó mirándolo. La rabia desapareció primero. Lo que quedó dolió más.
—No hagas esto —dijo finalmente.
Liam apretó la mandíbula.
—Es lo que parece.
—Para ti. No para mí.
—Porque tú puedes unir a las dos personas.
—Porque nunca fueron dos personas. —Nico se acercó un poco—.
El hombre que tenía miedo de contárselo a su padre eras tú.
El que se lo contó de todas formas eras tú.
El que me conoció, discutió conmigo, se mudó conmigo y me pidió matrimonio eras tú.
El hombre que despertó en el hospital sin recordar nada también eres tú.
El que después me invitó a cenar, me besó primero, terminó nuestro compromiso y me llamó novio eres tú.
No estoy cambiando a una persona por otra cada vez que algo cambia.
—Yo sí.
Nico se detuvo.
Liam sintió cómo se debilitaba su propia voz.
—Para mí existen dos. Uno de ellos vivió veinte meses que yo nunca viví conscientemente.
Hizo cosas que solo conozco porque alguien me las contó.
Tomó decisiones que no consigo sentir como mías.
Planeó toda una vida contigo. —Liam respiró hondo—.
Y yo estoy aquí intentando construir algo mientras tú ya sabes cómo es llegar mucho más lejos conmigo.
—No te estoy exigiendo que llegues hasta allí.
—No hace falta.
—Entonces, ¿cuál es el problema?
—Sé que existe.
Nico se pasó una mano por la nuca.
—Existe un pasado en cualquier relación.
—No de esta manera.
—No, de esta manera no. —Su voz se volvió cansada—. Y no sé cómo resolverlo.
Liam se quedó inmóvil.
Durante toda la conversación, una parte de él seguía esperando que Nico encontrara una respuesta. Alguna formulación que hiciera posible echar de menos algo sin que Liam se sintiera un sustituto. Alguna certeza que demostrara que ninguno de los dos acabaría atrapado en aquel desequilibrio.
Nico no la encontró.
Y aquella honestidad destrozó a Liam más de lo que lo habría hecho una promesa vacía.
—Entonces quizá estamos intentando hacer funcionar algo que no puede funcionar.
La expresión de Nico cambió.
—No.
—Acabas de decir que no sabes cómo resolverlo.